TEMAS DE HOY:
PUBLICIDAD

Historia, tortura y metamorfosis de Guy Fawkes de villano a ícono global

Se lo conoció como el complot de la pólvora y rozó la tragedia real porque una conspiración católica pretendió volar el Parlamento de Londres en 1605

El conspirador ante el Parlamento iluminado. En 1605 fracasó en Londres el intento de Guy Fawkes y un grupo de católicos por hacer explotar el Parlamento británico

Por Redacción

"Recuerda, recuerda, el 5 de noviembre, el complot y traición de la pólvora. Porque no veo razón por la cual la Traición de la Pólvora debería ser olvidada". Este verso popular se repite en Inglaterra desde hace más de cuatrocientos años. Lo que nació como una reivindicación del anglicanismo y de la monarquía británica se transformó, con el devenir de las décadas, en una consigna sobre la posibilidad de desafiar a las estructuras del poder dominante.

La cicatriz histórica del 5 de noviembre de 1605 rememora la llamada "Conspiración de la Pólvora", un plan secreto diseñado para asesinar a las máximas autoridades políticas del país, con el rey Jacobo I a la cabeza, en el marco de una encarnizada disputa religiosa que cambió para siempre el rumbo de la isla.

Con el transcurso de los siglos, la percepción sobre aquel intento de magnicidio sufrió una metamorfosis radical. Las representaciones gráficas atribuidas a Guy Fawkes inspiraron la máscara del personaje V en la célebre historieta "V for Vendetta", creada por Alan Moore y David Lloyd, cuya posterior adaptación cinematográfica masificó su alcance global. La figura del conspirador católico dejó de ser vista exclusivamente como la de un criminal para convertirse en el emblema adoptado por comunidades virtuales como Anonymous y por diversos movimientos sociales que apelan a su estampa como ícono de anarquía, denuncia y lucha contra los abusos de autoridad.

Fines confiscatorias y persecución: la grieta entre anglicanos y católicos

Las raíces del enfrentamiento se remontan al siglo XVI, cuando el rey Enrique VIII tomó el control de la Iglesia en Inglaterra y rompió los lazos oficiales con el Papa de Roma para instaurar el anglicanismo. Hacia comienzos del 1600, pese a la hegemonía anglicana, miles de ciudadanos ingleses mantenían su fe católica en la clandestinidad. El Estado combatía esta postura mediante el denominado "recusantismo", una figura legal que castigaba a quienes se negaban a asistir a los servicios religiosos oficiales.

Las sanciones económicas resultaban asfixiantes para la comunidad católica. Las familias de mayor poder adquisitivo debían abonar multas de hasta 20 libras esterlinas mensuales o entregar dos tercios de sus ingresos por arrendamientos, mientras enfrentaban el riesgo permanente de ir a prisión o ser ejecutados.

La muerte de la reina Isabel I en 1603 alimentó esperanzas de flexibilización tanto en los católicos locales como en los exiliados, ya que el nuevo monarca, Jacobo I, era hijo de la ejecutada reina María de Escocia, de fe católica. Aunque en sus primeros meses de gestión mostró cierta moderación, la postura de Jacobo I se endureció velozmente. El rey proclamó que la paz social requería "profesar la verdadera religión", y en febrero de 1604 ordenó la expulsión de todos los sacerdotes católicos y jesuitas del territorio inglés, reinstaurando las multas por recusantismo que habían sido suspendidas temporalmente.

La red secreta: aristócratas, soldados y un experto en explosivos

Ante el cierre de cualquier vía de tolerancia, comenzó a gestarse la "Conspiración de la Pólvora" bajo el liderazgo de Robert Catesby, un aristócrata perteneciente a una prominente familia de las clases altas. Catesby, quien ya había formado parte en 1601 de la Revuelta de Essex contra Isabel I, reclutó inicialmente a John Wright, también veterano de aquel levantamiento. En 1603 enviaron una misión diplomática a la corte del rey Felipe III de España buscando apoyo para una invasión armada a Inglaterra, pero la gestión no prosperó.

