La lectura no sólo permite adquirir conocimientos, sino que también produce cambios profundos en el funcionamiento del cerebro. Así lo sostiene una nueva investigación que concluye que la alfabetización fortalece funciones como la memoria, la atención, el razonamiento y el procesamiento del lenguaje con un impacto superior al que generan otros hábitos habitualmente asociados al rendimiento mental, como el ejercicio físico, el descanso o la cafeína.
El trabajo, realizado por el Instituto Max Planck de Psicolingüística, reúne investigaciones de psicología, neurociencia, lingüística y educación y plantea que aprender a leer transforma la manera en que las personas interpretan el mundo y procesan la información. Además, sostiene que esos beneficios no se limitan a la infancia, sino que pueden seguir desarrollándose a lo largo de toda la vida mediante la práctica de la lectura.
Como lo resume el responsable del estudio, el investigador alemán Falk Huettig, “la alfabetización no se limita estrictamente a descifrar textos, sino que reconfigura funciones mentales como la memoria, la atención, el procesamiento del lenguaje, el razonamiento e incluso el reconocimiento de rostros”.
Uno de los aspectos más llamativos del estudio es que cuestiona la idea de que aprender a leer pueda restar capacidad a otras funciones cerebrales. Por el contrario, cita investigaciones realizadas con adultos alfabetizados y analfabetos que muestran una mayor habilidad para reconocer rostros entre quienes saben leer y escribir.
“MAS QUE UNA DESTREZA ESCOLAR”
La investigación también señala que la alfabetización es un proceso continuo. Alcanzar una lectura avanzada requiere contacto frecuente con textos complejos, ya que la práctica permite automatizar procesos cognitivos y desarrollar capacidades de comprensión, análisis y pensamiento crítico cada vez más sofisticadas.
En cuanto a los formatos, el estudio indica que si bien los audiolibros aportan beneficios, como el acceso a vocabulario poco frecuente y estructuras narrativas complejas, el conjunto de ventajas cognitivas sólo se obtiene mediante la lectura de textos escritos. También afirma que la evidencia científica no permite asegurar que el papel sea siempre superior a las pantallas, aunque muchos lectores adoptan un mayor nivel de concentración cuando leen en formato impreso.
Finalmente, el investigador advierte sobre la tendencia a simplificar los textos para adaptarlos a menores niveles de comprensión y cuestiona la dependencia creciente de herramientas de inteligencia artificial para corregir o redactar escritos. “Está en juego mucho más que una destreza escolar”, sostiene.
El trabajo alerta finalmente que una caída sostenida de los niveles de alfabetización, como se viene observando, podría traducirse también en un deterioro de capacidades cognitivas que hoy reflejan las pruebas de inteligencia. Aun con el avance de las nuevas tecnologías, considera poco probable que ese retroceso pueda compensarse por sí solo sin fortalecer el hábito de la lectura.
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