La lasaña es una de las preparaciones más emblemáticas de la gastronomía italiana y, con el paso del tiempo, logró instalarse en las mesas de todo el mundo. En sus orígenes era una receta sencilla, pensada para aprovechar los ingredientes disponibles y alimentar a muchas personas mediante sucesivas capas de pasta y relleno.
Con el correr de los años aparecieron múltiples variantes. Entre ellas, la de espinaca y queso se convirtió en una de las favoritas para quienes buscan una alternativa sin carne, sin resignar sabor ni textura. La combinación de espinaca salteada, queso fresco, una bechamel bien cremosa y una generosa capa de queso gratinado ofrece un equilibrio perfecto entre suavidad e intensidad.
Además de ser una receta rendidora, tiene otra gran ventaja: puede prepararse con anticipación y hornearse al momento de servir, lo que la convierte en una excelente opción para reuniones familiares o almuerzos de fin de semana.
INGREDIENTES
800 g de espinacas
250 g de queso fresco
6 láminas de pasta para lasaña precocidas
120 g de queso rallado
1 vaso de leche
4 cucharadas de harina
4 cucharadas de manteca
Sal, a gusto
Pimienta negra, a gusto
Nuez moscada
1 cucharadita de aceite de oliva
PASO A PASO
1Comenzar cocinando las espinacas en abundante agua hasta que se ablanden. Escurrirlas muy bien para eliminar el exceso de líquido y reservar. Mientras tanto, cortar el queso fresco en porciones o cubos pequeños.
2En una sartén calentar el aceite de oliva e incorporar las espinacas ya escurridas. Condimentar con sal, pimienta y una pizca de nuez moscada. Cocinar durante unos cinco minutos para que pierdan la humedad restante y concentren su sabor.
3Para preparar la salsa bechamel, colocar en una olla la leche, la harina, la manteca, la sal y una pizca de nuez moscada. Cocinar a fuego medio, revolviendo constantemente durante aproximadamente diez minutos, hasta obtener una salsa cremosa y ligeramente espesa, sin grumos.
4Con todos los ingredientes listos, comenzar el armado. Cubrir el fondo de una fuente apta para horno con una fina capa de bechamel para evitar que la pasta se adhiera.
5Disponer una primera capa de placas de lasaña y cubrir con la mitad de las espinacas. Agregar una parte de la salsa bechamel y distribuir la mitad del queso fresco. Repetir el procedimiento con una segunda capa de pasta, el resto de las espinacas, más bechamel y el queso restante.
6Finalizar con una última capa de pasta, cubrir completamente con la salsa bechamel restante y terminar con abundante queso rallado para lograr un gratinado dorado y crocante.
7Llevar a horno precalentado a 180 °C durante 30 a 35 minutos, hasta que la superficie esté bien dorada y burbujeante. Antes de servir, dejar reposar la preparación unos minutos para que las capas se asienten y sea más fácil cortarla.
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