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Millones en riesgo: el nivel del mar sube cada vez más rápido y es una amenaza

Nuevos estudios advierten que el impacto podría ser mayor de lo previsto para muchísimas personas. Ciudades costeras, viviendas e infraestructura, en peligro

Por Redacción

El avance de los océanos se convirtió en una de las manifestaciones más preocupantes del cambio climático. El nivel del mar no solo está aumentando, sino que lo hace a una velocidad cada vez mayor, impulsado por el calentamiento de las aguas y el derretimiento de glaciares y grandes masas de hielo. Sus consecuencias ya se sienten en distintas regiones del planeta, donde las inundaciones, la erosión de las costas y la pérdida de tierras amenazan viviendas, actividades económicas y la supervivencia de comunidades enteras.

Los datos científicos muestran una aceleración significativa. Entre 1993 y 2002, el nivel medio del mar aumentaba aproximadamente 2,1 milímetros por año. Entre 2015 y 2024, ese ritmo llegó a 4,7 milímetros anuales, más del doble que dos décadas atrás. Y la tendencia se mantiene hasta la actualidad. Aunque las cifras pueden parecer pequeñas, su acumulación a lo largo de los años representa una transformación profunda para las regiones costeras, especialmente cuando el avance del agua se combina con mareas altas y tormentas intensas.

La Organización de las Naciones Unidas advierte que alrededor de 900 millones de personas viven en zonas costeras de baja elevación, expuestas en diferentes grados a las consecuencias del fenómeno. El problema alcanza tanto a pequeños Estados insulares del Pacífico como a grandes ciudades densamente pobladas, puertos comerciales, centros turísticos y extensas regiones agrícolas.

Pero las advertencias científicas van todavía más lejos. Investigaciones recientes indican que algunos mecanismos físicos que intervienen en la distribución del agua de los océanos podrían estar insuficientemente representados en determinadas proyecciones, lo que significa que el aumento del nivel del mar podría superar las estimaciones actuales en algunas regiones.

El escenario llevó a Naciones Unidas a impulsar una nueva declaración internacional destinada a reforzar la protección de las poblaciones vulnerables, mejorar los sistemas de prevención y abordar una pregunta que hasta hace pocos años parecía propia de la ciencia ficción: qué sucede con un país cuando parte de su territorio desaparece bajo el agua.

Océanos cada vez más calientes

Una de las principales explicaciones del aumento del nivel del mar está en el calentamiento de los océanos, que absorben aproximadamente el 90% del exceso de calor acumulado en el sistema climático como consecuencia de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Esa capacidad de almacenar energía ha moderado parte del calentamiento de la atmósfera, pero también provocó cambios profundos en los mares. Cuando el agua aumenta su temperatura, se expande y ocupa más volumen. Este proceso, conocido como expansión térmica, es uno de los principales responsables de la elevación del nivel del mar.

A ese fenómeno se suma el derretimiento de los glaciares y de las grandes capas de hielo de Groenlandia y la Antártida, que incorporan nuevas cantidades de agua a los océanos.

Durante agosto de 2026, la temperatura media de la superficie oceánica mundial, excluidas las regiones polares, alcanzó los 21,1 grados, según datos difundidos por el servicio europeo de cambio climático Copernicus. La marca superó ligeramente los registros máximos anteriores y generó preocupación por haberse producido en un momento del año en el que las temperaturas globales del mar no suelen alcanzar sus valores más elevados.

El fenómeno de El Niño, asociado al calentamiento anormal de las aguas del Pacífico tropical, puede contribuir temporalmente a elevar las temperaturas globales. Sin embargo, los especialistas advierten que estos episodios naturales se desarrollan sobre una tendencia de calentamiento de largo plazo provocada por las actividades humanas.

Los océanos también acumulan calor en sus profundidades, donde puede permanecer durante décadas. Esto significa que, incluso si las emisiones contaminantes comenzaran a disminuir de manera considerable, parte del calentamiento y del aumento del nivel del mar continuaría durante mucho tiempo.

Países que podrían perder su territorio

Una de las consecuencias más extraordinarias del aumento del nivel del mar es la posibilidad de que algunos Estados insulares pierdan una parte considerable de su superficie habitable.

