Desenvolverse en el cotidiano se ha transformado en mucho más que un desafío para los adultos mayores. Las nuevas tecnologías al alcance de todos como los smartphones (teléfonos inteligentes) y las Apps (aplicaciones) pasaron a ser en el último tiempo el medio ideal de las dependencias del Estado y de las empresas para resolver los asuntos del día a día de sus usuarios. Hacer una transacción bancaria, sacar un turno para el médico o gestionar una receta para un fármaco -simples ejemplos del predominio de este nuevo entorno tecnológico- por la vía virtual pueden volverse un dolor de cabeza para quienes no tienen un familiar más joven o un vecino que los ayude con el trámite.
Por estos días, en las redes sociales se hizo viral una reflexión que plantea esa situación de brecha digital en relación a las personas más adultas y el uso de las nuevas tecnologías. El mensaje en circulación descarta que estos nuevos recursos digitales, más familiarizado con las generaciones jóvenes (nativos digitales y migrantes digitales), acerquen soluciones a aquellos usuarios que a lo largo de su vida resolvieron sus asuntos en el cara a cara con otras personas. En una afirmación más contundente, refiere a un sistema de exclusión de estos sectores de mayor edad.
"Una sociedad que obliga a un anciano a usar un smartphone para acceder a sus derechos, no es moderna, es excluyente: ha decidido liberarse de sus padres", es la tesis que sostiene el texto que vislumbra una brecha digital en este caso relacionada a los adultos mayores.
Según argumenta, "en el 2026 todo ha llegado a ser una App, un código, un portal. Pero quien construyó el país con sus manos, hoy es un analfabeto en su propia casa". Al respecto, afirma que "si para pactar un turno o pagar una boleta necesita que lo ayude un hijo o un sobrino -si lo tiene- el sistema ha fracasado. No es innovación, es exclusión".
Desde una perspectiva inclusiva enuncia que "la tecnología tiene que ayudar a todos, no seleccionar quién tiene derecho a la dignidad".
Por último, alerta sobre el avance indiscriminado de esta problemática de la exclusión tecnológica en la sociedad. "Si dejamos atrasado al que nos ha precedido, no estamos progresando: sólo estamos siendo más cómodos y egoístas", advierte.
Los adultos platenses y el problema del acceso a la tecnología
En La Plata, un estudio de la organización local Red Mayor puso la problemática bajo la lupa. "Uno de los principales problemas detectados es la dificultad para acceder a la tecnología, justamente por parte de las instituciones que están dedicadas a su atención como ANSES, el IPS, obras sociales, bancos, y más", dijo la presidenta Silvia Gascón.
Muchos de los adultos ni siquiera piden atención personalizada en la oficina física, con un llamado bastaría, pero hablar con un operador se volvió casi imposible. “Llaman y te van pasando de línea a línea y nunca logras hablar con una persona. Esto hace que las personas mayores cada vez se sientan más retraídos”, describió la especialista en gerontología y detalló: “De tecnología la gente grande básicamente sabe utilizar WhatsApp y Facebook y ninguno de estos dos dispositivos le permiten manejarse fácilmente con los requerimientos que hacen las instituciones como los formularios online, por ejemplo”.
En ese sentido sentenció: “Los bancos aparecen como el principal enemigo de las personas mayores. No se preocupan por las dificultades que tienen, del miedo que tienen a veces en utilizar los cajeros automáticos, por ejemplo, lo que hace que retiren todo el dinero de una vez y se exponen así a los peligros de la inseguridad”.
La solución para esto sería la “educación permanente”, planteó: “Un concepto que implica que uno aprende a lo largo de toda la vida y en distintos lugares, se aprende en la casa, se aprende en el trabajo, se aprende en cursos, se aprende en cualquier lugar. Entonces, es imprescindible que se desarrollen paralelamente con esta inclusión de nuevas tecnologías, actividades de capacitación adaptadas a personas mayores para que puedan ir sumándose y seguir incluidas”.
Es que para poder envejecer con dignidad o tener un “envejecimiento activo” hay que lograr garantizar ciertos pilares como el “acceso a la salud, seguridad económica y participación social. Y en los últimos años a estos se les sumó la educación permanente, porque para poder estar incluidos es necesario seguir aprendiendo”, explicó Gascón.
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