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Impacto por El Niño: el mes de explosión primaveral ¿rompe los récords de lluvia?

Si bien suele ser un momento del año en el que las precipitaciones pueden llegar a superar los 100 milímetros, se espera la incidencia final del fenómeno climático. Claves
El fenómeno El Niño incrementa las lluvias en la Región / EL DIA

Por Redacción

El Niño volvió a instalar al Gran La Plata frente a una variable conocida, pero difícil de anticipar: las lluvias intensas. El fenómeno oceánico-atmosférico continúa fortaleciéndose en el Pacífico ecuatorial, mientras los organismos internacionales advierten que podría convertirse hacia finales de 2026 en uno de los episodios más intensos registrados desde mediados del siglo XX. En ese escenario, los registros de precipitaciones de octubre y las lluvias de las últimas semanas vuelven a concentrar la atención sobre La Plata, Berisso y Ensenada.

Desde que comenzó el mes, el portal internacional Weather & Climate informa valores diarios de precipitaciones en La Plata que, sumados hasta ayer a la noche, alcanzaban los 54,2 milímetros. La cifra representa el 50,7% de los 107 milímetros que esa misma plataforma establece como promedio histórico mensual. De acuerdo con esos datos, todavía faltarían 52,8 milímetros para alcanzar la media, cuando restan ocho días completos para que termine octubre. El acumulado debe considerarse provisional, ya que no se dispone de una confirmación independiente de las mediciones correspondientes al cierre de esta jornada.

Las precipitaciones se distribuyeron de manera desigual a lo largo del mes. Según Weather & Climate, el sábado 3 se registraron 14 milímetros; el miércoles 7, otros 12 milímetros; y para este jueves 22 la plataforma muestra 16 milímetros. Estas tres jornadas concentran 42 milímetros, equivalentes al 77,5% del acumulado publicado. Sin embargo, no en toda la Región cayó la misma cantidad de agua y los registros de La Plata no pueden trasladarse automáticamente a Berisso y Ensenada.

El panorama podría modificarse durante los próximos días. Los pronósticos consultados anticipan condiciones de inestabilidad entre este jueves y el domingo 25 de octubre, con posibilidades de nuevas lluvias y tormentas aisladas. Algunas proyecciones extendidas también señalan precipitaciones hacia el miércoles 28, aunque todavía existe incertidumbre sobre su intensidad y distribución.

A nivel global, existe una advertencia que requiere una precisión. El Niño no significa que necesariamente vaya a llover todos los días ni permite pronosticar con meses de anticipación un temporal determinado sobre La Plata. Lo que modifica son las probabilidades y las condiciones de fondo de la atmósfera, que durante la primavera y el verano pueden favorecer excesos de precipitación en el centro-este de la Argentina.

El diagnóstico de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), publicado el 8 de octubre, confirmó que El Niño continuaba fortaleciéndose. Durante septiembre, el índice Niño 3.4 había alcanzado una anomalía de +2,1 grados centígrados, mientras que otros sectores del Pacífico ecuatorial registraron valores todavía superiores.

Hay un dato especialmente significativo. Para el trimestre octubre-diciembre, la NOAA elevó al 83% la probabilidad de que el índice oceánico relativo RONI alcance al menos +2,5 grados, lo que podría superar la intensidad de los episodios anteriores de la serie histórica iniciada en 1950. Es importante distinguir esa proyección del dato observado: no significa que todos los indicadores del Pacífico se encuentren actualmente 2,5 o 3 grados por encima de lo normal.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) también advirtió que el desarrollo de El Niño puede modificar los patrones de precipitaciones en distintas regiones del planeta. El organismo remarca una cuestión central para interpretar los pronósticos: incluso durante un episodio intenso, sus efectos regionales no son automáticos ni idénticos en todos los lugares.

En Argentina, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) identificó durante septiembre condiciones oceánicas y atmosféricas correspondientes a la fase cálida de El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), con calentamiento del Pacífico ecuatorial, debilitamiento de los vientos alisios y valores negativos del índice de Oscilación del Sur. Los modelos indicaban una elevada probabilidad de persistencia del fenómeno durante la primavera.

