En el asado, el orden de los factores sí altera el resultado. No alcanza con comprar una buena carne, conseguir achuras frescas y encender un buen fuego: saber qué poner primero sobre los fierros y qué incorporar después resulta fundamental para que cada pieza llegue a la mesa en su mejor momento.
El error más frecuente es cargar toda la parrilla al mismo tiempo. Chinchulines, mollejas, chorizos y morcillas necesitan cocciones muy diferentes y la carne principal también tiene sus propios tiempos. Una mala organización puede terminar con achuras secas mientras todavía se espera el vacío o, en el extremo contrario, con todos sentados y la carne aún lejos de su punto.
Entonces, ¿qué va primero en la parrilla? Si el menú incluye vacío fino o costillitas, chinchulines, mollejas, chorizos y morcillas, hay un orden que permite manejar mejor el fuego y servir cada preparación cuando corresponde.
PRIMERO, LOS CHINCHULINES Y LA CARNE
Los primeros lugares sobre la parrilla deben reservarse para las piezas que necesitan una cocción larga: los chinchulines y la carne principal.
Aunque sean finos, los chinchulines no son una achura para hacer vuelta y vuelta. Se calcula entre 30 y 40 minutos por lado, preferentemente con fuego indirecto.
La paciencia permite que queden dorados y crocantes por fuera, pero tiernos por dentro. Si se los expone desde el comienzo a un calor excesivo, existe el riesgo de quemarlos antes de completar la cocción.
Junto con ellos pueden entrar el vacío fino o las costillitas. En el caso del vacío, conviene empezar por el lado de la grasa y mantener un fuego moderado.
Si el objetivo es sentarse a comer alrededor de las 13.30, tanto la carne como los chinchulines pueden llegar a la parrilla cerca de las 11.45, después de haber encendido el fuego unos 45 minutos antes.
SEGUNDO TURNO: LAS MOLLEJAS
Después de unos 20 minutos llega el momento de sumar las mollejas.
Su cocción busca un equilibrio: deben formar una superficie bien dorada y ligeramente crocante sin perder la textura tierna y jugosa del interior.
Más que seguir estrictamente el reloj, hay que prestar atención al tamaño de cada pieza. Cuando una cara esté bien marcada, se las puede girar para completar el dorado.
En un asado pensado para servir la carne a las 13.30, las mollejas podrían incorporarse aproximadamente a las 12.
TERCEROS, LOS CHORIZOS
Los chorizos necesitan bastante menos tiempo, por lo que deben llegar a la parrilla cuando los chinchulines y las mollejas ya están avanzados.
Según su tamaño, pueden requerir alrededor de 10 minutos por lado. La salchicha parrillera suele estar lista algo antes, con aproximadamente ocho minutos de cada lado.
Si se busca un chorizo mariposa bien dorado, puede abrirse hacia el final y dejarse unos minutos sobre los fierros para aumentar la superficie tostada.
Para un almuerzo previsto a las 13.30, un buen momento para incorporarlos es alrededor de las 12.20.
LAS MORCILLAS, SIEMPRE AL FINAL
Si los chinchulines están entre los primeros, las morcillas ocupan exactamente el extremo contrario del orden.
No necesitan una cocción prolongada porque ya están cocidas. El objetivo es simplemente calentarlas sin provocar que la piel se rompa y el relleno termine sobre las brasas.
Paiva estima que con unos cinco minutos por lado es suficiente. Una señal sencilla está en los extremos: cuando el relleno comienza a asomarse por las puntas, es momento de retirarlas.
Se recomienda servirlas inmediatamente junto con los chorizos para abrir el asado.
Por eso pueden sumarse cerca de las 12.35, apenas unos minutos antes de comenzar a llevar las primeras achuras a la mesa.
EL ORDEN TAMBIÉN DEPENDE DE LAS BRASAS
Saber qué poner primero no alcanza si todas las piezas reciben exactamente la misma intensidad de fuego.
Una parrilla bien administrada puede tener distintas zonas de temperatura. La carne y los chinchulines pueden mantenerse sobre un calor moderado, mientras que las mollejas pueden pasar durante algunos minutos por un sector más intenso para conseguir el dorado final.
También conviene conservar brasas de reserva. Así se puede alimentar progresivamente la parrilla sin tener que recurrir a una gran cantidad de calor sobre el final para intentar recuperar tiempo perdido.
PRIMERO LAS ACHURAS A LA MESA, DESPUÉS LA CARNE
El orden de entrada a la parrilla también permite organizar la salida.
Si los tiempos se calcularon correctamente, alrededor de las 12.45 deberían estar listas las primeras achuras. Chinchulines, mollejas, chorizos y morcillas pueden servirse en pequeñas tandas, recién retirados del fuego.
Limón para los chinchulines, chimichurri, pan y algún choripán permiten iniciar el almuerzo mientras el vacío o las costillitas completan su cocción.
De esta manera, las achuras cumplen naturalmente el papel de entrada y evitan que los comensales tengan que esperar a que todo el menú esté terminado para empezar a comer.
EL ÚLTIMO PASO: CONTROLAR EL PUNTO DE LA CARNE
Con las achuras fuera de la parrilla, toda la atención puede concentrarse en la carne.
A partir de las 13, conviene controlar especialmente el punto, mover las brasas y desplazar las piezas hacia zonas menos calientes si avanzan demasiado rápido.
Unos cinco minutos antes de llevarla a la mesa, la carne puede retirarse y dejarse reposar brevemente antes de cortarla. Ese pequeño descanso ayuda a conservar sus jugos.
Así, para las 13.30, el plato principal debería estar listo.
LA REGLA PARA RECORDAR QUÉ VA PRIMERO
Más allá de los horarios, existe una regla sencilla para ordenar cualquier parrilla: primero van las piezas que necesitan más tiempo y al final las que solamente requieren unos minutos de calor.
En un asado clásico, el esquema queda claro: carne y chinchulines primero; después mollejas; más tarde chorizos y, finalmente, morcillas.
El grosor de los cortes, la cantidad de brasas y el punto elegido pueden modificar los minutos. Pero respetar esa secuencia permite cocinar sin apuros, servir las achuras calientes y conseguir que la carne llegue a la mesa justo cuando todos están preparados para disfrutarla.
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