Controlar la presión arterial, el colesterol y la glucemia es indispensable, pero la salud cardiovascular no depende solamente de los números. Cuánto nos movemos, qué comemos, cómo dormimos, cómo manejamos el estrés y si fumamos también influyen. Es por eso que hoy, en el Día Mundial del Corazón, una iniciativa del Hospital Británico de Buenos Aires busca crear conciencia de que una parte importante del riesgo cardiovascular puede prevenirse y que esa prevención comienza antes de la aparición de los síntomas.
MOVERSE MÁS, SENTARSE MENOS
La actividad física regular es una de las herramientas más efectivas para proteger el corazón. La recomendación es realizar al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada o 75 minutos de actividad vigorosa, además de ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos veces por semana.También es importante reducir el sedentarismo. Caminar, usar las escaleras y hacer pausas activas durante la jornada son maneras sencillas de incorporar movimiento a la vida cotidiana.
“No necesitamos convertirnos en atletas para cuidar nuestro corazón. Movernos más, permanecer menos tiempo sentados y encontrar una actividad que disfrutemos puede ser mucho más efectivo que proponernos rutinas imposibles de sostener. La clave es la constancia”, destaca el médico cardiólogo Miguel Schiavone, jefe de la Unidad de Hipertensión Arterial, Cardiometabolismo y Dislipemia del Hospital Británico.
COMER MEJOR, NO PERFECTO
Una alimentación cardioprotectora no depende de un alimento en particular, sino del patrón alimentario en su conjunto. Por eso se recomienda priorizar verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos, semillas y fuentes saludables de proteínas y grasas.
A la vez, es importante limitar el exceso de sodio, los azúcares agregados y los alimentos ultraprocesados. El objetivo no es sostener una dieta perfecta durante unas pocas semanas, sino construir una manera de alimentarse saludable que pueda mantenerse en el tiempo.
DORMIR BIEN Y MANEJAR EL ESTRÉS
El descanso también forma parte del cuidado cardiovascular. En los adultos se recomienda, en términos generales, dormir entre 7 y 9 horas por noche. Dormir poco o mal de manera persistente se asocia con alteraciones metabólicas y con un peor control de diferentes factores de riesgo cardiovascular.
El estrés crónico también puede afectar la salud, tanto por sus efectos sobre el organismo como porque puede favorecer hábitos menos saludables: dormir peor, abandonar la actividad física, alimentarse de manera inadecuada o aumentar el consumo de tabaco o alcohol.
“Hoy entendemos la prevención cardiovascular de una manera mucho más integral. Moverse, alimentarse bien, dormir adecuadamente, manejar el estrés y no fumar son verdaderas herramientas para cuidar el corazón. No se trata de cambiar toda nuestra vida de un día para otro, sino de incorporar pequeños cambios que podamos sostener en el tiempo”, señala la médica cardióloga Mariana Orozco Tapia, fellow en Hipertensión Arterial, Cardiometabolismo y Dislipemias del Hospital.
DEJAR DE FUMAR
Abandonar el cigarrillo es una de las medidas de mayor impacto para proteger el corazón y las arterias. Los beneficios aparecen independientemente de la edad o del tiempo que se haya fumado.La recomendación también alcanza a la exposición al humo de segunda mano y al consumo de productos de tabaco y nicotina.
CONOCER LOS FACTORES DE RIESGO
Con todo, los hábitos saludables no reemplazan los controles médicos. La hipertensión, el colesterol elevado y la diabetes pueden permanecer durante años sin producir síntomas, por lo que conocer la presión arterial, el colesterol y la glucemia permite detectar factores de riesgo de manera temprana.
También es importante evaluar los antecedentes personales y familiares y realizar controles periódicos. De ese modo, la prevención no queda limitada a los hábitos cotidianos, sino que incluye el seguimiento de aquellos factores que pueden afectar la salud cardiovascular.
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