En febrero de 1604 realizaron un segundo intento ante las autoridades españolas con la incorporación de Thomas Wintour, un erudito y soldado de amplia trayectoria militar. Pese a que España rechazó involucrarse debido a sus intenciones de mantener la paz con la Corona británica, el viaje sirvió para sumar a las filas del complot a Guy Fawkes.

Fawkes había nacido en el seno de un hogar protestante, pero adoptó el catolicismo luego de que su madre se casara en segundas nupcias con un practicante católico señalado como recusante. Durante más de una década combatió en el ejército español en la Guerra de los Ochenta Años contra los neerlandeses protestantes, adquisición militar que lo convirtió en un calificado experto en explosivos. Convencido por Wintour, Fawkes regresó a Inglaterra en abril de 1604. El 20 de mayo de ese mismo año, los cinco conspiradores iniciales se reunieron en secreto y juraron sobre un libro de oraciones católicas mantener bajo absoluta confidencialidad el plan para asesinar a Jacobo I.

Bajo la Cámara de los Lores, 54 quintales de pólvora

El plan trazado por el grupo fijó como objetivo hacer volar el Palacio Legislativo el 5 de noviembre de 1605, durante la ceremonia anual de apertura de las sesiones del Parlamento. La meta principal era erradicar al rey Jacobo I y a los máximos referentes de la política inglesa; paralelamente, planeaban secuestrar a la princesa Isabel, de nueve años e hija del monarca, para instalarla en el trono bajo la religión católica.

Para la logística operativa, Thomas Percy alquiló una finca contigua al edificio parlamentario, donde Fawkes circulaba utilizando la falsa identidad de "John Johnson", supuestamente sirviente de Percy. Tras fracasar en el intento inicial de excavar un túnel que conectara la propiedad con la Cámara de los Lores, en marzo de 1605 Percy logró arrendar un depósito subterráneo ubicado exactamente debajo de dicha cámara. La bodega, que había funcionado como cocina medieval y se encontraba en desuso, ofreció la localización idónea para ocultar el armamento.

Fawkes asumió el acondicionamiento de la carga explosiva. Inició el acopio con veinte barriles de pólvora y para el 20 de julio de 1605 había acumulado 36 barriles, disimulados minuciosamente debajo de voluminosas pilas de leña y carbón. Evaluaciones científicas e históricas efectuadas en el siglo XX determinaron que Fawkes había reunido el doble del explosivo necesario. En caso de haberse concretado la detonación, la Cámara de los Lores se habría reducido a escombros y no habría quedado ningún sobreviviente en un radio de cien metros.

La carta anónima que desbarató el atentado a horas de la detonación

A finales de octubre de 1605, surgieron dudas entre los conspiradores sobre el impacto del atentado en los nobles católicos que asistirían a la ceremonia parlamentaria. El 26 de octubre, el Barón de Monteagle recibió una misiva anónima que le advertía abstenerse de concurrir al Parlamento para evitar recibir un "golpe terrible". Monteagle, cuñado de uno de los involucrados y opuesto a la vía armada, entregó la nota al Conde de Salisbury.

El rey Jacobo I tuvo acceso al documento el 1.º de noviembre a su regreso a Londres y dedujo inmediatamente que la advertencia sugería una amenaza de fuego y pólvora, disponiendo una inspección exhaustiva. El 4 de noviembre, un primer registro identificó el acopio de madera en el depósito arrendado por Percy, donde Fawkes fue visto fingiendo ser el sirviente Johnson.

El monarca exigió un registro más profundo. Durante la noche del 4 de noviembre y las primeras horas del 5 de noviembre, tropas reales ingresaron nuevamente a la bodega y aprehendieron a Fawkes, quien vestía abrigo y sombrero junto a los barriles explosivos. En el operativo se le incautó una linterna que actualmente se conserva en una exhibición museística.

