El 4 de agosto de 1886, después de casi tres décadas de persecuciones, fugas y enfrentamientos, Gerónimo depuso finalmente las armas en la Sierra Madre. Aquel día, un pequeño grupo de apaches exhaustos se entregó al ejército de Estados Unidos. Con ellos terminaba la resistencia de uno de los personajes más controvertidos y fascinantes de la historia de la frontera entre México y Estados Unidos.
Con el paso de los años, su figura dejaría de ser solamente la de un guerrero perseguido para transformarse en una leyenda del Viejo Oeste.
¿Quién fue Gerónimo?
Gerónimo había nacido el 16 de junio de 1829, cerca del río Gila, en un territorio que entonces pertenecía a Sonora, México. Su nombre era Goyaalé, que en la lengua de los apaches bedonkohe significa "el que bosteza". El nombre Gerónimo, con el que sería conocido para siempre, habría surgido de una deformación mexicana de su nombre original.
Su pueblo no era, en realidad, la comunidad exclusivamente guerrera que después mostrarían los relatos del Oeste. Los apaches llevaban una vida mayormente sedentaria y cultivaban maíz, porotos y papas. Sus vínculos con las poblaciones mexicanas eran, en general, pacíficos. Todo cambió en 1858.
Ese año, tropas del gobernador de Sonora asesinaron a la madre de Gerónimo, a su primera esposa y a sus tres hijos. La tragedia marcó para siempre su vida. Desde entonces, juró vengarse y encontró en Cochise, uno de los principales jefes chiricahuas, a un aliado para iniciar una larga etapa de ataques contra poblaciones mexicanas.
Alrededor de Gerónimo comenzó a crecer, además, una imagen casi sobrenatural. Se decía que era un hombre "medicina", con poderes capaces de hacer que los rifles enemigos fallaran y de proteger de las balas a quienes luchaban junto a él.
Las reservas y las últimas rebeliones de Gerónimo
La situación de los apaches cambió nuevamente en 1871, cuando Cochise aceptó rendirse. Su pueblo fue enviado a distintas reservas de Nuevo México y Arizona, aunque la aparente paz no duraría demasiado. En 1877, Gerónimo fue detenido durante lo que se suponía que era una negociación. Permaneció encadenado y encarcelado durante cuatro meses, hasta ser trasladado a la reserva de San Carlos. Pero el encierro no consiguió detenerlo.
El 30 de septiembre de 1881, unos 375 apaches, entre ellos 74 guerreros, escaparon de la reserva bajo su liderazgo. La fuga dio paso a una nueva ola de enfrentamientos y violencia.
Meses más tarde, Gerónimo regresó a la reserva con la intención de "liberar" a un grupo de chihenes. Según los testimonios de la época, fueron llevados por la fuerza y a punta de fusil. La posterior huida terminó convirtiéndose en uno de los episodios más sangrientos de las guerras entre apaches y los ejércitos de ambos países. Una parte importante de los indígenas que habían sido liberados terminó siendo aniquilada por tropas mexicanas.
A partir de entonces, Gerónimo pasó a ser uno de los principales objetivos tanto de México como de Estados Unidos.
En 1883, el general George Crook recibió autorización para operar en territorio mexicano y consiguió cercar al líder apache en la Sierra Madre. Gerónimo aceptó rendirse después de recibir la promesa de que recibiría un trato justo. Pero la calma volvió a durar poco.
Cada vez más perseguido, con problemas vinculados al alcohol y con un respaldo decreciente entre los propios apaches, Gerónimo protagonizó una nueva fuga en 1885. Sería la última gran rebelión de su vida.
"Una vez fui como el viento"
Con soldados y cazarrecompensas detrás de él y el temor de terminar nuevamente en manos mexicanas, Gerónimo volvió a negociar con Crook. El encuentro fue acordado para el 25 de marzo de 1886, pero tuvo un desenlace insólito: Gerónimo y sus lugartenientes llegaron completamente ebrios.
Crook fue terminante y les planteó que debían rendirse o serían perseguidos hasta ser derrotados. Gerónimo, finalmente, aceptó. "Me entrego. Una vez fui como el viento. Ahora me entrego ante ti, y eso es todo", habría dicho. Sin embargo, aquella rendición tampoco sería definitiva.
Gerónimo volvió a escapar y recién el 4 de agosto de 1886, después de ser perseguido durante años, se produjo la entrega final. Apenas una treintena de hombres permanecía a su lado. Para conseguir su captura fue decisiva la colaboración de otros apaches chiricahuas que se habían alineado con el gobierno estadounidense. Aquella vez ya no habría otra fuga.
El guerrero convertido en atracción del Viejo Oeste
Después de rendirse, Gerónimo fue enviado junto con su gente a Fort Sill, en Oklahoma. Allí pasó los últimos 23 años de su vida, convertido paradójicamente en granjero y prisionero. Pero fue durante su cautiverio cuando su nombre terminó de convertirse en leyenda.
El antiguo guerrero apache pasó a formar parte de espectáculos y ferias dedicadas al Viejo Oeste. Vendía arcos, flechas y fotografías autografiadas de sí mismo. También participó junto a otros líderes indígenas prisioneros en las exposiciones universales de Búfalo, en 1901, y San Luis, en 1904.
En 1905, incluso formó parte del desfile inaugural del presidente Theodore Roosevelt. También dictó una autobiografía en la que su figura apareció presentada como la de un luchador por la libertad de su pueblo. En ese relato, sin embargo, quedaron en segundo plano algunos de los episodios más violentos de su trayectoria.
La imagen del feroz guerrero perseguido por los ejércitos de dos países había comenzado a transformarse en un personaje del espectáculo.
Una muerte lejos de las batallas
Gerónimo murió muy lejos de los campos de batalla en los que había construido su reputación. El alcohol, que lo había acompañado durante buena parte de su vida adulta, terminó teniendo un papel indirecto en su muerte. En febrero de 1909, completamente ebrio, cayó de su caballo mientras se encontraba cerca de un río helado en Oklahoma.
Pasó toda la noche sumergido en el agua. Días después, el 17 de febrero, murió a los 79 años a causa de una neumonía.
Para entonces, el hombre que durante décadas había sido perseguido como uno de los últimos grandes líderes de la resistencia apache ya se había convertido en un personaje legendario. Pero incluso dentro de su propia familia, esa imagen heroica era cuestionada. Su hija Naiche resumió años después una mirada mucho más dura sobre su padre: "No era un buen hombre. Nunca oí nada bueno de él. La gente nunca dice que hizo cosas buenas".
A más de un siglo de su muerte, Gerónimo permanece como una figura difícil de encasillar. Fue un hombre marcado por la venganza, un guerrero perseguido durante años, un líder de la resistencia apache y, finalmente, un personaje convertido en espectáculo. Su historia quedó atrapada entre la realidad de las guerras de frontera y la leyenda que construyó el imaginario del Viejo Oeste.
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