Los rayos representan un peligro para los animales que permanecen en espacios abiertos durante una tormenta, especialmente cuando una descarga eléctrica alcanza el suelo y la corriente se transmite a través de sus extremidades. En los caballos, la separación entre las patas puede favorecer diferencias de potencial eléctrico capaces de provocar lesiones graves o incluso la muerte. Una tragedia ocurrida en el Jockey Club de San Isidro volvió a poner el foco sobre estos riesgos, después de que cuatro yeguas murieran durante una práctica de polo.
El episodio se produjo en la cancha número 6 de la institución, cuando una tormenta sorprendió a los participantes del entrenamiento. Un rayo alcanzó a un grupo de animales y provocó la muerte inmediata de cuatro ejemplares. Otras dos yeguas también cayeron al suelo, aunque lograron reincorporarse y permanecen bajo observación veterinaria.
La descarga afectó además a un petisero que se encontraba en las inmediaciones. Según los testimonios recogidos, la fuerza del impacto lo desplazó aproximadamente tres metros, por lo que fue trasladado a un sanatorio cercano para realizarle controles preventivos. No se registraron personas con heridas de gravedad.
La intensidad del fenómeno quedó reflejada en los daños que sufrieron los elementos de protección de los caballos. Las mantas y vendas resultaron deterioradas y los animales presentaban signos de quemaduras en el pelaje, especialmente en la zona de las extremidades.
Los rayos liberan una enorme cantidad de energía y que la corriente eléctrica puede atravesar el cuerpo de los animales o circular entre sus patas cuando se propaga por el terreno. Uno de los factores que incrementan el riesgo en animales de gran tamaño es la distancia entre sus extremidades.
Cuando un rayo impacta en el suelo, la electricidad puede generar diferencias de tensión entre distintos puntos del terreno. Si las patas de un caballo están apoyadas sobre zonas con diferente potencial eléctrico, la corriente puede atravesar su organismo.
Este fenómeno, conocido como tensión de paso, puede afectar también a otros animales y a las personas. Su gravedad depende de distintos factores, como la intensidad de la descarga, las características del terreno y la posición del cuerpo.
Las consecuencias pueden ser inmediatas y fatales, pero también existen casos en los que los animales sobreviven y presentan lesiones que requieren atención especializada.
Las secuelas que pueden sufrir los animales
Las dos yeguas que consiguieron levantarse después de la descarga permanecen bajo seguimiento veterinario, debido a que los efectos de un rayo no siempre se manifiestan completamente en el momento del impacto.
Según explicó el especialista consultado, este tipo de episodios puede provocar lesiones de distinta gravedad, entre ellas daños auditivos y rotura de los tímpanos.
También pueden producirse alteraciones neurológicas, lesiones musculares y otras complicaciones asociadas al paso de la corriente eléctrica por el organismo.
En el caso de los caballos utilizados para la práctica del polo, estas consecuencias adquieren especial importancia, ya que se trata de animales que necesitan mantener condiciones físicas y de coordinación adecuadas para desarrollar una actividad deportiva exigente.
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