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Cómo se gestó el atentado contra León Trotsky: la trama secreta que terminó con su vida

Falleció un 21 de agosto de 1940, un día después de haber sido víctima de un ataque en una fortificada casa del barrio de Coyoacán y resultar gravemente herido. La estrategia del "traidor" y la historia de un hombre que vivió sabiendo que podía ser asesinado

León Trotsky fue víctima de un atentado el 20 de agosto de 1940. La heridas sufridas provocaron su muerte un día después (Foto: IA)

Por Redacción

Durante años, León Trotsky vivió sabiendo que podía ser asesinado. Había escapado de cárceles, persecuciones y expulsiones. Había perdido su lugar en la cúpula del poder soviético y recorrido distintos países como un exiliado perseguido. Cuando finalmente encontró refugio en México, intentó construir una vida lejos de Moscú. Pero la distancia no alcanzó.

En la mañana del 20 de agosto de 1940, en una vivienda fortificada del barrio de Coyoacán, un hombre que había conseguido ganarse la confianza del entorno del dirigente ruso llegó con una supuesta visita de rutina. Bajo su ropa llevaba escondida el arma con la que ejecutaría el atentado que terminaría con la vida de uno de los protagonistas más importantes de la Revolución Rusa.

Trotsky no murió inmediatamente. Sobrevivió al ataque y llegó a ser trasladado a un hospital. Sin embargo, las heridas eran demasiado graves. Murió al día siguiente, el 21 de agosto de 1940.

Detrás de aquel golpe había una historia de rivalidades políticas, exilios, identidades falsas y una operación cuidadosamente preparada.

Quién era León Trotsky y por qué Stalin lo convirtió en enemigo

León Trotsky, cuyo verdadero nombre era Lev Davídovich Bronstein, nació en el Imperio ruso en 1879. Desde muy joven se vinculó con los movimientos revolucionarios y pasó buena parte de su juventud enfrentando la persecución del régimen zarista. La Revolución de 1917 lo colocó en el centro de la historia.

Trotsky se convirtió en uno de los principales dirigentes bolcheviques y tuvo un papel fundamental durante aquellos acontecimientos. Después del triunfo revolucionario, ocupó posiciones de enorme importancia dentro del nuevo poder soviético. Su figura alcanzó todavía mayor relevancia durante la guerra civil rusa, cuando quedó al frente de la organización del Ejército Rojo. Su capacidad política y militar lo convirtió en uno de los hombres más importantes de la nueva Unión Soviética.

Pero el escenario cambió después de la muerte de Vladimir Lenin. La disputa por la sucesión abrió una lucha interna dentro del Partido Comunista. Trotsky representaba una de las principales alternativas, mientras que Iósif Stalin consolidaba progresivamente su poder. La confrontación terminó favoreciendo a Stalin.

Trotsky fue desplazado de sus posiciones, expulsado del Partido Comunista y finalmente obligado a abandonar la Unión Soviética. Lo que había sido una disputa política se transformó progresivamente en una persecución contra el dirigente revolucionario y sus seguidores.

El exilio no consiguió ponerlo a salvo

Trotsky comenzó entonces una larga peregrinación. Pasó por distintos países antes de llegar a México en 1936, donde recibió asilo político. Allí se instaló junto a su esposa, Natalia Sedova, en una casa ubicada en Coyoacán. El lugar terminaría convirtiéndose en su último refugio.

México representaba para Trotsky la posibilidad de continuar con su actividad política y, al mismo tiempo, escapar del alcance directo de sus perseguidores. Sin embargo, la amenaza continuaba. Desde el exilio, Trotsky seguía escribiendo y criticando a Stalin. También mantenía una actividad política vinculada con sus propias ideas revolucionarias.

Para quienes lo rodeaban, el peligro era evidente. Por eso, la vivienda fue reforzada con muros y medidas de seguridad. Había guardias y controles destinados a impedir que alguien pudiera acercarse fácilmente al dirigente ruso. Parecía una fortaleza. Pero ninguna fortaleza podía protegerlo completamente de alguien que lograra convertirse en una persona de confianza.

El primer atentado contra Trotsky en Coyoacán

La amenaza se hizo realidad antes del ataque que finalmente terminaría con su vida. En mayo de 1940, un grupo armado consiguió ingresar a la residencia durante la madrugada y abrió fuego contra la casa. Los atacantes dispararon una gran cantidad de veces contra las habitaciones. Trotsky sobrevivió.

El episodio demostró que sus enemigos estaban dispuestos a llegar hasta México para eliminarlo y obligó a reforzar todavía más la seguridad de la vivienda. Después de aquel ataque, cualquier intruso debía enfrentar controles mucho más estrictos. Por eso, el atentado de agosto resultaría particularmente llamativo.

No fue necesario irrumpir por la fuerza. El asesino llegó hasta Trotsky utilizando una identidad falsa y aprovechando una relación que le permitió ingresar sin levantar sospechas. 

Ramón Mercader: el hombre detrás del plan

El protagonista de la operación fue Ramón Mercader, un militante comunista español. Para llegar hasta Trotsky, Mercader tuvo que construir una identidad que le permitiera moverse dentro del entorno del revolucionario sin despertar sospechas. Utilizó diferentes nombres. Entre ellos, Jacques Mornard y Frank Jacson. Su acercamiento al círculo de Trotsky se produjo a través de Sylvia Ageloff, una militante estadounidense que tenía contacto con el entorno trotskista.

