¿Cuánto cambiaría una ciudad si, por un día, buena parte de sus autos quedara estacionada? Menos estrés, menos ruido y más espacio para caminar, pedalear o simplemente moverse sin quedar atrapado en un embotellamiento. Esa es la idea que cada 22 de septiembre propone el Día Mundial Sin Auto.
La consigna es sencilla: dejar el vehículo particular en casa y buscar otra manera de llegar al trabajo, hacer las compras o trasladarse por la ciudad. Puede ser el colectivo, la bicicleta o los propios pies. Más que una prohibición, la jornada busca poner en discusión una costumbre incorporada a la vida cotidiana. El objetivo es concientizar sobre los efectos del uso masivo del automóvil y promover alternativas de transporte público más eficientes y seguras. También plantea la necesidad de contar con espacios adecuados para peatones y bicicletas, con la mira puesta en ciudades más limpias y silenciosas.
Pero hay otro aspecto detrás de la propuesta: moverse sin auto también significa hacer actividad física. Caminar o andar en bicicleta puede contribuir a reducir la contaminación y, al mismo tiempo, ofrecer beneficios para la salud. También permite evitar dos de los problemas más habituales de las grandes ciudades: los embotellamientos y la búsqueda de un lugar donde estacionar.
UNA IDEA QUE NACIÓ DE UNA CRISIS
Aunque la celebración actual tiene un perfil ambiental y urbano, su historia está relacionada con una crisis energética. En 1973, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) interrumpió sus ventas a los países que habían apoyado a Israel durante la guerra de Yom Kipur. La decisión provocó una crisis energética en Estados Unidos, donde se racionó la gasolina y se adoptaron distintas medidas destinadas a reducir el consumo. En ese contexto comenzaron a surgir propuestas para desalentar el uso del automóvil.
Pasaron dos décadas hasta que la idea tomó una forma concreta. En 1994, Reikiavik, La Rochelle y Bath organizaron las primeras jornadas destinadas a promover esta causa. Gran Bretaña se convirtió en el primer país en adoptar oficialmente el Día Mundial Sin Auto en 1997. En 2000, la Comisión Europea formalizó la celebración y la incorporó a la “semana europea de la movilidad”. Poco después, la iniciativa comenzó a extenderse por América Latina y llegó también a ciudades como Buenos Aires, México y Bogotá.
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