La fotografía de un bebé fumando recorrió el mundo en 2010 y provocó una fuerte reacción internacional. El protagonista era Ardi Rizal, un niño indonesio que tenía apenas 18 meses y que, a esa edad, ya había desarrollado una severa dependencia al cigarrillo.El caso resultaba todavía más impactante por su trasfondo: según se conoció entonces, había sido su propio padre quien le había dado su primer cigarrillo y lo había sostenido para que llegara a alcanzar consumir hasta 40 cigarrillos por día.
La situación obligó a intervenir a las autoridades locales, que pusieron en marcha un proceso de rehabilitación con la participación de distintos especialistas. El tratamiento, conducido por un psicólogo infantil, consiguió finalmente que Ardi abandonara el tabaco.Pero dejar los cigarrillos no significó el final de sus problemas. Una vez superada esa dependencia, el niño comenzó a desarrollar una relación compulsiva con la comida, hasta el punto de alcanzar un peso muy elevado para su edad.
A los 5 años, Ardi pesaba 24 kilos y sus hábitos alimentarios despertaban preocupación. En una sola comida podía consumir tres muslos de pollo, dos tazones de sopa y una lata completa de leche condensada. El ingreso a la escuela primaria terminó convirtiéndose en otro momento decisivo. Su contextura física lo convirtió en blanco de burlas e intimidaciones por parte de otros chicos, una situación que lo llevó a involucrarse activamente en el cambio de sus hábitos.
Con el acompañamiento de profesionales de la nutrición, comenzó entonces a reducir progresivamente las cantidades de comida y a modificar el tipo de alimentos que consumía. Frutas, verduras y pescado fueron incorporándose a su dieta mientras dejaba atrás buena parte de los productos ultraprocesados.
Con el paso de los años, aquella imagen del pequeño fumador quedó atrás. La historia de Ardi pasó así de ser un caso que generó conmoción mundial a convertirse en el relato de un largo proceso de recuperación, marcado primero por la lucha contra la dependencia al cigarrillo y luego por los problemas derivados de su alimentación.
Más de quince años después de aquella fotografía, su transformación representa el resultado de un proceso en el que fueron fundamentales la asistencia médica, el acompañamiento psicológico y el apoyo familiar.
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