Menos de la mitad de los argentinos se siente satisfecha con su vida. Un relevamiento realizado en siete ciudades del país reveló que apenas el 46,8% de la población declara sentirse feliz, el registro más bajo desde que comenzaron las mediciones en 2018.
El dato surge del Informe de Felicidad y Bienestar Psicosocial elaborado por el Observatorio de Tendencias Sociales y Empresariales de la Universidad Siglo 21 sobre una muestra de 1.050 personas. Además de marcar un mínimo histórico, el estudio confirmó una tendencia descendente que se mantiene desde 2024.
El deterioro del bienestar aparece acompañado por un incremento del agotamiento laboral. El llamado burnout alcanzó al 23,8% de los encuestados, casi cuatro puntos más que en la medición anterior. Los niveles más altos se registraron entre las personas de 40 a 49 años, donde la prevalencia llegó al 28,3%.
La caída de la felicidad tampoco se distribuye de manera uniforme entre hombres y mujeres. Según el informe, el 45,2% de los varones manifestó sentirse satisfecho con su vida, el nivel más bajo para ese grupo desde el inicio de la serie estadística. Entre las mujeres, en cambio, el indicador alcanzó el 48,4% y se mantuvo prácticamente estable respecto de la medición previa.
El informe también detectó una fuerte relación entre nivel educativo y bienestar. Entre quienes completaron únicamente la escuela primaria, sólo el 20% afirmó sentirse feliz, mientras que el agotamiento laboral alcanzó al 31,7%. En el otro extremo, las personas con estudios de posgrado mostraron los mayores niveles de satisfacción y los menores índices de desgaste.
Para los investigadores, esta diferencia refleja el papel que cumple la educación como factor de protección frente al malestar. De acuerdo con el estudio, los sectores con menor formación enfrentan simultáneamente una menor realización personal y una mayor exposición al desgaste asociado al trabajo.
La investigación incorporó además indicadores vinculados a la salud mental. El 46,8% de los consultados manifestó sentirse nervioso, angustiado o muy tenso varios días a la semana. A su vez, el 36,5% señaló dificultades para controlar las preocupaciones, mientras que un tercio reconoció haber perdido interés en actividades cotidianas o sentirse triste de manera recurrente.
Los resultados llevaron a los investigadores a advertir que el malestar ya no se limita al ámbito laboral y que comienza a impactar sobre distintos aspectos de la vida social. Según señalaron, el fortalecimiento de las políticas de salud mental aparece como uno de los principales desafíos para revertir una tendencia que se profundiza año tras año.
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