La pava, el termo y una ronda de mate forman parte de una escena cotidiana. Entre una cebada y otra, pocas veces la temperatura ocupa el centro de la conversación. Sin embargo, ese detalle merece atención: consumir bebidas muy calientes de manera habitual se asocia con un mayor riesgo de desarrollar un tipo de cáncer de esófago.
Una investigación publicada en el International Journal of Cancer vuelve a poner el tema sobre la mesa. Para los consumidores argentinos, la advertencia tiene una traducción concreta: revisar cuánto se calienta el agua y evitar tomar la infusión cuando todavía quema.
“Para nosotros, en la Argentina, el mensaje es especialmente importante por el mate”, afirma el médico oncólogo Diego Kaen, ex presidente de la Asociación Argentina de Oncología Clínica. Su recomendación apunta a modificar la forma de consumirlo: “No se trata de dejar de tomar mate, sino de evitar tomarlo hirviendo”.
QUÉ ENCONTRÓ EL ESTUDIO
El trabajo reunió información de 977.282 adultos de dos grandes investigaciones del Reino Unido, con seguimientos promedio de entre 11 y 14 años. Los participantes indicaron si preferían el té y el café tibios, calientes o muy calientes.
Quienes los tomaban muy calientes presentaron un riesgo relativo de carcinoma de células escamosas de esófago 3,17 veces mayor que quienes los preferían tibios. No se encontró una asociación equivalente con el adenocarcinoma, otra forma de cáncer esofágico.
El consumo de seis o más bebidas calientes al día también se vinculó con un riesgo mayor del primer subtipo, aun después de considerar la temperatura. Esa comparación corresponde a té y café: no establece un límite de seis mates diarios.
Hay otra precisión importante: las temperaturas fueron declaradas por los participantes, no medidas con un termómetro. Como estudio observacional, identifica asociaciones y aporta evidencia, pero no demuestra por sí solo una relación de causa y efecto.
“Es un estudio relevante que refuerza algo que ya conocíamos: consumir bebidas a temperaturas muy elevadas de manera habitual puede aumentar el riesgo de cáncer de esófago”, explica Kaen.
El resultado tampoco significa que una de cada tres personas que toman infusiones muy calientes vaya a enfermar. Se trata de una comparación del riesgo entre grupos, no de una probabilidad individual del 33 por ciento. Y la advertencia se refiere a un subtipo de tumor, una distinción que resulta fundamental para interpretar el alcance del hallazgo.
EL FOCO EN LA TEMPERATURA
Aunque el trabajo británico examinó té y café, la consulta sobre el mate surge de inmediato. El punto de contacto es la exposición reiterada al calor durante el consumo.
Kaen lo explica así: “La evidencia apunta a la temperatura y al daño térmico repetido sobre la mucosa del esófago, más que a la bebida en sí”. El esófago es el conducto que lleva los alimentos y los líquidos desde la garganta hasta el estómago; su revestimiento recibe el paso de cada sorbo.
La preocupación, por lo tanto, está puesta en una costumbre sostenida. El hallazgo no permite calcular qué ocurrirá con una persona por una cebada aislada, pero sí ofrece un motivo para revisar una práctica que puede repetirse muchas veces al día.
El antecedente internacional más importante se remonta a 2016. Ese año, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), organismo especializado de la Organización Mundial de la Salud, clasificó el consumo de bebidas a más de 65 °C como “probablemente carcinogénico para humanos”.
La categoría puede sonar alarmante, pero necesita una explicación: describe la evidencia disponible sobre la capacidad de una exposición para causar cáncer. No indica que todas las personas expuestas vayan a desarrollar la enfermedad ni establece una cantidad de bebidas a partir de la cual eso sucederá.
También importa distinguir la temperatura de preparación de la temperatura de consumo. La referencia de la IARC corresponde al líquido que se bebe; no alcanza con conocer cuánto marcaba la pava antes de llenar el termo.
UN CAMBIO EN LA RUTINA
La recomendación principal es dejar que la bebida pierda temperatura y evitar consumirla cuando quema la boca o la garganta. En el caso del mate, implica prestar atención al agua antes de cebar y no asumir que cuanto más caliente esté, mejor será la infusión.
No hace falta esperar a que aparezca una molestia para revisar la costumbre.
El mensaje preventivo invita a incorporar la temperatura entre los cuidados de la preparación, del mismo modo en que se elige la yerba o se organiza la ronda.
La advertencia debe leerse, además, junto con otros factores de riesgo. Evitar el tabaco y reducir el consumo de alcohol siguen siendo medidas fundamentales frente al cáncer de esófago.
Para quienes comparten el mate desde la mañana hasta la tarde, la conclusión tiene una aplicación sencilla: darle tiempo al agua para que pierda calor. El ritual puede seguir teniendo su lugar; la temperatura merece dejar de ser un detalle.
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