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El ataque aéreo que sacudió a EE UU y la inédita reconciliación con el piloto japonés

Las costas de Oregón se convirtieron en el escenario del único bombardeo registrado sobre el territorio continental de los Estados Unidos. Décadas después de aquel ataque en los bosques de Brookings, el aviador imperial regresó al lugar de los hechos para transformar la rivalidad bélica en un vínculo permanente de hermandad

Por Redacción

Segunda Guerra Mundial. Eran las primeras horas de la mañana del 9 de septiembre de 1942. Las aguas de la costa oeste norteamericana vieron emerger la proa del submarino japonés I-25, al oeste de Cabo Blanco. De la escotilla salieron el oficial Nobuo Fujita y el suboficial Okuda Shoji con una indicación clara: concretar un ataque aéreo en el área forestal de la ciudad portuaria de Brookings.

Para ejecutar la operación se utilizó un hidroavión biplaza Yokosuka E14Y, conocido como "Glen", el cual fue ensamblado en la cubierta de proa y colocado sobre el sistema de lanzadera. Fujita, un experimentado piloto de la armada japonesa desde 1933 con misiones previas de reconocimiento en Australia, Nueva Zelanda y Alaska, posicionó la aeronave a unos 500 pies de altura. Su cometido principal no buscaba generar víctimas civiles, sino arrojar dos bombas incendiarias de 76 kilogramos para desatar un incendio forestal masivo que quebrantara la sensación de seguridad en la población estadounidense.

Incendios bajo control y contraataque militar

El plan nipón se topó con imprevistos climáticos y la rápida intervención local. Howard "Razz" Gardner divisó el humo desde la torre de observación en el monte Emily, dentro del Bosque Nacional Siskiyou, y dio aviso a la oficina de despacho. Junto al vigía Keith V. Johnson, enviado desde la torre de Bear Wallow, lograron contener las llamas en Wheeler Ridge, a unos 16 kilómetros al este de Brookings. La humedad provocada por una lluvia reciente y la falta de altura adecuada en el lanzamiento impidieron que los artefactos explosivos propagaran el fuego.

Tras completar la descarga, los aviadores acuatizaron cerca del submarino, donde la tripulación subió la aeronave a la cubierta, la resguardó en el hangar y se sumergió para eludir la detección. Aunque una patrulla de la Fuerza Aérea estadounidense atacó a la embarcación frente a Port Orford causándole daños menores, la nave logró ocultarse en el fondo oceánico. Tres semanas más tarde, el 29 de septiembre, Fujita realizó un segundo vuelo guiándose por el faro de Cabo Blanco y lanzó más bombas tras 90 minutos de trayecto hacia el este, aunque este evento pasó inadvertido para las autoridades locales. Mientras la prensa japonesa celebró el episodio como una gran hazaña, los periódicos norteamericanos obviaron la noticia.

Las secuelas del ataque de Japón en Estados Unidos

El despliegue previo de la nave corsaria en Oregón

El sumergible I-25, comandado por el teniente de navío Akiji Tagami, ya contaba con antecedentes de incursión en la zona. Con una estructura portaeronaves de 109 metros de eslora y 9,3 metros de manga, la nave disponía de un hangar detrás de la torre de mando capaz de alojar hasta tres aviones desmontados.

En diciembre de 1941, la unidad atacó dos buques petroleros en la desembocadura del río Columbia y dañó al S.S. Connecticut mediante un torpedoeo frente a Fort Stevens, cuyas defensas no respondieron para no revelar su ubicación. Más tarde, la noche del 21 de junio de 1942, el sumergible eludió campos de minas y disparó 17 proyectiles con su cañón de cubierta de 5,5 pulgadas contra Fort Stevens. Este hecho convirtió al fuerte en la única instalación militar en el territorio continental estadounidense en ser cañoneada por un buque de guerra extranjero desde la contienda de 1812.

Antes de emprender el retorno a Japón, el submarino torpedeó y hundió las embarcaciones SS Camden y SS Larry Doheny. Durante la travesía, también hundió por error al sumergible soviético L-16 en tránsito entre Dutch Harbor y San Francisco, al confundirlo con una nave norteamericana en momentos en que Japón y la Unión Soviética no mantenían un estado de guerra.

La transformación del enemigo en ciudadano ilustre

Finalizada la contienda bélica —en la que Okuda falleció en un ataque kamikaze en 1944 y Fujita se dedicó al entrenamiento de pilotos suicidas antes de dedicarse a la fabricación de cables de cobre y la venta de ferretería en la prefectura de Ibaraki—, la historia tomó un rumbo imprevisto. En 1962, la Cámara de Comercio Juvenil de Brookings extendió una invitación a Fujita para asistir como invitado de honor al Festival de la Azalea. La iniciativa generó resistencia entre algunos veteranos de guerra locales, pero el gobierno japonés garantizó que no sería procesado como criminal de guerra y el proyecto se concretó como un símbolo de reconciliación.

Nobuo Fujita, el único piloto japonés que bombardeó territorio continental estadounidense

Temeroso de recibir agresiones e insultos, Fujita viajó con la intención de emplear la katana de su familia —una pieza con 400 años de antigüedad— para realizar el ritual de seppuku en caso de sufrir un recibimiento hostil. Sin embargo, el pueblo lo acogió con honores de jefe de Estado, el alcalde le otorgó las llaves de la ciudad y le permitieron pilotar una avioneta sobre la zona. En agradecimiento, donó la espada familiar a la comunidad junto con 1.000 dólares destinados a la compra de libros sobre la cultura japonesa para la biblioteca municipal, gesto que fue elogiado por medio de una carta de felicitación de un asistente del presidente Ronald Reagan.

Vínculo perdurable y homenaje póstumo

Los viajes de la familia Fujita a Oregón se repitieron en 1990, 1992 y 1995. Durante la visita de 1992, al conmemorarse 50 años del ataque, el antiguo piloto plantó un ejemplar de secuoya en el sitio exacto del bosque donde habían caído las bombas incendiarias, momento en que las autoridades locales instituyeron el 25 de mayo como el Día de Nobuo Fujita. En 1995, la mítica katana fue trasladada a una vitrina en la nueva sede de la biblioteca.

Días antes de su fallecimiento por cáncer a los 85 años, ocurrido el 30 de septiembre de 1997 en un hospital de Tsuchiura, el ayuntamiento de Brookings le confirió el título de ciudadano honorario. Cumpliendo con su última voluntad, su hija viajó a Oregón para esparcir parte de sus cenizas junto a la secuoya que señala el lugar donde cayeron aquellos proyectiles de 1942.

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