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Aulas en riesgo por la IA: el aprendizaje afectado por las máquinas

La inteligencia artificial ya forma parte del estudio de miles de alumnos. El desafío es usarla sin reemplazar el esfuerzo de aprender. Tras los resultados del informe PISA, claves para entender qué pasa en las escuelas

El uso de Chat GPT, entre otros chat bots, se extienden en los salones escolares de la Región / Web

Por Redacción

La inteligencia artificial ya forma parte de las rutinas de estudio de miles de alumnos y abrió un nuevo debate en las escuelas: cómo aprovechar sus herramientas sin reemplazar los procesos mentales que permiten aprender. Chatbots capaces de explicar contenidos, resumir textos y redactar trabajos conviven con advertencias sobre dependencia tecnológica, pérdida de pensamiento crítico, privacidad y desigualdad.

Los datos más recientes de PISA 2025 muestran la magnitud del fenómeno. En Argentina, el 52% de los estudiantes de 15 años declaró utilizar chatbots de inteligencia artificial al menos una vez por semana para ayudarse a aprender, por encima del promedio del 46% registrado entre los países de la OCDE. Además, el 41% dijo utilizar estas herramientas para investigar sobre un tema y otro 41% para resumir textos.

La expansión de estas tecnologías no implica, sin embargo, que su utilización produzca automáticamente mejores aprendizajes. La evidencia analizada por la OCDE muestra que los estudiantes que utilizan IA para realizar determinadas tareas escolares pueden obtener resultados inferiores a quienes no recurren a estas herramientas. En ciencias, la diferencia promedio se ubicó en torno a los 20 puntos, aunque el organismo aclara que los datos no permiten establecer una relación causal directa.

El factor determinante parece estar en el modo de utilización. La IA puede funcionar como una herramienta para recibir explicaciones, practicar o recibir retroalimentación, pero también puede convertirse en un mecanismo para delegar la totalidad de una tarea. En ese segundo escenario, el alumno obtiene rápidamente un resultado sin necesariamente atravesar el proceso de lectura, análisis, selección, organización y escritura que constituye buena parte del aprendizaje.

El riesgo de aprender sin hacer el esfuerzo

Uno de los principales conceptos que aparecen en el debate educativo es el de delegación cognitiva. Cuando una máquina realiza de manera sistemática operaciones que antes estaban a cargo del estudiante, existe el riesgo de que determinadas capacidades se ejerciten cada vez menos.

El problema puede trasladarse a diferentes áreas. Resolver un ejercicio matemático con una herramienta automática no implica comprender el procedimiento utilizado. Del mismo modo, recibir un resumen de un texto puede evitar el proceso de lectura y selección de las ideas principales, mientras que solicitar un ensayo completo elimina buena parte del trabajo necesario para construir un argumento propio.

La llamada “ilusión de competencia” aparece en este contexto como otro riesgo. Un alumno puede reconocer una explicación generada por IA y sentir que domina un tema porque obtuvo una respuesta clara y rápida, aunque todavía no sea capaz de explicarlo con sus propias palabras o resolver un problema similar sin asistencia.

La lectura y la escritura constituyen dos ámbitos especialmente sensibles. PISA 2025 registró una caída de 28 puntos en el desempeño promedio de lectura de los países de la OCDE entre 2015 y 2025. El organismo también detectó un aumento de los estudiantes que leen de manera apresurada y dificultades crecientes para evaluar información, distinguir hechos de opiniones y relacionar contenidos provenientes de distintas fuentes.

LA IA TAMBIÉN PUEDE AMPLIAR DESIGUALDADES

El acceso a estas herramientas introduce además una nueva dimensión de la brecha digital. Ya no se trata solamente de determinar quién tiene computadora, conexión a internet o un teléfono adecuado, sino también quién sabe utilizar la inteligencia artificial de manera crítica.

