Durante décadas, las advertencias sobre el uso indebido de antibióticos estuvieron centradas casi exclusivamente en el desarrollo de bacterias resistentes. Sin embargo, especialistas sostienen que existe otro efecto menos conocido, aunque cada vez más estudiado: el impacto que estos medicamentos pueden tener sobre la microbiota intestinal, el conjunto de microorganismos que habitan el organismo y cumplen funciones esenciales para la salud.
La automedicación, la utilización de antibióticos frente a cuadros virales o la interrupción incorrecta de los tratamientos siguen siendo prácticas frecuentes. A ello se suman problemas vinculados a la prescripción médica, como iniciar tratamientos sin evidencia suficiente o prolongarlos más allá de lo necesario. Según expertos, estas conductas tienen consecuencias que van mucho más allá del problema de la resistencia bacteriana.
“Nuestro organismo alberga bacterias, hongos, virus y otros microorganismos que cumplen funciones indispensables para la salud”, explica Miguel Ángel de Cristófano, bioquímico y subdirector de las carreras de Farmacia y Bioquímica de la Universidad Hospital Italiano. En el intestino, estos microorganismos conforman la denominada microbiota intestinal, conocida popularmente como flora intestinal.
Como señala el especialista, los antibióticos están diseñados para eliminar las bacterias que causan infecciones, pero muchas veces también afectan bacterias beneficiosas que forman parte de ese ecosistema. Como consecuencia, pueden producirse alteraciones que repercuten sobre distintos aspectos del bienestar general.
La preocupación crece porque cada vez existen más evidencias científicas que vinculan una microbiota equilibrada con el correcto funcionamiento del sistema inmunológico. Además, en los últimos años se consolidó el concepto de eje intestino-cerebro, que describe la comunicación permanente entre ambos órganos y que llevó a algunos investigadores a definir al intestino como un “segundo cerebro”.
Las alteraciones de la microbiota pueden afectar a cualquier persona, aunque algunos grupos presentan una vulnerabilidad mayor. Entre ellos se encuentran los recién nacidos, los niños pequeños, los adultos mayores de 65 años y quienes tienen comprometido el sistema inmunológico debido a enfermedades o tratamientos específicos.
De ahí que Los especialistas recomiendan utilizar antibióticos únicamente cuando son indicados por un profesional y respetar las pautas de tratamiento. También aconsejan mantener una alimentación variada y rica en alimentos de origen vegetal para favorecer la salud intestinal. Las fibras presentes en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas sirven de alimento para numerosas bacterias beneficiosas.
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