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ACV en menores de 50 años: preocupación por el crecimiento de casos

Estudios advierten sobre la presencia de accidentes cerebrovasculares en adultos jóvenes. La hipertensión, el tabaquismo, la obesidad y otras enfermedades aparecen entre los principales factores de riesgo. Detalles 

Por Redacción

Los accidentes cerebrovasculares (ACV), tradicionalmente asociados con personas de edad avanzada, representan también un problema de salud entre los menores de 50 años. Investigaciones internacionales identificaron un incremento de su incidencia en determinados grupos de adultos jóvenes, mientras que especialistas argentinos advierten que cada vez atienden más pacientes de estas edades.

Aunque la mayoría de los episodios continúa concentrándose en adultos mayores, los estudios realizados en Argentina muestran que una proporción de los afectados tiene entre 18 y 50 años. La hipertensión arterial, el tabaquismo, la obesidad, el colesterol elevado y la diabetes aparecen entre los antecedentes más frecuentes.

Sin embargo, existe una diferencia entre la evidencia internacional y la disponible en el país: Argentina cuenta con investigaciones que describen los ACV en jóvenes, pero no se identificó una serie nacional de incidencia por edad que permita cuantificar cuánto aumentaron los casos en los últimos años. Esta limitación impide establecer con precisión la magnitud de la tendencia local.

Qué dicen los estudios

Uno de los trabajos más importantes realizados en Argentina es el registro multicéntrico JACARANDA, que analizó 18.934 pacientes con ACV isquémico atendidos en 26 centros médicos entre 2015 y 2023. De ese total, 1.422 tenían entre 18 y 50 años, equivalentes al 7,5% de los casos estudiados.

La investigación, publicada en el International Journal of Stroke, estableció que aproximadamente uno de cada 13 pacientes incluidos en el registro pertenecía a ese grupo etario. La mediana de edad fue de 43 años y alrededor del 54% eran hombres. Estos resultados permiten conocer el perfil de los afectados, aunque no demuestran por sí mismos un incremento de la incidencia a lo largo del período.

Otra investigación argentina, denominada AISYF, reunió inicialmente a 311 pacientes de entre 18 y 55 años procedentes de 22 centros de salud. Su análisis final incluyó a 293 personas, con una edad promedio de 43,3 años, y permitió identificar tanto factores de riesgo tradicionales como causas menos frecuentes de enfermedad cerebrovascular.

En el plano internacional, investigaciones epidemiológicas detectaron aumentos de incidencia en adultos jóvenes en distintos países. Un estudio estadounidense registró un incremento de 33,9 a 62,2 primeros ACV por cada 100.000 habitantes de entre 20 y 54 años, al comparar 1993-1994 con 2020.

También se identificaron cambios en América Latina y el Caribe, con incrementos en determinadas poblaciones menores de 55 años y diferencias según el sexo. No obstante, las tendencias varían entre países, períodos y tipos de ACV, por lo que no pueden trasladarse automáticamente a Argentina.

Principales factores de riesgo

Los especialistas coinciden en que numerosos adultos jóvenes presentan enfermedades y hábitos que incrementan el riesgo cerebrovascular, incluso cuando todavía no experimentan síntomas. La hipertensión arterial ocupa un lugar central porque puede provocar daños progresivos en las paredes de los vasos sanguíneos sin manifestaciones evidentes.

El estudio argentino AISYF identificó hipertensión en el 41% de los pacientes jóvenes, tabaquismo en el 31,4%, colesterol elevado u otras alteraciones de los lípidos en el 27,6% y sobrepeso u obesidad en el 25,3%. Además, el 12,3% tenía diabetes y el 6,1% registraba consumo perjudicial de alcohol.

El sedentarismo, una alimentación con exceso de sodio y productos ultraprocesados, los trastornos del sueño y el estrés crónico también forman parte de los factores analizados. Aunque pueden contribuir al deterioro de la salud cardiovascular, no existe evidencia suficiente para atribuirles individualmente el aumento de ACV observado en la población argentina.

