El crecimiento del uso de la semaglutida para bajar de peso aparece como uno de los principales factores detrás de la decisión de reforzar los controles.
Antes de que desembarcaran en Argentina las presentaciones específicamente aprobadas para tratar la obesidad, algunos profesionales recurrieron al denominado uso “fuera de prospecto”, es decir, indicaban Ozempic —registrado para diabetes— con fines de adelgazamiento. Esa práctica, si bien puede formar parte del criterio médico en determinadas circunstancias, incrementó significativamente la demanda del medicamento.
Desde las prepagas sostienen que el gasto destinado a la cobertura de la semaglutida comenzó a crecer a un ritmo muy superior al esperado por el aumento de los casos de diabetes tipo 2. Esa diferencia entre la evolución epidemiológica y el incremento del consumo despertó sospechas sobre un uso que excedía las indicaciones autorizadas.
Médicos que trabajan con personas con diabetes aseguran que el cambio de criterio fue abrupto. Señalan que numerosos pacientes que cumplían con todas las indicaciones médicas dejaron de recibir autorización de un día para otro, mientras que quienes intentan comenzar el tratamiento encuentran cada vez más obstáculos administrativos.
También advierten que cerca del 80% de las personas con diabetes tipo 2 presentan sobrepeso u obesidad, por lo que ambas enfermedades suelen coexistir. En ese contexto, remarcan que resulta necesario diferenciar los casos de uso indebido de aquellos pacientes que realmente requieren la medicación para controlar una enfermedad metabólica compleja.
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