Más de un millón de fragmentos de basura espacial orbitan actualmente alrededor de la Tierra y la cifra sigue creciendo a medida que se multiplican los lanzamientos de satélites. Muchos de esos objetos vuelven a ingresar a la atmósfera tarde o temprano y algunos alcanzan la superficie. De hecho, la cantidad de restos caídos sólo en los últimos cinco años sobre nuestro territorio nacional superó a la acumulada en los quince anteriores.
Frente a ese escenario, un equipo interdisciplinario de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) desarrolló MIRA (Monitoreo de Impactos y Reingresos Atmosféricos), la primera plataforma de América Latina dedicada a detectar, rastrear y analizar estos eventos. La herramienta busca cubrir una vacancia histórica en la región, que hasta ahora dependía casi exclusivamente de información producida por organismos de Estados Unidos y Europa.
El proyecto fue impulsado por el Centro Interdisciplinario de Estudios Espaciales (CIEE), de doble dependencia entre la UNLP y la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE). Ingenieros aeroespaciales, especialistas en materiales, científicos de datos, abogados y expertos en relaciones internacionales forman parte del equipo a cargo de alimentar una base regional de conocimiento sobre un problema cada vez más complejo.
“MIRA surge a partir de modelar datos de Estados Unidos y Europa, e identificar numerosos reingresos sobre nuestro país y América Latina. Eso fue el puntapié para planificar algo más grande”, explica Juan Cruz González Allonca, director de la iniciativa.
La plataforma integra información de sistemas internacionales para reconstruir trayectorias, identificar objetos y generar alertas sobre posibles reingresos atmosféricos en América Latina. También permite conocer quién lanzó cada artefacto, dónde operaba, de qué materiales estaba compuesto y cuáles son las probabilidades de que algunos fragmentos sobrevivan al paso por la atmósfera.
UNA AMENAZA CRECIENTE
La necesidad de contar con herramientas de este tipo se vincula con el acelerado crecimiento de la actividad espacial. Desde el inicio de la era espacial se enviaron miles de satélites, etapas de cohetes y otros artefactos al espacio. Gran parte de ellos se concentra en la órbita baja terrestre, una región clave para las telecomunicaciones, la navegación y la observación del planeta.
Según datos de la Agencia Espacial Europea, actualmente existen más de un millón de fragmentos de entre uno y diez centímetros orbitando la Tierra, con una masa total superior a las 16.000 toneladas. En los últimos años, además, el despliegue de megaconstelaciones de satélites incrementó la ocupación de esa franja orbital.
“La órbita baja es un recurso natural, agotable, finito. No hay lugar para todos”, advierte González Allonca.
A medida que aumenta la cantidad de objetos en circulación también crece el riesgo de colisiones. Debido a que estos elementos se desplazan a velocidades cercanas a los 27.000 kilómetros por hora, incluso un fragmento pequeño puede destruir un satélite operativo. Cada impacto genera nuevos restos que multiplican las posibilidades de futuros choques.
“Todo el mundo, la industria, las agencias espaciales y las fuerzas armadas, coinciden en que la basura es el principal problema que tiene hoy la actividad espacial”, sostiene el investigador.
Sin embargo, los especialistas remarcan que el problema no termina en órbita. Cuando los objetos completan su vida útil o pierden capacidad de maniobra, reingresan a la atmósfera. Aunque muchos se destruyen durante el descenso, algunos fragmentos logran llegar a la superficie terrestre.
En ese contexto, MIRA busca aportar información para mejorar la preparación frente a estos eventos y contribuir al diseño de futuras estrategias de mitigación. El proyecto trabaja junto al Centro de Identificación Aeroespacial de la Fuerza Aérea Argentina y forma parte de la Carta Cero Residuos impulsada por la Agencia Espacial Europea.
Para sus impulsores, el objetivo es que América Latina deje de ser sólo receptora de información producida en otras regiones y pueda generar conocimiento propio sobre un fenómeno que seguirá creciendo en las próximas décadas.
SUSCRIBITE a esta promo especial