La Organización Meteorológica Mundial (OMM), organismo especializado de Naciones Unidas, lanzó una nueva advertencia sobre la evolución de El Niño y anticipó que el fenómeno climático continuará fortaleciéndose durante las próximas semanas, con su punto máximo previsto para diciembre. El episodio podría convertirse en uno de los más intensos registrados desde al menos 1950 y sus efectos podrían extenderse hasta los primeros meses de 2027.
El alerta internacional adquiere una dimensión particular para Argentina. El fenómeno no necesariamente se traduce en un escenario uniforme para todo el territorio, pero los pronósticos anticipan un aumento de las precipitaciones en buena parte del centro y el Litoral, con una consecuente posibilidad de crecidas de ríos, anegamientos e inundaciones en zonas vulnerables.
La OMM informó este jueves que las temperaturas de la superficie del mar en las zonas central y oriental del Pacífico tropical podrían alcanzar valores sin precedentes entre octubre y diciembre. El organismo señaló que El Niño “se está fortaleciendo rápidamente” y que existe una probabilidad cercana al 100% de que el fenómeno persista hasta febrero de 2027.
La magnitud del fenómeno es uno de los principales motivos de preocupación. El indicador utilizado para medir las condiciones del Pacífico ecuatorial pasó de una anomalía de 1,6 grados en junio a 2,5 grados en agosto, mientras que la OMM proyecta que podría llegar a aproximadamente 3,7 grados por encima de lo normal durante octubre, noviembre y diciembre. De concretarse, superaría ampliamente el máximo registrado durante el episodio de 2015-2016.
El fenómeno de El Niño forma parte del ciclo natural conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS). Se produce cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental se encuentran anormalmente cálidas, generando modificaciones en los vientos, la presión atmosférica y la circulación de humedad que pueden alterar el clima en regiones ubicadas a miles de kilómetros de distancia.
Por eso, una de sus principales características es que no produce el mismo efecto en todo el planeta. Mientras algunas regiones pueden enfrentar sequías y temperaturas extremas, otras pueden recibir lluvias mucho más abundantes.
En Argentina
Los análisis recientes anticipan que durante el último trimestre de 2026 podrían registrarse precipitaciones por encima de los valores habituales en el Litoral y el centro del país, acompañadas en varias regiones por temperaturas medias inferiores a las normales. El riesgo de crecidas y eventos de exceso de agua podría mantenerse durante el verano y extenderse hasta el otoño de 2027.
Esto no significa que cada episodio de lluvia vaya a convertirse en una inundación ni que todo el país vaya a atravesar una situación extraordinaria. El impacto depende de la distribución concreta de las precipitaciones, del estado de las cuencas, de los niveles de los ríos, de la capacidad de drenaje de cada localidad y de las condiciones que presente el suelo.
Las mayores complicaciones podrían aparecer en las zonas cercanas a los grandes ríos, particularmente aquellas que ya presentan antecedentes de inundaciones. El Paraná, el Uruguay y sus afluentes podrían experimentar aumentos de caudal si se combinan lluvias persistentes en las cuencas con precipitaciones intensas en territorio argentino.
El problema tampoco se limita al campo
En las ciudades, las lluvias intensas en períodos cortos pueden poner a prueba los sistemas de desagües, arroyos, canales y reservorios. Los barrios ubicados en zonas bajas o próximos a cursos de agua son los que presentan una mayor exposición, especialmente cuando las precipitaciones se concentran en pocas horas.
El director del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), además, advirtió recientemente que los efectos de los episodios más fuertes de El Niño pueden extenderse bastante más allá del momento de máxima intensidad del fenómeno. En Argentina, enero y febrero aparecen como meses de especial atención, pero el riesgo de inundaciones puede mantenerse hasta marzo y abril de 2027.
Hay una explicación meteorológica detrás de ese desfasaje. Cuando llega el otoño disminuye la evaporación y puede acumularse una mayor cantidad de humedad en el suelo y en las cuencas. Si posteriormente se producen nuevas lluvias importantes, aumenta la posibilidad de que el agua permanezca durante más tiempo y genere complicaciones.
Por eso, el verdadero desafío para Argentina no pasa solamente por saber que viene un El Niño fuerte. También consiste en prepararse con anticipación.
Municipios y provincias con zonas inundables deberán prestar especial atención a los sistemas de alerta temprana, los protocolos de evacuación, el mantenimiento de desagües y canales y el monitoreo permanente de los niveles de los ríos.
También aparece una cuestión de infraestructura. Un fenómeno climático no genera necesariamente un desastre por sí mismo: las consecuencias dependen en buena medida de cuánto territorio, población e infraestructura quedan expuestos y de la capacidad existente para responder.
Una lluvia extraordinaria puede tener consecuencias muy diferentes en dos ciudades. Una puede contar con reservorios, desagües adecuados, sistemas de alerta y protocolos de emergencia; otra puede tener barrios construidos sobre zonas inundables, infraestructura insuficiente y escasa capacidad de respuesta.
La agricultura también estará en el centro de la escena
El exceso de agua puede beneficiar algunos cultivos y mejorar las reservas hídricas, pero también puede generar pérdidas cuando las precipitaciones se producen en momentos críticos del ciclo agrícola. Los anegamientos, la imposibilidad de ingresar con maquinaria a los campos, las enfermedades y el deterioro de los caminos rurales son algunos de los problemas que pueden aparecer.
El fenómeno también puede tener efectos sobre la logística y el transporte. Las crecidas de los ríos pueden complicar rutas, puentes y caminos, mientras que las lluvias persistentes pueden afectar la circulación de mercaderías y el acceso a localidades rurales.
La advertencia de Naciones Unidas, por lo tanto, no debe leerse como el anuncio de una catástrofe inevitable. La propia dinámica de El Niño demuestra que intensidad del fenómeno y gravedad del impacto no son exactamente lo mismo.
El clima puede anticipar tendencias, pero no permite determinar con meses de anticipación dónde caerá exactamente cada tormenta ni qué localidad sufrirá una inundación. Lo que sí permite hacer es prepararse. Y allí aparece uno de los aspectos más importantes del actual escenario: Argentina conoce con varios meses de anticipación que enfrentará un período de riesgo climático elevado.
El país ya puso en marcha el Plan de Coordinación Federal ENOS 2026-2027, que busca articular acciones entre Nación, provincias y municipios frente a los posibles efectos del fenómeno.
La situación obliga a mirar más allá del pronóstico diario. No se trata solamente de saber si mañana va a llover, sino de analizar cómo se comportarán las cuencas durante los próximos meses, qué capacidad tienen los sistemas de drenaje y cuáles son las zonas que podrían quedar más expuestas.
El contexto global agrega otro elemento. La OMM señaló que El Niño se desarrolla sobre un océano que registra temperaturas extraordinariamente elevadas. El fenómeno no genera por sí mismo ese calentamiento global, pero libera parte del calor acumulado en el océano y puede contribuir a elevar todavía más las temperaturas globales.
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