La Estación Espacial Internacional (EEI) volvió a enfrentar un problema que preocupa desde hace años a las agencias espaciales. Una nueva fuga de aire detectada en un módulo ruso obligó a activar un protocolo de seguridad reforzado que llevó a cinco astronautas a refugiarse temporalmente en una cápsula Dragon mientras se realizaban tareas de reparación.
La medida fue adoptada como precaución mientras dos cosmonautas de la agencia espacial rusa Roscosmos inspeccionaban el sector afectado y evaluaban la magnitud de las filtraciones. Tras analizar los datos obtenidos, la NASA autorizó el regreso de los tripulantes a sus actividades habituales.
“Querían ser extremadamente cuidadosos y aplicar medidas de precaución adicionales”, explicó un portavoz de la agencia estadounidense al justificar la activación del procedimiento de resguardo.
Según informó Roscosmos, el problema se detectó al presurizar el túnel de transferencia conocido como PrK. Durante una inspección, los cosmonautas identificaron dos posibles puntos de fuga de aire.
El primero fue sellado de inmediato mediante la aplicación de un compuesto especial denominado Germetall-1. El segundo se encuentra en la parte cónica del módulo y continuaba siendo evaluado para su reparación.
La portavoz de la NASA, Bethany Stevens, recordó que ese sector de la estación registra grietas y pérdidas de aire desde hace tiempo. Las nuevas filtraciones detectadas llevaron a la agencia rusa a realizar una intervención más amplia para intentar solucionar el problema.
Por qué una fuga de aire preocupa tanto
Aunque el incidente no puso en peligro inmediato a la tripulación, las fugas de aire son consideradas uno de los riesgos más importantes para la operación de la EEI.
Un informe de la Oficina del Inspector General de la NASA difundido en 2024 calificó las grietas y filtraciones registradas en el módulo ruso Zvezda como un problema de riesgo “máximo” para la seguridad de la estación. La preocupación radica en que la velocidad de pérdida de aire ha aumentado con el tiempo y todavía existen diferencias entre expertos sobre el punto exacto en el que una fuga podría comprometer la habitabilidad del complejo orbital.
La principal amenaza es la pérdida progresiva de presión interna y de atmósfera respirable. Si una fuga creciera o no pudiera ser controlada, podría afectar la capacidad de la estación para mantener condiciones seguras para los astronautas.
Por ese motivo, la cápsula Dragon donde se refugiaron los tripulantes funciona como un verdadero “bote salvavidas” espacial, preparado para evacuar rápidamente a la tripulación en caso de emergencia.
Se acerca al final de su vida útil
La Estación Espacial Internacional orbita a unos 400 kilómetros de la Tierra y permanece habitada de manera ininterrumpida desde el año 2000. En ella conviven astronautas y cosmonautas de distintos países que realizan investigaciones científicas y pruebas tecnológicas en condiciones de microgravedad.
Con una extensión comparable a la de un campo de fútbol, la EEI es además uno de los pocos proyectos de cooperación internacional que se mantienen entre Rusia y los países occidentales pese a las tensiones geopolíticas surgidas tras la invasión rusa de Ucrania en 2022.
Sin embargo, la estación ya transita los últimos años de su vida operativa. Las agencias espaciales tienen previsto retirarla de servicio en 2030, aunque incidentes como las recurrentes fugas en algunos de sus módulos reflejan los desafíos de mantener en funcionamiento una estructura que lleva más de dos décadas en órbita.
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