Tortura en la Torre de Londres, juicio por traición y la muerte en el cadalso

Llevado ante el rey, Fawkes mantuvo una conducta desafiante, negándose a revelar la identidad de sus compañeros e insistiendo en que su meta era la destrucción del monarca y del Parlamento. Pese a que Jacobo I expresó cierta admiración por su entereza, ordenó someterlo a torturas progresivas que incluyeron el uso de grilletes y el potro de tormento para desmembrar sus extremidades.

El 7 de noviembre, tras resistir los interrogatorios, Fawkes reveló su verdadero nombre. Los demás conspiradores escaparon hacia la región de los Midlands, pero el 8 de noviembre un contingente de 200 hombres de las fuerzas reales sitió su escondite. Tras un enfrentamiento armado en el que cayeron varios líderes del complot, los sobrevivientes fueron apresados y conducidos a la Torre de Londres; el 9 de noviembre, Fawkes estampó su firma en el documento de rendición.

El juicio a los sobrevivientes se celebró el 27 de enero de 1606. El fiscal general, Sir Edward Coke, calificó el accionar como una "traición jesuita" y los imputados recibieron la condena por alta traición: ser ahorcados, arrastrados y descuartizados. El procedimiento legal implicaba ser arrastrados por caballos, colgados sin llegar a morir, castrados, destripados con quemado de vísceras a la vista del reo, decapitados y descuartizados.

Las ejecuciones públicas tuvieron lugar el 31 de enero de 1606 frente al edificio parlamentario. Al momento de subir al cadalso, Guy Fawkes saltó de la escalera rompiéndose el cuello de forma instantánea, evitando así la agonía prolongada de la mutilación en vida.

De la 'Ley de Observancia' a las hogueras populares

El desbaratamiento del atentado generó alivio en la población e impulsó la sanción de la Ley de Observancia del 5 de noviembre por iniciativa de Jacobo I, normativa que obligó a conmemorar el evento anualmente hasta su derogación en 1859. La festividad, conocida como la Noche de Guy Fawkes, Noche de las Hogueras o Noche de los Fuegos Artificiales, se celebró en sus inicios mediante repique de campanas y encendido de hogueras con un claro sesgo anticatólico y monárquico.

A lo largo del tiempo, la quema ceremonial de efigies de Fawkes confeccionadas por niños fue cediendo espacio a la incineración de muñecos con los rostros de figuras repudiadas por la opinión pública, tales como el Papa, los zares rusos, Margaret Thatcher o Adolf Hitler. La conmemoración perdió progresivamente su matriz sectaria para asentarse como una tradición popular en la cultura británica.

Paralelamente, la figura de Fawkes atravesó una resignificación histórica. La narrativa dominante dejó de percibirlo como el ejecutor de un plan criminal para consagrarlo como la imagen de un hombre dispuesto a desafiar al orden establecido y combatir los abusos del poder sin reparar en las consecuencias.

Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE a esta promo especial
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Registrate gratis para seguir leyendo

Ya leíste varias notas de El Día. Creá tu cuenta gratuita y seguí accediendo al contenido del diario.

¿Ya tenés cuenta? Ingresar

Has alcanzado el límite de notas gratuitas

Suscribite a uno de nuestros planes digitales y seguí disfrutando todo el contenido de El Día sin restricciones.

Básico Promocional mensual

$570/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Suscribirme

Full Promocional mensual

$740/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Acceso a la versión PDF

Beneficios Club El Día

Suscribirme

ESTA NOTA ES EXCLUSIVA PARA SUSCRIPTORES

Para disfrutar este artículo, análisis y más, por favor, suscríbase a uno de nuestros planes digitales

¿Ya tiene suscripción? Ingresar

Básico Promocional mensual

$570/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Suscribirme

Full Promocional mensual

$740/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Acceso a la versión PDF

Beneficios Club El Día

Suscribirme
PUBLICIDAD