TEMAS DE HOY:
PUBLICIDAD

Mostacholes gratinados: una costra dorada y un corazón cremoso para tentar a todos

Con salsa de tomate, un toque de crema y dos quesos, esta receta transforma una pasta cotidiana en un plato irresistible. Algunas claves para que salgan perfectos

Por Redacción

Hay platos que conquistan antes del primer bocado. Una fuente de mostacholes recién salida del horno, con el queso burbujeante y una superficie dorada, tiene ese poder. Debajo del gratinado, la pasta se mezcla con una salsa suave de tomate y crema, mientras el queso cremoso aporta una textura fundente.

Es una receta de pocos pasos, ideal para resolver una comida familiar y tentar también a los más chicos. El secreto está en cuidar la cocción de los fideos y dejar que el horno haga el resto: concentrar los sabores y formar esa cubierta que invita a llevar la fuente directamente a la mesa.

La combinación también tiene un atractivo juego de contrastes. El tomate aporta una acidez suave; la crema redondea la salsa y el parmesano suma un sabor más intenso. Sobre esa base, el queso cremoso se derrite entre los fideos y convierte cada porción en una mezcla untuosa, con pequeños sectores tostados en la superficie.

UNA PASTA QUE ABRAZA LA SALSA

La forma tubular de los mostacholes permite que la salsa se aloje en su interior. Si tienen la superficie rayada, también se adhiere entre sus surcos, de modo que cada bocado reúne pasta, tomate y queso.

Para esta preparación conviene retirarlos del agua al dente, porque terminarán de cocinarse en el horno. Así conservan su textura y no se ablandan demasiado durante el gratinado.

Otro detalle es evitar que la salsa quede excesivamente espesa antes de mezclarla con la pasta. Durante el horneado perderá parte de su humedad, por lo que debe llegar a la fuente con una consistencia que permita envolver los mostacholes. Si hace falta, unas cucharadas del agua de cocción ayudan a aflojarla.

INGREDIENTES

(Para cuatro porciones)

❑ 1 lata de tomates al natural o 2 tomates blanqueados y pelados.

❑ 1 cucharadita de azúcar.

❑ Aceite de oliva, cantidad necesaria.

❑ 2 dientes de ajo.

❑ 300 cc de puré de tomate.

❑ 50 cc de crema.

❑ ½ paquete de mostacholes.

❑ 30 g de manteca.

❑ 200 g de queso cremoso.

❑ 1 taza de queso parmesano rallado.

❑ Sal y pimienta, a gusto.

PREPARACIÓN

1 Preparar la salsa: calentar un poco de aceite de oliva en una sartén y dorar suavemente los dientes de ajo cortados en láminas. Incorporar los tomates pelados y picados, el puré de tomate, la crema y el azúcar. Condimentar con sal y pimienta. Cuando la mezcla rompa el hervor, bajar el fuego y cocinar durante 10 minutos.

2 Cocinar la pasta: hervir los mostacholes en abundante agua con sal hasta que estén al dente. Colarlos y mezclarlos con la salsa para que queden bien impregnados.

3 Armar la fuente: enmantecar una fuente apta para horno y distribuir en la base parte del queso cremoso cortado en cubos. Agregar la pasta con su salsa y cubrir con el parmesano rallado y el resto del queso cremoso.

4 Gratinar: llevar a horno fuerte hasta que los quesos se derritan y la superficie tome un color dorado. Servir caliente, cuando el interior todavía conserva toda su cremosidad.

La fuente debe entrar con el horno ya caliente. Como la pasta y la salsa están cocidas, el objetivo es fundir los quesos y dorar la cubierta. Conviene vigilar ese tramo final para evitar que la superficie se queme o que los bordes se resequen. Una breve pausa fuera del horno permite que la preparación se asiente y facilita servir las porciones.

PEQUEÑOS DETALLES QUE SUMAN SABOR

El parmesano aporta intensidad y una cubierta sabrosa, aunque puede reemplazarse por un queso rallado más económico.

Para darle otra profundidad a la salsa, una variante consiste en asar previamente los tomates durante unos 15 minutos, con un poco de sal, azúcar y unas gotas de aceto balsámico. Ese paso concentra su sabor y suma un matiz agridulce que combina con la suavidad de la crema y los quesos.

Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE a esta promo especial
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Registrate gratis para seguir leyendo

Ya leíste varias notas de El Día. Creá tu cuenta gratuita y seguí accediendo al contenido del diario.

¿Ya tenés cuenta? Ingresar

Has alcanzado el límite de notas gratuitas

Suscribite a uno de nuestros planes digitales y seguí disfrutando todo el contenido de El Día sin restricciones.

Básico Promocional mensual

$570/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Suscribirme

Full Promocional mensual

$740/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Acceso a la versión PDF

Beneficios Club El Día

Suscribirme

ESTA NOTA ES EXCLUSIVA PARA SUSCRIPTORES

Para disfrutar este artículo, análisis y más, por favor, suscríbase a uno de nuestros planes digitales

¿Ya tiene suscripción? Ingresar

Básico Promocional mensual

$570/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Suscribirme

Full Promocional mensual

$740/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Acceso a la versión PDF

Beneficios Club El Día

Suscribirme
PUBLICIDAD
' + '

' + safeMsg + '

' + '' + ''; function close() { overlay.classList.remove('qp-visible'); setTimeout(function () { overlay.parentNode && overlay.parentNode.removeChild(overlay); }, 200); } overlay.querySelector('.qp-modal-btn').addEventListener('click', close); overlay.addEventListener('click', function (e) { if (e.target === overlay) close(); }); document.addEventListener('keydown', function onKey(e) { if (e.key === 'Escape') { close(); document.removeEventListener('keydown', onKey); } }); document.body.appendChild(overlay); // Trigger reflow for transition overlay.offsetHeight; overlay.classList.add('qp-visible'); } if (document.readyState === 'loading') { document.addEventListener('DOMContentLoaded', show); } else { show(); } } catch (e) { /* fail silently */ } })();