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Ocurrencias: el lunfardo, ese decir entrañable

Por Alejandro Castañeda

Ayer se festejó el Día del Lunfardo y, por iniciativa de la Academia Porteña que lo custodia (APL) se realizó una nueva edición del Lunfardazo, un encuentro que convocó a académicos, músicos y público en la sede de la Academia Nacional del Tango. En 2025, la Legislatura porteña declaró el lunfardo “bien inmaterial” del patrimonio cultural de la ciudad de Buenos Aires. En el acto, hubo una bienvenida conjunta de los presidentes de las dos Academias, Gabriel Soria por la del Tango, y Oscar Conde por la del Lunfardo, porque ese argot tan callejero y expresivo, sin duda tuvo como mejor mensajero a poetas de tangos (Discépolo, Celedonio Flores, Carlos Waiss) y también a poetas reos que lo rondaban y no necesitaron música para vender sus vidas callejeras. Todos por supuesto desde esa ciudad –Buenos Aires- que le dio carta natal a este decir robado de entonaciones españolas e italianas que ampliaron nuestro decir doméstico y siguen coloreando nuestras expresiones.

Me gusta el lunfardo y lo saboreo, Hay términos que han seguido pegados al decir andariego y que han ganado por derecho propio ser incorporados para siempre a nuestro decir. Muchos de sus términos se usan hoy en el habla cotidiana. Aquí van diez: Laburo, Trucho, Chabon, Gil, Mina, Cualunque, Bondi, Morfi, Cana, Chamuyo y centenares de expresiones más que nos vienen acompañando y que han sobrevivido sin desgaste a modas, años y costumbres.

Vamos a festejar el Día del Lunfardo trayendo a cuatro poetas olvidados que merecen volver aunque sea un solo día. Empezamos con un platense, Carlos de la Pua, nacido aquí, en 1898, pero que se fue a vivir a Buenos Aires y así le escribió a su barrio, Once:

“Para vos, Barrio Once, este verso emotivo/ con un cacho grandote de cielo de rayuela./ Yo soy aquel muchacho, el fulback de Sportivo/ Glorias a Jorge Newbery, que alborotó la escuela. Barrio mío, donde quedara abandonado/ el simbólico tejo diezañero y querido/,hoy -que en esta quiniela del vivir voy sobrado-/ tu recuerdo me abuena como un verso sentido. Tu recuerdo es el gol que me da la victoria/Porque he jugado mucho, miro claro la vida/ Barrio mío, en tus calles, está toda mi historia/ que es una piedra-libre y una gata-parida”.

* * *

Martina Iñiguez y su poema Amor eterno:

“No olvides ue nos une el casamiento/ el cura nos bendijo “de por vida”/ Yo fui siempre una naifa muy cumplida/ y ahora me venís con ese cuento. Todo lo que me diste, te comento/lo tengo bien sujeto por la brida/mirá que si tajás, en esta huida/dejaras pilchas, guita y aposento.

No seres yo quien caiga en la batida/bancate la verdad sin aspamento/y aprontate para una despedida. Con mis años, ¿a quién le saco vento?/Calmate, no tenés otra salida/, o largás a esa mina o te reviento.”

* * *

Mi Viejo, de Julián Centeya:

“Quisiera amasijarme en la infinita/ ternura de mi barrio de purrete/, con un cielo cachuzo de bolita/y el milagro coleao de un barrilete.

Verlo a mi viejo, un tano laburante/ que la cinchó parejo, limpio y claro/ y minga como yo, un atorrante/ que la va de sover y se hace el raro.

Mi viejo carpintero era grandote/, y tenía un cuore chiquilín siempre en la vía/ Su vida no fue más que un despelote / y un poco, claro está, por culpa mía.

Vino en el Comte Rosso, fue un espiro/.Tres hijos, la mujer, a más un perro./ Como un tungo tenaz la fue de tiro./Todo se la aguantó: hasta el destierro.

Y aquí palmó... aquí está adormecido/ mi viejo el pobre tano laburante./ Se la tomó una cheno de descuido y me dejó un recuerdo lacerante.

¿Qué mundo habrá encontrado en su apoliyo?/ Si es que hay un mundo pa'los que se piantan./ Sin duda el cuore suyo se hizo grillo/ y su mano cordial es una planta.”

* * *

Daniel Giribaldi y su Soneto al Truco:

“Bodegón que me das en el izquierdo/ Pero que suelo visitar tupido/, tal vez para olvidarme de un olvido/ o para no acordarme de un recuerdo

Cuando en tu mugre y en tu alcohol me pierdo/la caña es falta y la ginebra envido/ Con en mazo de todo lo vivido/ Despunto con la Muerte un truco lerdo

A veces, escasani y Chacabuco/ Palmieri y con las cartas reviradas/ Me voy al naipe sin cantar retruco

Ni tantear a favor sirve de nada/ Con 33 de mano me trabuco/

¡siempre liga la muerte el as de espadas!”

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