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Casas impresas en 3D: qué hay detrás de la tecnología

La impresión tridimensional de viviendas avanza en Argentina con proyectos privados y universitarios. Promete reducir tiempos y costos, pero aún enfrenta desafíos técnicos y regulatorios importantes

Por Redacción

La impresión 3D con hormigón comenzó a incorporarse a la construcción argentina mediante proyectos privados, universitarios y estatales. La tecnología permite automatizar la ejecución de muros a partir de un diseño digital y reducir el uso de encofrados y parte de la mano de obra.

Las cifras difundidas sobre el sistema hablan de estructuras de viviendas terminadas en 24, 40 o 48 horas, según el proyecto y la superficie. Sin embargo, esos tiempos corresponden principalmente a la ejecución de la estructura o la obra gris y no a una vivienda terminada y lista para habitar.

En el país existen distintos desarrollos que utilizan esta tecnología. Entre ellos están Grondplek, vinculada con la empresa danesa COBOD, el proyecto de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y Astillero Río Santiago (ARS), y otros emprendimientos que trabajan con materiales diferentes al hormigón.

El sistema funciona mediante un pórtico que se desplaza sobre rieles y deposita capas de una mezcla cementicia siguiendo un modelo digital. Después de la impresión deben realizarse las instalaciones, las aberturas, las cubiertas, los pisos y las terminaciones que forman parte de una construcción convencional.

Las impresoras de hormigón

Una de las empresas que impulsa la impresión 3D de hormigón en Argentina fue fundada, entre otros, por Mateo Salvatto y opera como distribuidora de COBOD International para Argentina, Uruguay y Paraguay desde 2021.

Su principal equipo tiene una superficie de trabajo de aproximadamente 11 por 11 metros y puede alcanzar siete metros de altura. La máquina deposita material cementicio en capas y permite ejecutar muros y otros componentes sin utilizar encofrados convencionales.

En 2025, Techint Ingeniería y Construcción incorporó una impresora BOD2 para utilizarla en obras de infraestructura. El equipo fue destinado inicialmente a producir elementos como muros, cámaras, trincheras de drenaje y otros componentes vinculados con la construcción.

Según datos difundidos por Grondplek, la tecnología ya permitió imprimir más de 500 metros cúbicos de hormigón y unas 1.400 piezas. El modelo utilizado actualmente tiene además una limitación de diseño: permite construir estructuras de hasta tres plantas.

El proyecto de la UNLP

En La Plata, la UNLP y Astillero Río Santiago desarrollaron una impresora 3D destinada a la construcción de viviendas.

La UNLP desarrolló la mezcla cementicia mientras que el Astillero diseñó y construyó el pórtico que desplaza el cabezal de impresión. El equipo se mueve sobre bogies y rieles paralelos y fue desarrollado para fabricar viviendas con tecnología producida en el país.

Los datos sobre su velocidad cambiaron durante el desarrollo. La información difundida inicialmente hablaba de una vivienda de 60 metros cuadrados en unas 50 horas, mientras que publicaciones posteriores mencionaron una superficie de 65 metros cuadrados y un tiempo de aproximadamente 40 horas.

La cifra de 24 horas para 60 metros cuadrados también fue difundida, pero no coincide con las estimaciones anteriores de la propia UNLP. La primera construcción de prueba fue preparada sobre una platea de 126 metros cuadrados en un predio universitario, como parte de la etapa de validación del sistema.

La impresión 3D aplicada a viviendas también tiene un desarrollo diferente en Córdoba. Barrobot 3D, creado por Agustín Gore y Gustavo Mutio en San Javier, Traslasierra, utiliza materiales de origen natural en lugar de hormigón.

La mezcla incorpora arcilla, arena, paja, fibras vegetales y estiércol de caballo. El sistema permite generar muros con una estructura interna inspirada en un panal y contempla la incorporación de cañerías y cableado durante el proceso de impresión.

A diferencia de las impresoras de hormigón, Barrobot no plantea construir una vivienda en unas pocas horas. El proceso completo demanda alrededor de 30 días, según sus desarrolladores.

El proyecto comenzó después de la pandemia y acumuló más de cuatro años de desarrollo. Sus impulsores lo presentan como un sistema de construcción con tierra que combina técnicas tradicionales con automatización y fabricación digital.

Costos y tiempos de construcción

La reducción de costos es uno de los principales argumentos utilizados para promover la impresión 3D. Grondplek estima que el sistema puede reducir hasta un 30% determinados costos de construcción y acortar los tiempos de ejecución de la obra gris.

Esas cifras no equivalen a una reducción del 30% en el precio final de una vivienda. La impresión se concentra principalmente en muros y estructuras, mientras que instalaciones, aberturas, cubiertas, terminaciones y otros componentes mantienen costos propios.