Por qué El Niño puede potenciar las lluvias en la Región

El mecanismo comienza a miles de kilómetros de Buenos Aires. El calentamiento anómalo del Pacífico ecuatorial altera la circulación atmosférica a escala planetaria. Durante un episodio de El Niño, los vientos alisios se debilitan y las zonas de convección se desplazan, modificando los patrones de presión y las corrientes atmosféricas. Este proceso está relacionado con cambios en la circulación de Walker.

Sin embargo, el agua que finalmente puede descargarse sobre la región pampeana no procede simplemente del Pacífico. Uno de los mecanismos que intervienen en el centro y este de Sudamérica es la corriente en chorro de capas bajas sudamericana, conocida como SALLJ, que transporta grandes cantidades de humedad desde las regiones tropicales hacia Paraguay, el noreste argentino, la región pampeana y el sur de Brasil.

Ese transporte de humedad constituye uno de los factores capaces de alimentar sistemas convectivos de gran desarrollo. Cuando el aire cálido y húmedo coincide con frentes, bajas presiones y suficiente inestabilidad atmosférica, pueden desarrollarse tormentas capaces de producir precipitaciones intensas en períodos relativamente breves.

Estos sistemas pueden alcanzar intensidades superiores a 30 o 50 milímetros por hora, además de generar actividad eléctrica, ráfagas y granizo. Se trata de valores posibles en tormentas intensas y no de un pronóstico específico para el Gran La Plata.

Esto explica por qué uno de los mayores errores al interpretar El Niño consiste en imaginar meses enteros de lluvia continua. Un trimestre húmedo puede contener períodos secos y, al mismo tiempo, uno o varios episodios de precipitación extraordinaria. La señal climática del Pacífico no puede trasladarse de manera directa a un día determinado en La Plata.

Octubre supera históricamente los 100 milímetros, pero ese número puede engañar

Los registros históricos ofrecen una referencia para dimensionar las precipitaciones. Octubre acumula normalmente 110,3 milímetros en la estación La Plata Observatorio de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), según las normales climatológicas del período 1991-2020. Por su parte, la estación La Plata Aero del SMN presenta un promedio de 101 milímetros para el mismo período.

Otras plataformas internacionales también ofrecen referencias. Weather & Climate establece una media de aproximadamente 107 milímetros para octubre en La Plata, mientras que Weatherandclimate.com informa valores cercanos a 56,55 milímetros para Berisso y 54,78 milímetros para Ensenada. Estas últimas cifras corresponden a estimaciones climatológicas de otra fuente y no son directamente equivalentes a las normales oficiales de las estaciones platenses.

En ese contexto, los 54,2 milímetros acumulados que muestra Weather & Climate hasta este jueves representan el 50,7% de su promedio histórico de octubre. Si se utiliza como referencia la media de 110,3 milímetros de la estación La Plata Observatorio, el porcentaje se reduce al 49,1%, con una diferencia de 56,1 milímetros para alcanzar el valor habitual del mes.

Un antecedente permite dimensionar esa variabilidad. En octubre de 2001, la estación meteorológica de la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la UNLP había acumulado 206,3 milímetros hasta el día 29, más del doble de los 93 milímetros que entonces se utilizaban como promedio histórico.

Por eso, decir que octubre tiene un promedio cercano a 110 milímetros no significa que esa cantidad constituya un máximo ni un umbral de seguridad. Es una media climatológica construida a partir de observaciones de numerosos años. Un solo mes puede quedar muy por debajo de ese valor o duplicarlo, mientras que un temporal puede concentrar en pocas horas una proporción considerable de ese volumen.

Tampoco puede afirmarse que un temporal pronosticado de 80 milímetros garantice que octubre vaya a superar su media histórica. Dependerá de cuánto efectivamente precipite, dónde caiga y de los acumulados del resto del mes. Para el riesgo urbano importa tanto el volumen total como la cantidad de agua que cae por hora.

