El pollo dejó de ser hace tiempo un alternativa ocasional para convertirse en uno de los grandes protagonistas de la alimentación cotidiana. Su consumo alcanzó en la última medición el récord histórico de 49,4 kilos por habitante al año, una cifra que lo ubica prácticamente en un empate con la carne vacuna y que, según algunas proyecciones lo llevaría a cerrar el año por encima del tradicional producto estrella de la gastronomía argentina.
Este cambio en la mesa resulta especialmente significativo si se compara la situación con de apenas dos décadas atrás. Mientras que en 2005, cada argentino consumía alrededor de 62 kilos de carne vacuna por año y apenas 28 kilos de pollo, hoy -por una combinación de factores económicos, productivos y culturales- la brecha prácticamente desapareció.
El aspecto económico aparece como una de las principales explicaciones. El pollo mantiene una ventaja de precio frente a muchos cortes vacunos, lo que lo convierte en una alternativa más accesible para las familias. A ello se suma la pérdida del poder adquisitivo registrada en los últimos años y el fuerte aumento que experimentó la carne bovina, factores que llevaron a muchos hogares a modificar sus hábitos de compra.
Pero el fenómeno no responde solamente al bolsillo. También influyeron la búsqueda de alimentos más saludables, la preferencia por carnes magras, la facilidad de preparación y una oferta cada vez más diversificada, con productos adaptados a distintos momentos de consumo.
A su vez, la expansión de la actividad acompañó esa demanda. Durante 2025, la producción nacional llegó a 2,47 millones de toneladas y la faena alcanzó unas 750 millones de aves; de las cuales más del 90% se concentra entre la provincia de Buenos Aires y Entre Ríos, donde se ubica el principal polo avícola del país.
Desde el Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA) sostienen que el crecimiento responde a una transformación que comenzó mucho antes de la actual coyuntura económica. “Ya desde principios de los años 2000 empezamos un proceso de crecimiento muy fuerte. Pasamos de producir 700 mil toneladas a más de 2,5 millones y multiplicamos los mercados de exportación”, explica Carlos Sinesi, su director.
Pero como reconoce el directivo, cambiaron además las formas de consumir. “Antes se compraba un pollo entero una o dos veces por semana. Hoy la gente compra pechuga, milanesas, alas, patamuslo o productos listos para cocinar”, cuenta al señalar que se observa “mucha más segmentación y practicidad”
Lo cierto es que también pesa cada vez más el aspecto nutricional. El pollo es considerado una proteína magra de alta calidad con un aporte significativo de vitaminas del complejo B además de hierro, fósforo, selenio y zinc. De ahí que en un contexto en el que más personas cuidan su alimentación no sorprende que esté por destronar a la carne vacuna como primera opción.
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