Una parte de los alimentos que se compran termina en la basura por mala conservación, falta de planificación, vencimientos o preparación excesiva. El problema genera pérdidas económicas para los hogares y también tiene impacto ambiental.
El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) estimó que en 2022 se desperdiciaron 1.050 millones de toneladas de alimentos en hogares, servicios de alimentación y comercios. El 60% correspondió a los hogares, unos 631 millones de toneladas.
El desperdicio equivale a unos 132 kilos por persona al año e incluye partes comestibles y no comestibles. Según Naciones Unidas, genera entre el 8% y el 10% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.
En Argentina se estima que se pierden y desperdician alrededor de 16 millones de toneladas de alimentos por año. Una medición sobre hogares urbanos calculó un descarte de unos 72 kilos por persona al año, con frutas y verduras entre los productos más descartados.
Para reducirlo, una de las primeras medidas es conocer cuánto puede conservarse cada alimento. La duración depende del producto, la temperatura y la forma de almacenamiento, por lo que los tiempos son siempre orientativos.
CARNES Y COMIDAS
La carne picada y el pollo crudo deberían consumirse dentro de 1 a 2 días si permanecen refrigerados. Determinados cortes de carne vacuna y de cerdo pueden conservarse entre 3 y 5 días, mientras que el pescado crudo tiene una referencia de 1 a 3 días.
Las carnes deben mantenerse en recipientes cerrados o envases bien protegidos y colocarse en los estantes inferiores de la heladera. Así se evita que los líquidos entren en contacto con alimentos cocidos o listos para consumir.
Las comidas cocidas y las sobras pueden conservarse durante un máximo de tres días, según las recomendaciones de ANMAT. Conviene guardarlas en recipientes cerrados, enfriarlas rápidamente y evitar recalentar una misma preparación más de una vez.
Los alimentos que no serán consumidos dentro de esos períodos pueden congelarse antes de que se deterioren. La congelación permite extender considerablemente la conservación, aunque no reemplaza las buenas prácticas de manipulación.
LÁCTEOS Y HUEVOS
Los lácteos abiertos requieren especial atención y deben conservarse refrigerados, respetando la fecha indicada por el fabricante. Una vez abiertos, el tiempo de consumo depende del producto y de las condiciones de almacenamiento.
En el país se pierden alrededor de 16 millones de toneladas de alimentos por año
Los huevos pueden mantenerse refrigerados durante varias semanas. Para conservarlos mejor, conviene mantenerlos en su envase original y evitar cambios reiterados de temperatura.
FRUTAS Y VERDURAS
Las frutas y verduras requieren condiciones diferentes según el producto. Las hojas verdes, como lechuga y espinaca, se conservan mejor cuando están secas y protegidas del exceso de humedad.
Las manzanas, peras y bananas liberan etileno durante la maduración, un gas que puede acelerar el deterioro de frutas y verduras cercanas. Por eso, separarlas de otros productos puede ayudar a prolongar su conservación.
Las bananas muy maduras pueden separarse del racimo y también congelarse en rodajas para utilizarlas posteriormente. Con las frutas maduras ocurre algo similar: congelarlas antes de que comiencen a deteriorarse permite aprovecharlas en licuados, postres u otras preparaciones.
En el caso de las paltas, una vez abiertas conviene reducir el contacto de la pulpa con el aire y mantenerlas refrigeradas. Si hay varias maduras para consumir, también pueden triturarse y congelarse en porciones.
ORDEN Y PLANIFICACIÓN
La distribución dentro de la heladera también ayuda a evitar desperdicios. Los alimentos cocidos, lácteos y productos listos para consumir pueden ubicarse en los estantes superiores e intermedios, mientras que carnes y pescados crudos deben permanecer abajo y correctamente cerrados.
Los cajones pueden utilizarse para frutas y verduras, procurando separar aquellos productos que puedan acelerar la maduración de otros. Los recipientes transparentes permiten identificar rápidamente qué alimentos hay disponibles.
También resulta útil colocar adelante los productos más antiguos y detrás los recién comprados.
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