El agujero de la capa de ozono sobre la Antártida alcanzó en 2026 una extensión máxima de 27,1 millones de kilómetros cuadrados, la mayor registrada en una década, según informaron la NASA y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA). El fenómeno estuvo asociado a condiciones atmosféricas excepcionales en el Polo Sur.
Entre el 7 de septiembre y el 13 de octubre, la superficie promedio afectada fue de 25 millones de kilómetros cuadrados, lo que ubicó al agujero de ozono como el séptimo más extenso en 48 años de observaciones. Su tamaño máximo se registró el 18 de septiembre, impulsado por un vórtice polar particularmente intenso.
El científico de la NASA Paul Newman explicó que el agujero comenzó a formarse más tarde durante los últimos años, una señal de recuperación de la capa protectora. Sin embargo, advirtió que “un vórtice polar inusualmente potente ha prolongado el agotamiento del ozono en la Antártida”, lo que permitió que alcanzara dimensiones que no se observaban desde hacía una década.
Por su parte, la investigadora Amy Butler, de la NOAA, señaló que la debilidad de los sistemas atmosféricos que habitualmente dispersan el vórtice polar favoreció la persistencia de los vientos intensos y amplió la región con condiciones propicias para la destrucción del ozono.
Pese a su extensión, el agujero de 2026 presentó una pérdida de ozono menos profunda que otros episodios históricos. Los instrumentos de medición registraron un mínimo de 105 unidades Dobson el 17 de octubre, frente al récord de 92 unidades registrado en 2006.
Los científicos atribuyeron la recuperación progresiva a las restricciones establecidas por el Protocolo de Montreal de 1987, que impulsó la eliminación de sustancias químicas responsables de destruir el ozono estratosférico, principalmente los clorofluorocarbonos utilizados en refrigeración y materiales industriales.
Según la NOAA, las concentraciones de cloro en la estratosfera antártica provenientes de estos compuestos disminuyeron aproximadamente un tercio respecto de los niveles de la década de 1980. Newman estimó que, sin esa reducción, el agujero de este año podría haber sido unos 3,5 millones de kilómetros cuadrados más grande.
La capa de ozono cumple una función fundamental al absorber parte de la radiación ultravioleta del Sol y proteger a los seres vivos de sus efectos. Las proyecciones científicas indican que el agujero antártico podría recuperarse durante la década de 2070, siempre que se mantengan los controles internacionales sobre las sustancias que deterioran la atmósfera.
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