El antecedente que cambió la mirada de La Plata sobre la lluvia

La Plata conoce esa diferencia desde el 2 de abril de 2013. La estación del Observatorio de la UNLP registró 392,2 milímetros entre las 0 y las 24, récord de su serie histórica iniciada en 1909. Alrededor de 300 milímetros se concentraron entre las 16 y las 19.

El volumen fue tan excepcional que superó ampliamente la precipitación mensual promedio de abril y el récord diario anterior de la serie. La catástrofe dejó 89 víctimas fatales reconocidas por la Justicia, además de miles de viviendas afectadas y daños en la infraestructura urbana.

El dato es importante frente a cualquier intento de asociar automáticamente una futura inundación con El Niño. La catástrofe de 2013 demuestra que una tormenta extraordinaria puede ocurrir sin que un episodio fuerte de El Niño sea su explicación exclusiva. Las inundaciones urbanas son fenómenos multicausales en los que interactúan meteorología, topografía, ocupación del territorio, infraestructura y capacidad de drenaje.

El informe elaborado por la Facultad de Ingeniería de la UNLP después de aquella inundación concluyó que la magnitud de la tormenta había excedido las capacidades de los arroyos y superado ampliamente los parámetros utilizados habitualmente para diseñar las obras hidráulicas.

El problema de La Plata no es solamente cuánto llueve

La vulnerabilidad regional está determinada también por su geografía. La Plata, Berisso y Ensenada se desarrollaron sobre un territorio de pendientes reducidas, atravesado por numerosas cuencas que desembocan hacia el Río de la Plata.

Entre ellas aparece el Arroyo del Gato, uno de los principales colectores de las aguas de la ciudad. Su cuenca abarca aproximadamente 98 kilómetros cuadrados y ocupa un lugar central dentro del sistema de drenaje platense.

A la topografía se agrega el crecimiento urbano. Investigaciones de la UNLP señalan que la expansión hacia áreas periféricas y la densificación del centro aumentaron la superficie impermeabilizada y que ese proceso no siempre estuvo acompañado por una planificación que respetara el drenaje natural.

Después de 2013 se realizaron importantes obras hidráulicas, pero ninguna infraestructura puede interpretarse como una garantía absoluta frente a cualquier precipitación. La experiencia de aquel año mostró que existen eventos capaces de superar ampliamente los parámetros de diseño.

Por eso, 80 milímetros no significan siempre lo mismo. Si caen distribuidos durante uno o dos días, su impacto puede ser muy diferente al de 80 milímetros concentrados en dos horas. También importa si el suelo llega saturado por precipitaciones anteriores, qué cuenca recibe la mayor cantidad y cuál es el estado del sistema de drenaje.

Cuando la lluvia se encuentra con el Río de la Plata

Berisso y Ensenada agregan otro componente: el nivel del estuario. Las sudestadas pueden elevar considerablemente el Río de la Plata mediante el efecto persistente del viento del sudeste, que empuja el agua hacia el interior del estuario y produce una marea meteorológica.

La combinación más problemática aparece cuando una crecida del río coincide con precipitaciones intensas. El nivel elevado puede dificultar la descarga de canales y cursos de agua hacia el estuario, reduciendo el gradiente disponible para el escurrimiento. Este fenómeno, conocido como efecto de remanso o efecto tapón, resulta particularmente relevante para las áreas ribereñas.

Un antecedente reciente muestra la magnitud que puede alcanzar el río independientemente de la lluvia local. En diciembre de 2023, una fuerte sudestada llevó el nivel hasta aproximadamente 3,62 metros en algunos puntos del estuario. El episodio fue considerado entonces uno de los más importantes de la década.

Sin embargo, no corresponde afirmar que una sudestada vaya a anular automáticamente todo el drenaje del casco platense. El efecto depende de la cuenca, el nivel del río, las condiciones hidráulicas y la simultaneidad de los fenómenos. El riesgo aumenta cuando varios factores desfavorables coinciden.