Los estudiantes de sectores socioeconómicamente favorecidos tienen, según PISA, mayores oportunidades de utilizar IA y también de recibir formación para evaluar la calidad de sus respuestas. De esta manera, puede surgir una diferencia entre quienes aprenden a utilizar estas herramientas como apoyo para pensar y quienes las utilizan principalmente para resolver tareas.

La capacitación docente aparece como una pieza central. Los profesores deben afrontar un escenario en el que ya no alcanza con detectar si un trabajo fue copiado de internet. La IA permite generar textos originales en segundos y dificulta establecer únicamente a partir del producto final cuánto trabajo intelectual realizó el estudiante.

Por eso, algunas estrategias apuntan a modificar las formas de evaluación: pedir explicaciones orales, observar borradores, desarrollar actividades en clase y evaluar el proceso además del resultado. La pregunta deja de ser solamente si un alumno utilizó inteligencia artificial y pasa a ser qué parte del trabajo realizó por sí mismo.

DE HERRAMIENTA ESCOLAR A COMPAÑERO VIRTUAL

El fenómeno adquiere una dimensión diferente cuando los chatbots dejan de utilizarse para estudiar y comienzan a ocupar espacios de interacción social. Una encuesta de Common Sense Media realizada entre adolescentes estadounidenses encontró que el 72% había utilizado AI companions y que una parte de los jóvenes recurría a estas herramientas para conversaciones personales, relaciones y búsqueda de apoyo.

La preocupación de especialistas y organizaciones de seguridad digital está relacionada con el diseño de estos sistemas. A diferencia de una persona, un chatbot puede estar disponible permanentemente, responder de inmediato y adaptar sus respuestas a las preferencias del usuario. En adolescentes, esa interacción puede generar vínculos de dependencia y desplazar oportunidades de desarrollar habilidades sociales mediante relaciones humanas reales.

Los casos de Sewell Setzer III, de 14 años, y Adam Raine, de 16, llevaron este debate a los tribunales y al Congreso de Estados Unidos. Las familias de ambos adolescentes sostienen que las interacciones prolongadas con chatbots tuvieron un papel en sus muertes y presentaron demandas contra las compañías involucradas. Se trata de acusaciones que están siendo discutidas judicialmente y no permiten afirmar por sí mismas una relación causal entre la utilización de los sistemas y los suicidios.

El caso de Raine, en particular, generó cuestionamientos sobre la capacidad de los sistemas para responder ante conversaciones relacionadas con autolesiones. Los episodios también impulsaron a las empresas de IA a anunciar modificaciones en sus sistemas de protección para menores, mientras legisladores y especialistas discuten nuevas reglas de seguridad.

EL DESAFÍO PARA LAS ESCUELAS

La discusión sobre la IA educativa, por lo tanto, ya no pasa por decidir simplemente si debe permitirse o prohibirse. Las herramientas están disponibles y los estudiantes ya las utilizan. El desafío consiste en establecer cuándo pueden ayudar al aprendizaje y cuándo comienzan a reemplazarlo.

UNESCO plantea una utilización acompañada por criterios de protección de datos, supervisión humana y alfabetización en inteligencia artificial. La organización considera los 13 años como una referencia orientativa para el uso independiente de herramientas de IA generativa, aunque distingue ese escenario del uso educativo supervisado.

En Argentina, el debate ya llegó a las políticas educativas. Mientras la Ciudad de Buenos Aires avanzó con la incorporación de la alfabetización en inteligencia artificial a la currícula, en la Provincia de Buenos Aires el enfoque oficial se orienta hacia el uso pedagógico y crítico de estas tecnologías y la capacitación docente.

La discusión recién comienza, pero una de las preguntas centrales ya está planteada: si una máquina puede hacer en segundos aquello que antes obligaba a un estudiante a leer, pensar, escribir y equivocarse, el desafío educativo será conseguir que la tecnología ahorre tiempo sin ahorrar también el esfuerzo necesario para aprender.

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