TEMAS DE HOY:
PUBLICIDAD

Ocurrencias: maquillando lo sagrado

Por Alejandro Castañeda

Contra la tiranía del Photoshop, los estetas y los perfeccionistas, apareció en su momento una devota española que se animó a manosear una imagen de Cristo que estaba arruinada en la parroquia de su pueblo. Su atrevimiento, resonó como mandato contracultural: hay que estropear lo que sea, terminar con el inútil retoque, saber que, como la perfección es inalcanzable, hay que devolverle a la fealdad su verdadero rango.

Existe una corriente que fue avanzando involuntariamente entre tantos correctores tecnológicos que auspician la exactitud y el primor. Son quienes se preguntan por la atracción que ejerce lo estropeado, esos restos de monumentos que son más atractivos en ruinas. Y también sobre los innumerables tropiezos involuntarios que vienen a recordarnos aquello de “errar es humano”, un refrán que reivindica la chance y el derecho de equivocarse y que a veces convierte un traspié de buena fe en un triunfo que consagra la belleza de la negligencia.

En lo que hace a expresiones artísticas, el caso más recordado y relevante es el del Ecce Homo, esa pintura mural, casi sin valor artístico, realizada por el artista Elías García Martínez que permanecía en una ermita del siglo XVI, en Borja, ofreciendo un Cristo sucio y despintado. Una tarde, la vecina Cecilia Giménez, de 81 años, cargó pinceles, pinturas, trapo y jabón para devolverle limpieza y brillo. Pero lo que terminó haciendo fue un mamarracho que primero cosechó insultos pero después se transformó en una atracción turística que convoco miles de curiosos, mejoró la limosna de la parroquia y reforzó la actividad comercial de su pueblo. Convertida en celebridad a la par de su santuario, las ansias renovadoras de Cecilia invitan a revisar los dudosos caminos de la fama y la extraña atracción que a veces logran suscitar las fallas groseras. Al Cristo original no lo visitaba nadie, mientras la versión borroneada está siempre rodeada de gente. Al mundo le gusta caminar sobre errores ajenos. Cecilia fue invitada por otros municipios a que vaya a estropearles cuadros y esculturas para poder ganar visitantes, pero prefirió seguir allí, para alegría “de los jóvenes –ha dicho- que me traen flores y besicos”.

La gente, siempre atraída por lo prohibido, empezó a desfilar para ver esta virgen ruborizada y coqueta

El verano pasado, la indignación también se hizo notar en una parroquia de Sevilla tras una intervención en la imagen de la Virgen de La Macarena. La restauración, ordenada por la Hermandad y a manos de un experto, provocó inmediato malestar entre los devotos y se extendió a buena parte de los sevillanos, que no reconocían el resultado final. Fue la antítesis de Cecilia Giménez. Lo insultaron no por arruinarla sino por hermosear La Macarena. De la restauración se había hecho cargo un fanático de la estética que les devolvió a los sevillanos una virgen sobrada de maquillaje y retoques, con labios anaranjados y mirada vivaz, una imagen que estaba más para la pasarela que para el altar. La feligresía rechazo airadamente esa pintura, aunque la gente, siempre atraída por lo prohibido, empezó a desfilar para ver esta virgen ruborizada y coqueta. Pero enseguida la mandaron a desmejorar y entonces la calma volvió al templo y al rostro de La Macarena.

Alguien escribió que la auténtica belleza depende de un defecto que arruine apenas la armonía del conjunto, un error restringido que acelere el pulso y permita la mirada cómplice, singularizando no sólo al objeto del deseo, sino a quien lo anhela.

En un texto que tituló “Los defectos encantadores”, el mexicano Juan Villoro confiesa estar enamorado de la sonrisa de la actriz italiana Ornella Muti, quien inspira, gracias a esa pequeña imperfección que el escritor subraya, una felicidad quebrada, inconstante, en entredicho. “La maravilla de apreciar un diente encimado sobre otro –dice Villoro- se extendió con el tiempo a los dientes rotos o separados. Obviamente, no me refiero a defectos, sino a leves prodigios negativos. Ornella Muti es el prototipo de una chica que, con la separación en los incisivos, en vez de dividir, duplica la sonrisa y así da una imagen perfecta, por imprecisa y vacilante”. Y remata: “La belleza más profunda es el error que se disfruta como virtud”.

Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE a esta promo especial
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Registrate gratis para seguir leyendo

Ya leíste varias notas de El Día. Creá tu cuenta gratuita y seguí accediendo al contenido del diario.

¿Ya tenés cuenta? Ingresar

Has alcanzado el límite de notas gratuitas

Suscribite a uno de nuestros planes digitales y seguí disfrutando todo el contenido de El Día sin restricciones.

Básico Promocional mensual

$570/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Suscribirme

Full Promocional mensual

$740/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Acceso a la versión PDF

Beneficios Club El Día

Suscribirme

ESTA NOTA ES EXCLUSIVA PARA SUSCRIPTORES

Para disfrutar este artículo, análisis y más, por favor, suscríbase a uno de nuestros planes digitales

¿Ya tiene suscripción? Ingresar

Básico Promocional mensual

$570/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Suscribirme

Full Promocional mensual

$740/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Acceso a la versión PDF

Beneficios Club El Día

Suscribirme
PUBLICIDAD