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Hace un par de semanas, glosamos las gratas penurias de aquel taxista de Rosario, que vino a Melchor Romero al cumpleaños de su hijo y denunció haber sido violado por su exmujer. Así lo cuenta: Tras el festejo, la dueña de casa lo invitó a que se quedara a dormir, pero como no había ninguna colchoneta en el placard, le avisó que tenían que dormir juntos. Y el tachero aceptó. Ya acostados, cuando ella empezó a acariciarlo, el rosarino la rechazó. Pero su ex lanzó un ultimátum: “O tenemos sexo o te echo de casa”. Como estaba en Romero, con poca plata y a 300 kilómetros de Rosario, no le quedó otra que aceptar, protestando, ese viaje en coche dormitorio. Esto sucedió hace doce años. Y ese amor sin colchoneta les trajo un nuevo hijo a la momentánea pareja. El taxista, de prepo, según su declaración, se convirtió en un padre fuera de programa y ahora, quiere resarcirse por ese polvo obligatorio. Dice que fue abusado. Que no tenía ganas ni la deseaba, aunque su miembro acabó respondiendo con mucha gallardía al ultimátum. Lo curioso es que ahora quiere cobrar con retroactividad esos revolcones tan remotos y tan negociados. Su letrado defensor tendrá por delante una ardua tarea: probar, doce años después, la inexistencia de esa colchoneta ausente y encontrar en la cama rastros de aquella trasnoche. Lo indudable es que el razonamiento otra vez claudicó ante el deseo. Porque mientras el huésped decía ¡no quiero!, su entrepierna se le iba entusiasmando. ¿La erección es consentimiento? El rosarino al final cogió enojado, pero no falló.
El otro placard que está hoy bajo los reflectores es el que se ve en el video que habría grabado Jesica en una casona que no tendrá colchonetas, pero a la que le sobran esos papeles verdes que abrigan mucho y alegran cualquier hogar. Sin duda la Cirio ha sabido encontrar en el camino parejas dolarizadas que hablan de una recurrencia amorosa de alto rendimiento. Acomodados entre remeras, pero bien a la vista, los ahorros políticos del dueño le conceden aire casual y veraniego a ese efectivo tan deseado y abundante. Pero la fuerza del testimonio lo da la presencia de la plata viva. Nada de transferencias bancarias ni turbias maniobras contables. Como los bolsones de López, los fajos son los testigos más elocuentes. En esa casa vivió un matrimonio que se deslomó juntando dólares por aquí y por allá, un ejemplo de familia ahorrativa y previsora. Jesica ha sabido rentabilizar sus encantos y administrar bien sus repentinos metejones. Su velocidad para formalizar matrimonios instantáneos, habla de flechazos con fondos suficientes que tienen al capital como prioridad y al amor como interés subsidiario. No será la primera ni la última que conquista de a pie y ahorra en la cama. Lo de Insaurralde es otra cosa: el exjefe del Gabinete provincial, disfrutando con otro Bandido en el Mediterráneo, es chocante, porque la política no pueden hacerla hombres tan satisfechos. Lo de Jesica a su manera es una resiliencia automatizada que ante el barquinazo de sus parejas, llama a precalentar a un suplente. Es una engañada triunfante que cotiza bien alto la decepción y el desengaño. No es botinera. Sabe que a veces unos meniscos pueden arruinarle el futuro a los mejores; tampoco es de derecha ni de izquierda, es una afiliada al partido gubernamental, un equipo imbatible, con premios de sobra y estabilidad asegurada, un club que no necesita banderazos ni masajes y que ante cada escrutinio canta emocionado “¡Oh juremos con gloria seguir!”.
Mientras el huésped decía ¡no quiero!, su entrepierna se le iba entusiasmando
A las millonarias engañadas siempre le salen solicitantes millonarios y famosos por todas partes. No importa saber cómo se hicieron ricos sin esfuerzo. La cosa es asegurarse un futuro, casarse antes que nada y coleccionar esos maridos de moral titubeante y fondos seguros que sólo aman el poder. Insaurralde quedará como un ex jefe de gabinete intocable y bien recomendado, un dirigente que por estar a cargo de la Lotería siempre cobraba premios anticipados y que facturaba sus placeres como viáticos. Mientras hoy todos contemplan azorados los fajos escondidos bajos las remeras, los dueños del placard mágico andan buscando excusas para justificar semejante ahorro de entrecasa a costa de ese Estado repartidor. Como dijo aquel político mexicano que citó Miguel Bonasso: “Quien vive fuera del presupuesto oficial, vive en el error”.
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