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Envejecimiento poblacional: quién cuidará a los que necesiten ser cuidados

El aumento de la longevidad y la caída de la natalidad plantean un reto que ya es tema de preocupación en el sector sanitario: quiénes podrán brindar los cuidados que demandará una población más envejecida

El envejecimiento poblacional trae aparejado un aumento de personas con limitaciones físicas y enfermedades.

Por Redacción

Argentina avanza hacia una sociedad cada vez más longeva y eso abre una pregunta que el sistema sanitario ya no puede postergar: ¿quién cuidará a quienes necesiten ayuda para vivir su vida cotidiana? Para 2040 habrá alrededor de 10 millones de personas mayores de 60 años y el crecimiento más marcado se dará entre quienes tengan 80 años o más, justamente el grupo con mayores probabilidades de necesitar apoyos permanentes.

El interrogante fue eje de un congreso organizado por la Asociación de Clínicas, Sanatorios y Hospitales Privados de Argentina y la Cámara de Entidades de Diagnóstico y Tratamiento Ambulatorio hace unos días atrás. En él médicos, directivos y especialistas analizaron cómo adaptar el sistema sanitario a una población con más adultos mayores y advirtieron que el problema no pasa solamente por cuántas personas necesitarán cuidados, sino también por quiénes estarán dispuestos a brindarlos.

Si bien el hecho de que más personas alcanzan edades que antes eran excepcionales constituye una conquista sanitaria y social, esta conquista trae aparejado un aumento de la población con limitaciones físicas, fragilidad, deterioro cognitivo, enfermedades crónicas o dificultades para realizar actividades cotidianas como bañarse, vestirse, cocinar, movilizarse o administrar medicamentos.

Esto implica una mayor demanda de cuidados de larga duración: asistencia en el domicilio, centros de día, cuidadores, teleasistencia, viviendas con apoyos o residencias especializadas. El problema -señalaron varios especialistas en el Congreso- es que estas alternativas todavía no conforman un sistema único, accesible y claramente organizado. Hoy el acceso a ellas depende de un gran número de factores como la cobertura, el lugar de residencia, los ingresos, la disponibilidad de servicios y la capacidad de cada familia para encontrar una respuesta.

Es así que, cuando esa respuesta no existe o se demora, la necesidad de cuidado se traslada al ámbito familiar: una hija, esposa, hermana o nuera termina organizando turnos médicos, preparando comidas, supervisando medicamentos, haciendo trámites, contratando cuidadores y acompañando durante la noche. Y allí aparece una segunda dimensión del problema: quién cuida a quienes cuidan. En muchos hogares argentinos, quien asume esa tarea también es una persona mayor.

EL VERDADERO RECURSO ESCASO

La situación adquiere mayor complejidad por los cambios demográficos y sociales. La reducción del tamaño de los hogares, la menor cantidad de hijos, el crecimiento de las familias unipersonales y la mayor participación de las mujeres en el mercado laboral reducen la capacidad familiar para responder a una demanda que crece y el sistema de salud no parece preparado a afrontar.

Y es que, como señala Marcelo Rohr, director de los Centros Hirsch, el sistema sanitario fue construido sobre una disponibilidad de personas jóvenes dispuestas a cuidar que ya no puede darse por garantizada. De ahí que para él “la gran discusión sanitaria de las próximas décadas no será cuántas personas necesitarán cuidados; sino cuántas seguirán dispuestas a proporcionarlos”.

“No sólo importará cuántas personas existirán en edad de estudiar. Importará también cuántas considerarán razonable organizar su vida alrededor de las condiciones históricas del trabajo sanitario”, señala Rohr.

Si bien la inteligencia artificial y la automatización pueden aumentar la productividad y optimizar procesos, Rohr señala la existencia de una frontera entre “lo automatizable” y “lo irremplazable” que se involucra la escucha, la paciencia, la presencia y el acompañamiento frente a la fragilidad, la dependencia o el final de vida. “La medicina puede tecnificarse, pero el cuidado sigue necesitando tiempo humano”, sostiene el especialista, para quien el verdadero recurso escaso del siglo XXI podría ser la disposición humana sostenida a cuidar de otros.

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