Mucho antes de que los supermercados y las grandes cadenas modificaran los hábitos de consumo, el almacén era ya una pieza central de la vida cotidiana de los barrios argentinos. No sólo proveían de alimentos y productos esenciales; también se intercambiaban conversaciones, preocupaciones y noticias entre vecinos. Esa tradición es la que busca reconocer el Día del Almacenero, que se conmemora hoy en todo el país.
La fecha fue establecida por entidades representativas del sector para homenajear a los comerciantes y destacar el aporte que realizan a sus comunidades. No recuerda un acontecimiento histórico puntual y, durante años, la celebración se realizó el tercer jueves de septiembre. Con el tiempo, quedó fijada definitivamente para el 16 de septiembre.
El vínculo entre estos comercios y la historia de los barrios también está relacionado con las grandes corrientes migratorias. Los almacenes comenzaron a multiplicarse durante las primeras décadas del siglo XX, en buena medida de la mano de inmigrantes, especialmente españoles e italianos, que encontraron en esta actividad una forma de integrarse a la vida económica y social de los lugares donde se establecieron.
Con el paso de las décadas, el almacén se consolidó como algo más que un lugar de abastecimiento. Detrás del mostrador se construyeron relaciones de confianza y cercanía. Los comerciantes conocían a sus clientes, sus gustos y sus necesidades, y muchas veces podían anticipar qué producto iban a pedir.
La expansión de los supermercados, los autoservicios y las grandes cadenas redujo el protagonismo de los almacenes tradicionales y modificó el modo de comprar. Algunos desaparecieron y otros se transformaron en autoservicios, supermercados de barrio o polirrubros.
Sin embargo, todavía sobreviven cientos de almacenes que conservan rasgos de aquella tradición, con largas mesadas, antiguas balanzas y una atención personalizada que los mantiene ligados a la identidad de cada barrio. En muchos casos, además, son los propios dueños quienes permanecen al frente del mostrador.
La Federación de Asociaciones de Almaceneros de la Provincia de Buenos Aires (FABA) impulsó la difusión del Día Nacional del Almacenero de Barrio, reforzando el reconocimiento a las familias que sostienen estos comercios. Así, la jornada funciona también como una mirada sobre un oficio que atravesó distintas épocas y cambios en las formas de consumo. Y aunque ya no ocupa el lugar predominante que tuvo durante buena parte del siglo XX, conserva para muchos barrios una característica difícil de reemplazar: la relación cotidiana y personal entre quien vende y quien compra.
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