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¿Hacia un nuevo desorden global? Las señales de colapso que el mundo prefiere ignorar

En un revelador análisis publicado por el prestigioso medio estadounidense, la célebre historiadora Margaret MacMillan traza un paralelismo entre las crisis contemporáneas y los preludios de las grandes revoluciones de la historia. El repliegue de Estados Unidos, el avance descontrolado de la inteligencia artificial y el impacto climático configuran un escenario crítico para el que los líderes mundiales no parecen estar preparados

Foto: IA

Por Redacción

La calma que precede a la tormenta suele enviar señales claras, aunque frecuentemente ignoradas. En las vísperas de los grandes cataclismos, la marea retrocede más de lo habitual o el viento se detiene de forma abrupta, pero la tendencia humana a la negación suele catalogar esos indicios como simples perturbaciones pasajeras. Esta inercia cognitiva, que lleva a las sociedades estables a creer que sus sistemas son eternos, es el eje central de un profundo ensayo de la historiadora de la Universidad de Oxford, Margaret MacMillan, publicado por el prestigioso periódico estadounidense The New York Times.

La especialista advierte que la complacencia de las elites contemporáneas se asemeja de manera alarmante a la ceguera de los personajes de "La Peste", la clásica novela de Albert Camus. En aquella ficción situada en la ciudad argelina de Orán, los ciudadanos y las autoridades locales decidieron desestimar la aparición masiva de ratas muertas en las calles hasta que la epidemia ya se había vuelto incontrolable. Hoy, según MacMillan, los síntomas de un quiebre sistémico están a la vista de todos, pero la inacción y el optimismo ingenuo, digno del doctor Pangloss de Voltaire, dominan la agenda internacional.

 Las "ratas muertas" del siglo XXI: las alarmas que la política decide omitir

El paralelismo con la obra de Camus no es meramente literario; se traduce en hechos tangibles que configuran la realidad de este año 2026. La historiadora enumera cuatro grandes factores críticos que actúan como las "ratas muertas" de nuestra época:

Emergencia climática fuera de control

Las temperaturas extremas han vuelto a romper récords consecutivos a lo largo del verano, acompañadas por sequías severas e incendios forestales incontrolables que devoran vastas regiones del planeta.

Deuda pública en máximos históricos

Las principales economías avanzadas enfrentan pasivos financieros que comprometen su estabilidad a largo plazo y reducen su margen de maniobra ante futuras crisis.

Recortes en asistencia humanitaria y sanitaria

La drástica reducción de fondos destinados a la ayuda médica y alimentaria global, con un rol preponderante del repliegue de Estados Unidos, ya está provocando muertes evitables y pavimentando el camino para el surgimiento de nuevas pandemias.

El auge desregulado de la inteligencia artificial

El vertiginoso desarrollo de la tecnología de IA avanza sin marcos normativos claros, amenazando no solo el empleo y la ciberseguridad, sino planteando riesgos existenciales en sus proyecciones más sombrías.

Frente a esta acumulación de tensiones, la sociedad global prefiere evadirse mediante el consumo digital y el entretenimiento, delegando el pensamiento crítico en algoritmos mientras el andamiaje geopolítico construido tras la Segunda Guerra Mundial se desmorona a gran velocidad.

Lecciones de la historia: tres revoluciones inevitables y una reforma a tiempo

Para comprender las consecuencias de aferrarse a un sistema obsoleto, MacMillan propone repasar los antecedentes históricos y analiza tres procesos revolucionarios que transformaron el mapa político, contrapuestos con un caso de adaptación exitosa.

El ejemplo más nítido se remonta a la Francia de fines del siglo XVIII. Considerada la mayor potencia militar terrestre de Europa, la monarquía se encontraba en una quiebra de facto, asfixiada por las deudas contraídas para financiar la derrota de Gran Bretaña en la Revolución Americana. Mientras la nobleza y el clero mantenían un estilo de vida extravagante y corrupto, la clase media emergente se veía sistemáticamente excluida de las decisiones políticas, y las clases populares se hundían en la hambruna y la desesperación. Las ideas de la Ilustración actuaron como el catalizador definitivo sobre una estructura rígida que se creía sólida y que colapsó de manera repentina en 1789.

Esta falta de previsión y rigidez institucional se replicó en las revoluciones de Rusia en 1917 y China en la primera mitad del siglo XX, donde la obstinación de los gobernantes por mantener el statu quo precipitó transiciones violentas y traumáticas.

La contrapartida virtuosa fue la Gran Bretaña de 1832. Ante una inminente marea revolucionaria que amenazaba con desestabilizar el reino, la elite británica comprendió que la supervivencia del sistema exigía concesiones profundas. Mediante la aprobación de la reforma electoral de ese año, el parlamento amplió la representación política, canalizando el descontento social por vías institucionales y evitando el derramamiento de sangre que asoló al resto del continente.

El repliegue de Washington y el desafío de un multilateralismo activo

El ensayo publicado por The New York Times hace especial hincapié en que la era del liderazgo incuestionable de Estados Unidos como garante del orden mundial ha comenzado a cerrarse. La política de repliegue estratégico promovida bajo la administración de Donald Trump, fundamentada en la transferencia de responsabilidades de defensa a los aliados regionales, marca un punto de no retorno en la arquitectura de seguridad global.

En este nuevo escenario de fragmentación, diversas potencias medianas y regionales ya se encuentran recalculando sus alianzas y adaptando sus políticas exteriores a un mundo multipolar. La estabilidad futura no se logrará intentando resucitar instituciones debilitadas ni mediante quejas estériles desde las redes sociales.

La advertencia final de MacMillan es un llamado a la acción directa: para que el nuevo orden internacional que está emergiendo refleje valores de cooperación y equidad, es indispensable una participación activa y comprometida de los actores globales. Quienes decidan ignorar el fallecimiento de las viejas reglas del juego quedarán inevitablemente a merced de la tormenta.

Nota original: https://www.nytimes.com/2026/09/01/opinion/world-order-international-relations.html

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