En países como Kiribati, Tuvalu y las Islas Marshall, la escasa elevación de numerosos territorios respecto del océano genera una vulnerabilidad particular. Las inundaciones recurrentes, la erosión y la contaminación de las reservas de agua dulce pueden dificultar la permanencia de sus habitantes mucho antes de que las tierras queden completamente sumergidas.

La situación plantea interrogantes que exceden el problema ambiental. ¿Puede continuar existiendo un país si pierde físicamente parte de su territorio? ¿Qué sucede con su soberanía, sus fronteras marítimas y los derechos sobre los recursos naturales? ¿Y qué ocurre con sus ciudadanos si deben trasladarse a otros Estados?

Estas cuestiones forman parte de una nueva declaración adoptada por la Asamblea General de Naciones Unidas, que establece una posición común sobre las consecuencias jurídicas y humanas del aumento del nivel del mar.

El documento respalda la presunción de continuidad de los Estados afectados, incluso cuando pierdan territorio como consecuencia del avance del océano. También contempla la posibilidad de mantener zonas marítimas previamente establecidas conforme al derecho internacional.

La declaración no constituye un tratado jurídicamente vinculante, pero representa un paso significativo en el reconocimiento de una problemática que amenaza la integridad territorial y la identidad de algunas naciones.

El desplazamiento de poblaciones y la pérdida de identidad

Detrás de las estadísticas sobre el aumento del nivel del mar aparecen consecuencias difíciles de medir exclusivamente en términos económicos.

Para millones de personas, la amenaza no consiste solamente en perder una vivienda. También implica la posibilidad de abandonar tierras donde vivieron varias generaciones, dejar atrás actividades tradicionales y perder vínculos culturales profundamente arraigados.

Las comunidades costeras pueden verse obligadas a desplazarse por inundaciones recurrentes, pérdida de tierras agrícolas, deterioro de los servicios básicos o contaminación de sus fuentes de agua.

En algunos casos, el traslado puede realizarse dentro del mismo país. En otros, especialmente cuando se trata de pequeños Estados insulares, podría requerir acuerdos internacionales para garantizar la residencia y los derechos de las personas desplazadas.

El patrimonio cultural también está amenazado. Cementerios, sitios arqueológicos, lugares sagrados y territorios ancestrales pueden quedar dañados o volverse inaccesibles.

Por eso, Naciones Unidas plantea que las políticas de adaptación deben contemplar no solo la protección física de las costas, sino también los derechos humanos, la dignidad de las comunidades y la preservación de su identidad.

La Antártida y el riesgo de cambios irreversibles

Entre las principales preocupaciones científicas aparece la evolución de las grandes masas de hielo de la Antártida y Groenlandia, cuya pérdida puede contribuir durante siglos al aumento del nivel del mar.

Uno de los sectores más estudiados es el glaciar Thwaites, ubicado en la Antártida Occidental, que ocupa una superficie cercana a los 190.000 kilómetros cuadrados.

La cantidad de hielo que contiene equivale a aproximadamente 65 centímetros de aumento potencial del nivel medio del mar si terminara perdiéndose por completo. Sin embargo, ese volumen no se incorporaría repentinamente al océano: los procesos de retroceso y pérdida de hielo se desarrollan a lo largo de períodos prolongados y presentan importantes incertidumbres.

La preocupación de los investigadores radica en que determinados cambios podrían volverse difíciles de revertir, incluso si posteriormente se redujera el calentamiento global.

El informe 10 New Insights in Climate Science, elaborado por más de 70 científicos de casi 30 países y difundido en octubre, advierte que superar de manera sostenida el umbral de 1,5 grados de calentamiento global incrementa los riesgos de transformaciones irreversibles en los océanos, los glaciares y otros componentes del sistema climático.

El trabajo subraya que parte de los impactos futuros ya está condicionada por las emisiones acumuladas durante décadas, pero también señala que la magnitud de los daños todavía depende de las medidas que se adopten para limitar el calentamiento.

Una carrera para adaptarse al avance del agua

Frente a un fenómeno que continuará durante las próximas décadas, los especialistas coinciden en la necesidad de combinar dos estrategias: reducir las emisiones responsables del calentamiento global y adaptar las regiones costeras a las nuevas condiciones.

