El fin de semana largo por el Día de la Independencia se perfila como uno de los más flojos del año para la actividad turística en la Costa Atlántica. En Mar del Plata, las reservas hoteleras apenas alcanzaban ayer el 25% y el sector arrancaba el feriado con expectativas moderadas, apoyadas casi exclusivamente en la posibilidad de que aparezcan visitantes de último momento.
Empresarios, hoteleros y operadores inmobiliarios coinciden en que la combinación de varios factores conspira contra el movimiento turístico. El frío desalienta las escapadas, la cercanía de las vacaciones de invierno lleva a muchas familias a postergar el viaje y la pérdida del poder de compra continúa afectando las decisiones de consumo. A ese escenario se suma el Mundial de fútbol, que este sábado tendrá a la Selección argentina disputando los cuartos de final, un atractivo que para algunos también reduce las salidas.
Los antecedentes inmediatos tampoco alimentan el optimismo. Los dos fines de semana largos de junio ya habían mostrado una demanda inferior a la esperada y el panorama actual mantiene esa tendencia. En el segmento de alojamientos extrahoteleros, incluso, el nivel de reservas es prácticamente nulo, aunque el sector confía en el tradicional turismo espontáneo proveniente del Área Metropolitana de Buenos Aires y de localidades cercanas.
La debilidad del consumo aparece como otra de las principales preocupaciones. Según un relevamiento de la Unión del Comercio, la Industria y la Producción (UCIP), las ventas minoristas en Mar del Plata cayeron 5,7% interanual durante junio, profundizando una tendencia que ya se había observado en los meses anteriores. Desde la entidad advirtieron que la baja se mantiene de manera sostenida y reclamaron condiciones que permitan recuperar el poder adquisitivo y sostener la actividad comercial.
NO LO DAN POR PERDIDO
Aunque en el sector hotelero y gastronómico también reconocen un contexto complejo, algunos mantienen expectativas de una mejora durante el receso escolar. Señalan que los hábitos de los viajeros cambiaron y que hoy las reservas suelen concretarse apenas uno o dos días antes del viaje, por lo que consideran prematuro dar por perdido el feriado.
Pero en general la apuesta está puesta en las vacaciones de invierno, especialmente desde la segunda quincena de julio. Allí esperan un nivel de ocupación superior al actual que permita aliviar una temporada baja que, hasta el momento, viene mostrando cifras muy por debajo de las habituales para uno de los principales destinos turísticos del país.
POBRES ANTECEDENTES
Las malas proyecciones para este fin de semana largo no representan un hecho aislado. El sector turístico arrastra un primer semestre con escaso movimiento, luego de una temporada de verano considerada modesta y de una sucesión de feriados que no lograron generar el flujo de visitantes esperado. Apenas el feriado de Carnaval mostró un repunte, mientras que Semana Santa y los descansos posteriores quedaron por debajo de los niveles habituales.
La preocupación creció tras el último feriado de junio, cuando un relevamiento de la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME) lo definió como el “menos movido del año”. En la Costa Atlántica predominó una baja ocupación hotelera, escasas reservas en alquileres temporarios y una actividad gastronómica muy inferior a la esperada, con bares y restaurantes que recaudaron apenas un poco más que durante un fin de semana común.
Los referentes del sector vienen advirtiendo además sobre el impacto que esta tendencia tiene sobre el empleo. Desde la Unión de Trabajadores Hoteleros y Gastronómicos señalaron que, en los últimos meses, la ocupación en alojamientos difícilmente superó el 50% durante los feriados, mientras que el cierre de establecimientos comenzó a reflejar las dificultades para sostener la actividad frente al aumento de los costos y la disminución de visitantes.
Con ese panorama, las expectativas del sector -como se dijo ya- parecen concentrarse en las vacaciones de invierno, consideradas la principal oportunidad para revertir un año que, hasta ahora, viene mostrando uno de los desempeños más débiles de los últimos tiempos para la actividad turística en el litoral bonaerense.
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