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Del riesgo al beneficio Cafeína: ya no es mala para el corazón

El café, en cantidades moderadas, no aparece asociado a un mayor riesgo cardiovascular para las personas. Los detalles de nuevos estudios realizados

Ariel Kraselnik Cardiólogo

Por Redacción

Durante décadas, la cafeína estuvo bajo la lupa de la cardiología. Su capacidad para aumentar de manera inmediata la presión arterial, acelerar la frecuencia cardíaca y elevar la excitabilidad del corazón llevó a considerarla potencialmente perjudicial. A eso se sumaron investigaciones que encontraron una asociación entre el consumo de café y un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Sin embargo, esa mirada cambió de manera significativa. Nuevos estudios y metodologías más precisas permitieron comprobar que los efectos que produce la cafeína inmediatamente después de consumirla no necesariamente se mantienen a largo plazo. Además, los investigadores comenzaron a distinguir entre estudiar la cafeína como una sustancia aislada y analizar el café como un alimento compuesto por numerosas sustancias.

El cardiólogo Ariel Kraselnik, autor de un artículo médico que repasa las nuevas evidencias, sostiene que este cambio de criterio “nos muestra cómo las acciones agudas de una sustancia, nutriente o alimento, pueden no coincidir con sus efectos a largo plazo”.

Del efecto inmediato al consumo habitual

Una de las razones que alimentó durante años la desconfianza hacia la cafeína es fácilmente comprobable: después de consumirla puede aumentar la presión arterial y la frecuencia cardíaca.

Pero esos efectos son principalmente agudos y resultan más pronunciados entre las personas que no consumen cafeína habitualmente. Con el consumo sostenido, el organismo desarrolla tolerancia a algunos de ellos y, cuando se observa lo que sucede a largo plazo, el impacto del consumo moderado sobre la presión y la frecuencia cardíaca resulta mucho menos claro y probablemente sea mínimo para la mayoría de las personas.

Algo similar ocurrió con las arritmias. Debido a que la cafeína aumenta la excitabilidad del corazón, durante mucho tiempo se consideró lógico pensar que podía favorecer alteraciones del ritmo cardíaco. Sin embargo, esa explicación teórica no encontró el mismo correlato cuando comenzó a estudiarse qué sucedía realmente en las personas.

“Hay mecanismos que podrían ayudar a explicar un posible efecto antiarrítmico del café”

La evidencia disponible no muestra que un consumo moderado de café aumente el riesgo de arritmias. Incluso, un ensayo clínico realizado en pacientes con fibrilación auricular encontró que quienes consumían al menos una taza de café por día presentaban un 39% menos de riesgo de recurrencia.

Según Kraselnik, existen distintos mecanismos que podrían contribuir a explicar un posible efecto antiarrítmico del café, entre ellos el bloqueo de los receptores de adenosina y determinadas acciones antiinflamatorias. El caso, señala, demuestra que las consecuencias de consumir un alimento no siempre pueden anticiparse a partir de uno solo de sus mecanismos bioquímicos.

La cafeína no es lo mismo que el café

Allí aparece otro elemento fundamental para entender por qué cambió la mirada científica: estudiar la cafeína de manera aislada no equivale a estudiar el café.

“Los efectos biológicos de una sustancia aislada, como la cafeína, no reflejan necesariamente los efectos de un alimento que contiene dicha sustancia”, explica Kraselnik.

El consumo moderado de cafeína, hasta 400 mg al día, equivalente a entre tres y cinco tazas de café, parece ser seguro para la mayoría de las personas adultas”

Ariel Kraselnik Cardiólogo

El contraste puede observarse al comparar diferentes productos. Las bebidas energéticas, que pueden contener grandes cantidades de cafeína, aumentan significativamente la presión arterial. En cambio, el extracto de granos de café verde, también rico en cafeína, puede reducirla.

La explicación estaría en que el café contiene otras sustancias capaces de modificar el resultado final. Entre ellas aparece el ácido clorogénico, al que se le atribuyen propiedades antiinflamatorias y vasodilatadoras.

Por eso, las nuevas evidencias favorables no significan que cualquier producto con cafeína resulte beneficioso ni que sus efectos puedan trasladarse automáticamente a las bebidas energéticas.

Qué tenían de problemático los primeros estudios

El cambio de criterio también estuvo relacionado con la evolución de la investigación científica. Los primeros grandes estudios observacionales habían encontrado que las personas que bebían más café presentaban más problemas cardiovasculares. El problema era determinar si el café era realmente la causa.

Con metodologías más avanzadas, los investigadores pudieron controlar mejor otras características de quienes consumían café que también podían afectar su salud.

“Acciones agudas de una sustancia pueden no coincidir con sus efectos a largo plazo”

Uno de los factores más importantes era el tabaquismo. En algunas de aquellas poblaciones, las personas que tomaban más café también tendían a fumar más. De esta manera, parte del mayor número de infartos atribuido inicialmente al café podía explicarse en realidad por el cigarrillo.

Cuando los estudios comenzaron a ajustar sus resultados teniendo en cuenta esos factores, la asociación perjudicial perdió fuerza. Según Kraselnik, las investigaciones epidemiológicas más modernas muestran incluso una asociación inversa entre el consumo de hasta aproximadamente cuatro tazas diarias de café y el riesgo cardiovascular.

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