El consumo de cocaína y otras sustancias psicoactivas constituye otro aspecto relevante, debido a sus posibles efectos sobre la presión arterial, la coagulación y los vasos sanguíneos. En particular, la cocaína se encuentra asociada con un mayor riesgo de eventos cerebrovasculares.

Las causas menos conocidas

A diferencia de lo que ocurre habitualmente en edades avanzadas, los ACV en adultos jóvenes pueden estar relacionados con enfermedades vasculares, cardíacas, hematológicas o genéticas que no siempre se detectan mediante los controles médicos habituales.

Entre estas causas se encuentran las disecciones de las arterias cervicales, que se producen cuando aparece una lesión en la pared de una arteria del cuello. También se investigan determinados trastornos de coagulación, enfermedades autoinmunes y anomalías cardíacas capaces de favorecer la formación o circulación de coágulos.

Una de esas anomalías es el foramen oval permeable, una pequeña comunicación entre las cavidades superiores del corazón que permanece abierta después del nacimiento en aproximadamente una cuarta parte de los adultos. Aunque generalmente no produce complicaciones, en determinados pacientes puede facilitar que un coágulo alcance la circulación cerebral.

El estudio AISYF encontró que el 41,6% de los ACV analizados tenía una etiología indeterminada. Esta categoría comprende situaciones en las que no se identifica una causa pese a los estudios realizados, evaluaciones incompletas o la coexistencia de varios mecanismos posibles. Por eso, no todos esos episodios deben considerarse inexplicables.

También existen enfermedades genéticas poco frecuentes, como la enfermedad de Fabry, que pueden afectar los vasos sanguíneos y favorecer episodios cerebrovasculares a edades tempranas. Su investigación resulta especialmente importante cuando existen antecedentes familiares u otras manifestaciones clínicas compatibles.

Por qué las mujeres jóvenes presentan riesgos particulares

Las investigaciones internacionales identificaron diferencias entre hombres y mujeres en la incidencia de ACV a edades tempranas. En determinados grupos menores de 35 años se observaron tasas de ACV isquémico superiores entre las mujeres, aunque esa relación cambia a medida que aumenta la edad.

El embarazo y las semanas posteriores al parto constituyen períodos que requieren especial atención, debido a las modificaciones circulatorias y de coagulación. Complicaciones como la preeclampsia y la eclampsia pueden incrementar el riesgo cerebrovascular.

También debe considerarse el uso de anticonceptivos hormonales que contienen estrógenos, especialmente cuando coinciden con tabaquismo, hipertensión o migraña con aura. Esto no significa que todos los anticonceptivos impliquen el mismo riesgo ni que deban suspenderse sin evaluación médica.

Los especialistas destacan que reconocer estos antecedentes permite establecer estrategias preventivas individualizadas, especialmente en mujeres que presentan varios factores de riesgo simultáneos.

Qué relación existe entre los ACV y el COVID-19

La infección por SARS-CoV-2 incorporó otro factor de estudio, debido a que los cuadros graves de COVID-19 pueden generar inflamación vascular y alteraciones de la coagulación que incrementan el riesgo de complicaciones trombóticas.

Durante la pandemia se documentaron episodios cerebrovasculares en pacientes infectados, incluidos adultos jóvenes. Sin embargo, estos antecedentes no permiten concluir que el COVID-19 explique el aumento sostenido de ACV en menores de 50 años en Argentina.

Para establecer esa relación sería necesario contar con investigaciones poblacionales que comparen períodos, antecedentes de infección y otros factores de riesgo. Tampoco corresponde atribuir el fenómeno a las vacunas contra el COVID-19 sin evidencia específica que lo respalde.

Las secuelas de un ACV en plena edad laboral

Además de sus consecuencias médicas inmediatas, los accidentes cerebrovasculares pueden afectar la autonomía, la actividad laboral y la vida familiar de quienes los sufren. Las dificultades motoras, los trastornos del lenguaje y los problemas de memoria o concentración pueden persistir después de la internación.