Las medidas incluyen la construcción y el refuerzo de defensas costeras, la modernización de infraestructuras, el desarrollo de sistemas de alerta temprana y la planificación de nuevos asentamientos lejos de las áreas más expuestas.

También adquieren importancia las soluciones basadas en la naturaleza, como la restauración de manglares, humedales, dunas y otros ecosistemas capaces de amortiguar parte del impacto de las olas y las inundaciones.

Sin embargo, la adaptación requiere inversiones considerables. Según las estimaciones difundidas por Naciones Unidas, los países en desarrollo necesitan entre 310.000 y 365.000 millones de dólares anuales para enfrentar los impactos del cambio climático, mientras que los flujos internacionales de financiación pública para adaptación se mantienen muy por debajo de esas necesidades.

La brecha económica es especialmente preocupante para las naciones más vulnerables, que muchas veces carecen de recursos suficientes para proteger sus costas, garantizar el suministro de agua o trasladar infraestructuras esenciales.

La nueva declaración de la ONU reclama, por eso, aumentar la financiación, mejorar la cooperación internacional y facilitar el acceso a los recursos destinados a prevención y adaptación.

El desafío no consiste únicamente en evitar que el agua avance sobre las ciudades. También implica anticipar cómo cambiarán las condiciones de vida de millones de personas y preparar a las comunidades para transformaciones que, en algunos casos, ya comenzaron.

Los registros satelitales de la NASA muestran que el nivel medio de los océanos aumentó alrededor de diez centímetros desde 1993. Aunque en 2025 el incremento anual fue menor que el registrado en 2024, debido principalmente a los efectos temporales de La Niña, la tendencia de largo plazo continúa siendo ascendente y acelerada.

La advertencia científica es clara: el aumento del nivel del mar no puede detenerse completamente en el corto plazo. Pero la velocidad con la que continuará y, sobre todo, la magnitud de sus consecuencias dependerán de las decisiones que se adopten durante los próximos años.

En ese escenario, cada centímetro adicional puede representar una diferencia considerable para las poblaciones costeras. Y lo que hoy se mide en milímetros anuales podría determinar, dentro de algunas décadas, qué territorios seguirán siendo habitables y cuáles deberán transformarse para enfrentar el avance del océano.

Ciudades, viviendas y economías bajo amenaza

El avance del mar representa una amenaza que excede ampliamente la pérdida de playas o territorios costeros. Sus consecuencias afectan servicios esenciales, actividades productivas y condiciones básicas de vida.

En las regiones más vulnerables, las inundaciones pueden dañar hospitales, escuelas, rutas, sistemas eléctricos y redes de saneamiento. La entrada de agua salada en los acuíferos compromete las fuentes de agua potable, mientras que la salinización de los suelos reduce su capacidad para producir alimentos.

La pesca, el turismo y el transporte marítimo también enfrentan riesgos crecientes. En particular, los puertos tienen una importancia estratégica, ya que por ellos circula más del 80% del comercio mundial de mercancías por volumen.

Grandes ciudades como Miami, Nueva York, Guangzhou, Mumbai y Kolkata figuran entre los centros urbanos expuestos a las consecuencias del aumento del nivel del mar, aunque el grado de vulnerabilidad depende de factores como la altitud, la infraestructura disponible, la densidad poblacional y la capacidad de adaptación.

En algunas ciudades asentadas sobre deltas, el problema se agrava por el hundimiento progresivo del terreno, un proceso que puede estar asociado a la extracción de agua subterránea y otras actividades humanas. Cuando el suelo desciende mientras el océano asciende, el aumento relativo del nivel del mar puede ser mucho mayor que el promedio mundial.

Las consecuencias económicas también resultan significativas. Los daños sobre infraestructura, viviendas, actividades comerciales y sistemas de transporte pueden representar pérdidas enormes, mientras que las inversiones necesarias para proteger las costas exigen recursos que muchos países no tienen disponibles.

A esto se agrega una desigualdad particularmente preocupante: numerosas naciones que enfrentan los riesgos más graves son precisamente las que menos contribuyeron históricamente a las emisiones responsables del calentamiento global.

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