Mercader inició una relación con ella. La estrategia requería paciencia. No se trataba simplemente de localizar a Trotsky y dispararle. La residencia estaba protegida y cualquier ataque frontal podía fracasar, como había ocurrido durante el intento de mayo. El objetivo era conseguir algo mucho más valioso: la confianza necesaria para atravesar las barreras de seguridad.

Mercader consiguió progresivamente ese acceso. El hombre que terminaría atacando a Trotsky no llegó a Coyoacán como un desconocido. Para entonces, ya había construido una relación que le permitía acercarse al líder exiliado.

El día que el asesino consiguió entrar en la casa

El 20 de agosto de 1940, Mercader volvió a la residencia. Su presencia no parecía representar una amenaza. Según la reconstrucción de los hechos, llevaba consigo un artículo que había escrito y quería mostrarle a Trotsky para que lo revisara. La escena tenía una apariencia casi cotidiana.

Un visitante. Un texto. Una conversación. Nada hacía pensar que en realidad se estaba desarrollando la última etapa de una operación destinada a asesinar al exiliado ruso.

Trotsky recibió a Mercader y ambos se dirigieron al estudio. Fue entonces cuando el visitante dejó de fingir. 

El pico de montañismo que se convirtió en arma mortal

Mercader llevaba escondido un pico de montañismo cuyo mango había sido recortado para facilitar su ocultamiento. Cuando estuvo a solas con Trotsky, sacó el arma y lo golpeó violentamente en la cabeza.

El impacto provocó una herida gravísima. Trotsky, sin embargo, no murió en ese momento. A pesar de estar herido, consiguió reaccionar y enfrentarse con su atacante. Los gritos alertaron a quienes se encontraban en la residencia y los guardias acudieron rápidamente. Mercader fue reducido.

Trotsky estaba gravemente herido, pero todavía consciente. Incluso en ese momento, según los relatos sobre el ataque, pidió que no mataran a su agresor. Quería que permaneciera con vida para poder conocer quién estaba detrás de la operación. La escena que siguió fue el final de una persecución que había comenzado muchos años antes, cuando Trotsky todavía era uno de los hombres más poderosos de la Revolución Rusa.

Trotsky fue trasladado al hospital

El dirigente fue llevado a un hospital de Ciudad de México. Los médicos intentaron salvarlo. Durante un tiempo pareció que podía recuperarse de la agresión, pero la gravedad de las lesiones terminó imponiéndose.

Trotsky permaneció con vida durante varias horas después del ataque. Finalmente, el 21 de agosto de 1940, murió. Tenía 60 años. Su asesinato cerraba uno de los capítulos más dramáticos de la historia de la Revolución Rusa: el hombre que había ayudado a construir el poder soviético terminaba muerto en México, lejos de la Unión Soviética y después de años de persecución política.

Después del ataque, Mercader fue detenido por las autoridades mexicanas. En un primer momento intentó ocultar su verdadera identidad y sostuvo una versión destinada a presentar el asesinato como una decisión personal. Pero la investigación permitió determinar quién era realmente. Se trataba de Ramón Mercader.

Su vinculación con la inteligencia soviética quedaría establecida posteriormente. La operación había sido preparada con cuidado y su llegada hasta Trotsky no fue producto de un encuentro casual. El hombre que había entrado aquella tarde a la casa de Coyoacán con una excusa llevaba consigo mucho más que un artículo para mostrarle al revolucionario. Llevaba el arma que pondría fin a su vida.

El juicio y la condena de Ramón Mercader

Mercader fue juzgado en México y recibió una condena de 20 años de prisión. Durante su encarcelamiento mantuvo durante mucho tiempo el silencio sobre los detalles de la operación y sobre sus vínculos con la estructura soviética.

La Unión Soviética, por su parte, negó oficialmente cualquier responsabilidad directa en el asesinato. Sin embargo, con el paso del tiempo se conocieron más detalles sobre el vínculo de Mercader con los servicios secretos soviéticos y sobre la operación que permitió llevar adelante el atentado. Años después, Mercader recibió reconocimiento en la Unión Soviética.

Lo cierto es que la historia de Trotsky terminó de una manera que parecía inevitable desde hacía mucho tiempo. El revolucionario había conseguido sobrevivir a la persecución del régimen zarista, a la guerra civil, a las luchas internas del Partido Comunista, a su expulsión de la Unión Soviética y a los años de exilio. Incluso había sobrevivido a un primer atentado en su propia casa mexicana.

Pero la segunda operación fue diferente. Esta vez, quienes buscaban eliminarlo entendieron que no necesitaban enfrentarse a sus guardias. No necesitaban atravesar los muros. No necesitaban organizar un ataque armado. Necesitaban conseguir que Trotsky confiara en la persona equivocada. Y lo consiguieron.

El final de León Trotsky en Coyoacán

El 20 de agosto de 1940, el hombre que había sido uno de los grandes protagonistas de la Revolución Rusa recibió en su casa a quien sería su asesino. Un día después, León Trotsky estaba muerto. Su cuerpo fue sepultado en México, el país que le había ofrecido refugio cuando casi todas las puertas se habían cerrado.

La historia de su asesinato quedó desde entonces asociada a uno de los episodios más singulares de la política del siglo XX: una operación que se extendió durante años y que terminó con un atacante capaz de atravesar las defensas de una casa fortificada utilizando algo mucho más poderoso que la fuerza. La confianza. Porque el hombre que llegó a Coyoacán para matar a Trotsky no tuvo que entrar por la fuerza. Trotsky le abrió la puerta.

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