La muerte de una técnica de laboratorio de 28 años en la ciudad rusa de Irkutsk encendió las alertas y llevó a poner en cuarentena a cinco hospitales, mientras las autoridades comenzaron a vigilar a unos 200 contactos. La mujer trabajaba en un instituto especializado en agentes infecciosos de alta peligrosidad y había desarrollado un cuadro respiratorio grave antes de morir.
Ahora se investiga si la víctima estuvo expuesta a la bacteria Yersinia pestis, responsable de la peste. Los análisis determinarán si se trató de esta enfermedad, que puede comprometer los ganglios linfáticos, la sangre, los pulmones o la garganta y adoptar distintas formas según el órgano afectado. Entre ellas se encuentra la peste neumónica, que compromete los pulmones y es considerada la presentación más peligrosa. Puede producirse cuando la infección llega a los pulmones desde otra parte del organismo, pero también puede adquirirse directamente de otra persona infectada.
A diferencia de la peste bubónica, que afecta principalmente los ganglios linfáticos, la variante neumónica provoca una infección pulmonar. También existen las formas septicémica, cuando las bacterias pasan al torrente sanguíneo, y faríngea, que compromete la garganta.
Como advirtió la Organización Mundial de la Salud (OMS), la peste neumónica es la forma más virulenta de la enfermedad. Su período de incubación puede ser de apenas 24 horas y, sin un diagnóstico y tratamiento tempranos, puede resultar mortal. Cuando es detectada dentro de las primeras 24 horas desde el comienzo de los síntomas, las tasas de curación son altas.
La enfermedad es provocada por Yersinia pestis, una bacteria que puede estar presente en ratas, otros mamíferos y pulgas. La vía de transmisión más habitual es la picadura de una pulga que previamente se alimentó de un animal infectado. También puede producirse por el contacto con fluidos corporales o tejidos de animales enfermos. Otra posibilidad es el consumo de carne cruda o poco cocida de un animal infectado, que puede provocar peste faríngea. En el caso de la forma neumónica, en cambio, la bacteria puede pasar de una persona a otra mediante las gotículas respiratorias que se expulsan al toser o estornudar.
La gravedad de la enfermedad está vinculada con la rapidez con que se inicia el tratamiento. Según la OMS, las formas septicémica y neumónica son especialmente graves y, sin atención, la letalidad puede ubicarse entre el 30% y el 100%. La variante pulmonar, además, es la que puede generar epidemias por transmisión entre personas
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