El cambio climático agrega otra variable

Sobre la variabilidad natural de El Niño actúa además un clima global más cálido. Una atmósfera con mayor temperatura puede contener más vapor de agua —aproximadamente un 7% adicional por cada grado de calentamiento, como relación termodinámica básica—, lo que crea condiciones para precipitaciones más intensas cuando se desencadena una tormenta.

Eso no significa que el cambio climático cause individualmente cada temporal. Significa que modifica las condiciones sobre las cuales se desarrollan los fenómenos meteorológicos y puede alterar la frecuencia o intensidad de determinados extremos.

En el caso platense, investigaciones posteriores a 2013 insisten en abandonar explicaciones únicas. Las inundaciones resultan de la combinación entre precipitaciones extraordinarias, características naturales de las cuencas, urbanización, infraestructura y exposición de la población.

Pronostican nuevas lluvias y tormentas para los próximos días

El panorama meteorológico para el cierre de octubre mantiene posibilidades de inestabilidad en el Gran La Plata. Los pronósticos consultados para este jueves 22 anticipaban lluvias y tormentas aisladas durante la tarde y la noche, con probabilidades de precipitación de entre el 40% y el 70% en distintos momentos de la jornada.

Para el viernes 23 se prevén condiciones variables y posibilidades de lluvias aisladas, mientras que el sábado 24 y el domingo 25 podrían registrarse nuevas precipitaciones. La distribución y la intensidad dependerán de la evolución de los sistemas meteorológicos sobre el noreste bonaerense.

El pronóstico extendido también señala una posible mejora transitoria durante el lunes 26 y el martes 27. Sin embargo, algunas plataformas meteorológicas vuelven a mostrar probabilidades de lluvias y tormentas hacia el miércoles 28, con valores cercanos al 45%, aunque con mayor incertidumbre por la distancia temporal.

De cumplirse estas previsiones, las precipitaciones de los próximos días podrían continuar incrementando los acumulados de octubre y reducir la distancia respecto del promedio histórico. No obstante, todavía no existen elementos suficientes para asegurar que el mes terminará con lluvias superiores a lo normal en La Plata, Berisso y Ensenada.

Una primavera bajo vigilancia

El escenario para los próximos meses tiene dos escalas diferentes. En la escala estacional, El Niño modifica las probabilidades y proporciona información sobre el contexto climático. En la escala de horas o días, son los pronósticos meteorológicos y las alertas los que permiten determinar si una tormenta concreta puede afectar al Gran La Plata.

La diferencia es fundamental: El Niño puede aumentar la probabilidad de condiciones favorables para precipitaciones superiores a lo normal, pero no pronostica una inundación. Incluso la NOAA advierte que, aunque un evento de gran intensidad incrementa la posibilidad de observar impactos típicamente asociados al fenómeno, esos efectos no están garantizados en cada región.

Lo excepcional de 2026 es la magnitud potencial del fenómeno. La actualización de NOAA del 8 de octubre elevó al 83% la posibilidad de que el episodio alcance una intensidad histórica durante el trimestre octubre-diciembre, con un índice RONI de +2,5 grados o más.

Para el Gran La Plata, sin embargo, la pregunta más importante no se limita a si octubre terminará con 90, 110 o 150 milímetros. La experiencia regional demuestra que el acumulado mensual puede ocultar el dato decisivo: cuánta agua cae sobre una misma cuenca y en cuánto tiempo.

Un mes que termine cerca de su promedio puede contener un temporal peligroso, mientras que otro que duplique la media puede distribuir las precipitaciones durante semanas sin provocar el mismo impacto. En una región marcada por la inundación de 2013, atravesada por arroyos y vinculada al Río de la Plata, esa diferencia convierte a la intensidad de las precipitaciones —más que al promedio mensual aislado— en una de las variables centrales a seguir durante una primavera atravesada por un El Niño que todavía continúa fortaleciéndose.

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