Una investigación argentina vinculada con el estudio AISYF identificó síntomas depresivos en aproximadamente el 33% de los sobrevivientes jóvenes evaluados. Este resultado muestra la importancia de incorporar atención psicológica y seguimiento de la salud mental durante la recuperación.

La rehabilitación puede requerir intervenciones de kinesiología, fonoaudiología, terapia ocupacional y neuropsicología. La evolución depende de la localización y gravedad de la lesión, la rapidez del tratamiento y las condiciones particulares de cada paciente.

Cómo reconocer un ACV y por qué es fundamental actuar rápido

Los accidentes cerebrovasculares pueden ser isquémicos, cuando un coágulo obstruye la circulación sanguínea hacia una región cerebral, o hemorrágicos, cuando se produce la ruptura de un vaso. Ambos requieren atención médica inmediata, aunque sus tratamientos son diferentes.

Las principales señales de alarma incluyen la pérdida repentina de fuerza o sensibilidad en un lado del cuerpo, la desviación de la boca, las dificultades para hablar o comprender, la alteración súbita de la visión y los problemas de equilibrio. Un dolor de cabeza extremadamente intenso y de aparición brusca también puede indicar una emergencia cerebrovascular.

Ante cualquiera de estas manifestaciones se debe llamar inmediatamente al servicio de emergencias, incluso cuando los síntomas desaparezcan después de algunos minutos. No se debe esperar a que mejoren ni trasladarse conduciendo por cuenta propia.

En determinados ACV isquémicos, la administración de medicamentos trombolíticos puede realizarse dentro de las primeras cuatro horas y media, según la evaluación clínica. Para pacientes seleccionados, la trombectomía mecánica permite retirar coágulos y puede indicarse hasta 24 horas después del último momento en que se encontraba bien, dependiendo de los estudios de imágenes.

Qué ocurre con la atención de ACV en Argentina y la Provincia

El acceso a centros especializados constituye uno de los desafíos del sistema sanitario argentino. La disponibilidad de equipos de neurología, diagnóstico por imágenes y procedimientos endovasculares presenta diferencias entre regiones, especialmente cuando los pacientes se encuentran lejos de hospitales de alta complejidad.

En la Provincia de Buenos Aires se desarrolló una red de hospitales para mejorar la identificación y el tratamiento oportuno de estos episodios. Entre los establecimientos que forman parte de la atención especializada se encuentra el Hospital San Martín de La Plata, junto con otros centros de referencia provinciales.

A nivel nacional, el informe de investigación también describe la creación del Programa Nacional para el Diagnóstico y Tratamiento del Accidente Cerebrovascular mediante la Resolución 609/2026. Su implementación efectiva y alcance territorial requieren seguimiento, ya que la existencia de protocolos no garantiza por sí sola el acceso uniforme a los tratamientos.

Qué controles pueden ayudar a prevenir un ACV antes de los 50 años

La prevención comienza con la identificación temprana de los factores de riesgo. Los especialistas recomiendan controlar periódicamente la presión arterial, evaluar los niveles de glucosa y colesterol, mantener una alimentación equilibrada y realizar actividad física de manera regular.

Abandonar el tabaquismo, evitar el consumo excesivo de alcohol, no consumir drogas recreativas y tratar enfermedades como la diabetes o la apnea del sueño también contribuye a reducir el riesgo cardiovascular y cerebrovascular.

La edad, por sí sola, no garantiza protección. Por eso, la presencia de antecedentes familiares, hipertensión, obesidad u otras enfermedades debe motivar una evaluación médica, incluso en personas que se consideran saludables.

En Argentina, los registros disponibles permiten establecer que los ACV afectan a una proporción relevante de adultos jóvenes y que muchos presentan factores de riesgo modificables. Lo que todavía falta es una serie epidemiológica nacional comparable que determine cuánto creció su incidencia en menores de 50 años y en qué provincias se concentra el fenómeno. Mientras tanto, la evidencia científica sostiene la importancia de comenzar la prevención antes de llegar a edades avanzadas.

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