También existen diferencias entre las cifras difundidas sobre el precio por metro cuadrado. Algunas referencias ubican la estructura impresa entre US$300 y US$600 por metro cuadrado, mientras que otras publicaciones mencionan valores superiores para desarrollos internacionales.

Por ese motivo, la comparación entre una vivienda convencional y una impresa debe realizarse sobre el mismo alcance de obra.

El precio de la estructura, la obra gris y la vivienda terminada son categorías diferentes y no permiten comparar valores directamente.

El déficit habitacional y el alcance de la tecnología

La impresión 3D aparece en Argentina en un contexto de déficit habitacional. La cifra de 3,5 millones de viviendas utilizada con frecuencia en publicaciones periodísticas no corresponde a una medición reciente única y debe diferenciarse entre déficit cuantitativo y cualitativo.

Un informe de Camarco y Fundación Tejido Urbano estimó en alrededor de 3,24 millones los hogares con déficit habitacional. Una parte corresponde a hogares que necesitan una vivienda nueva y otra a viviendas existentes que requieren mejoras.

Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe concentran una parte significativa del déficit habitacional nacional. Esto explica el interés de los proyectos de construcción automatizada, aunque la existencia de impresoras no implica por sí misma capacidad para resolver el problema habitacional.

La posibilidad de producir viviendas en serie depende también de terrenos disponibles, infraestructura, financiamiento, permisos, materiales, logística y capacidad de operación de las máquinas. La tecnología modifica una etapa del proceso, pero no elimina esos requerimientos.

Qué ocurre con las casas impresas en otros países

En Estados Unidos, ICON desarrolló junto con Lennar y BIG el proyecto Wolf Ranch, en Georgetown, Texas. El desarrollo contempla 100 viviendas construidas con impresión 3D y constituye uno de los principales proyectos residenciales realizados con esta tecnología.

Las viviendas se comercializaron aproximadamente entre US$430.000 y US$600.000. Los valores muestran que una vivienda impresa no necesariamente llega al mercado con un precio inferior al de otras casas de la misma zona.

En Eindhoven, Países Bajos, el proyecto Milestone incorporó viviendas de dos y tres plantas construidas mediante impresión 3D. Los modelos Hoodoo y Navajoo tienen entre 113 y 124 metros cuadrados y fueron ofrecidos desde unos 635.000 euros.

Los casos internacionales muestran que la impresión 3D puede utilizarse tanto para proyectos residenciales como para diseños personalizados. La reducción del tiempo de ejecución no implica necesariamente una reducción equivalente del precio final que paga el comprador.

Dubai y la regulación de la tecnología

Dubai comenzó a impulsar la impresión 3D en construcción antes de la actual expansión comercial. La Estrategia de Impresión 3D de Dubai fue anunciada en 2019 y estableció como objetivo que el 25% de los edificios construidos en el emirato utilicen esta tecnología para 2030.

El gobierno de Dubai también estableció un marco regulatorio específico para su utilización en obras. La estrategia combina objetivos de adopción tecnológica con disposiciones destinadas a ordenar la actividad.

En Argentina, la situación es diferente. Los proyectos avanzan mediante desarrollos privados y universitarios y deben adecuarse a las normas generales aplicables a las estructuras y a las construcciones.

La existencia de estándares internacionales como ISO/ASTM 52939 establece principios de control de calidad para construcción aditiva, pero no reemplaza las exigencias locales de cálculo estructural, aprobación de materiales, permisos y habilitación de cada obra.

Los desafíos que todavía enfrenta la impresión 3D

Uno de los principales problemas técnicos es la incorporación de refuerzos estructurales. El hormigón convencional utiliza acero para absorber esfuerzos de tracción, mientras que la colocación automatizada de armaduras dentro de estructuras impresas continúa siendo un área de desarrollo.

También existen desafíos relacionados con la unión entre capas. La resistencia puede variar según la orientación de las capas, el tiempo entre depósitos y las características de la mezcla utilizada durante la impresión.

A esto se suman cuestiones vinculadas con durabilidad, comportamiento estructural, control de calidad y aprobación de nuevos materiales. La tecnología puede reducir desperdicios y eliminar encofrados, pero sus resultados ambientales dependen de la composición del material y del consumo energético.

En Argentina, el desarrollo de la UNLP y el Astillero Río Santiago representa una alternativa de fabricación local, mientras que Grondplek y otros emprendimientos trabajan con equipos y tecnologías internacionales. La próxima etapa será determinar si estos proyectos pueden pasar de las pruebas y aplicaciones puntuales a la construcción de viviendas en serie.

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