El debut cinematográfico de Wanda Nara generó expectativas, polémicas y una fuerte repercusión mediática, pero su desempeño en las salas argentinas fue perdiendo impulso en el transcurso del fin de semana. “¿Querés ser mi hijo?”, la película protagonizada por la empresaria y conductora, cerró sus primeros cuatro días de exhibición con 13.794 espectadores en 163 salas de todo el país, una cifra cercana a las 14 mil entradas vendidas que la ubicó finalmente en el quinto puesto de la taquilla nacional. El resultado llegó después de un arranque prometedor que había colocado a la producción entre las tres más vistas del jueves y viernes.
Según los datos difundidos por el sitio especializado Otros Cines, la película convocó a 2.073 espectadores el jueves 22 de octubre y a 2.548 el viernes 23. El sábado registró su mejor jornada, con 4.798 entradas vendidas, aunque retrocedió al cuarto lugar de la clasificación. El domingo sumó otros 4.375 espectadores y descendió una posición más, hasta quedar quinta. Por delante se ubicaron “BTS World Tour ‘Arirang’ in Buenos Aires”, con 41.292 espectadores; “Clayface”, con 35.193; “Madre siniestra”, con 22.164; y “El corazón de la bestia”, con 13.846. La escasa diferencia con esta última producción dejó a Wanda a apenas 52 entradas del cuarto puesto.
La comedia romántica, cuyo principal atractivo comercial es la presencia de Nara en su primer papel protagónico en cine, llegó acompañada por una intensa exposición mediática y opiniones divididas. Pero el resultado también abre un interrogante sobre el poder real de las redes sociales y la distancia entre la popularidad digital y la capacidad de convocatoria fuera de las pantallas de los celulares.
Wanda acumula alrededor de 17 millones de seguidores en Instagram y cuenta con un verdadero ejército de fanáticos que la defienden a ultranza en cada polémica. Sin embargo, ese respaldo multitudinario en las plataformas no se tradujo en una respuesta equivalente en las boleterías.
El contraste invita a reflexionar sobre una influencia que puede resultar enorme en términos de visibilidad, comentarios y tendencias, pero bastante más limitada cuando se trata de movilizar al público para comprar una entrada.
Más allá de las controversias, el comportamiento de la taquilla dejó un balance con matices. Si bien la película consiguió instalarse entre las cinco más vistas del país, su presencia en 163 salas y un promedio de apenas 85 espectadores por pantalla durante los cuatro días reflejan una convocatoria moderada para la amplitud de su lanzamiento.
El descenso en el ranking, incluso durante las jornadas de mayor concurrencia a los cines, también puso en evidencia las dificultades para competir con otras propuestas.
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