Aunque es indudable lo mucho que el celular puede agilizar algunas ocupaciones cotidianas -desde trabajar y comunicarse hasta mantenerse informado, resolver trámites y compar- la depedencia de él tiene un costo que no siempre se llega a ver. Cuando la necesidad de estar conectado se vuelve permanente, el vínculo con el dispositivo puede tener un fuerte impacto sobre la capacidad de concentración, las relaciones interpersonales y el bienestar. Así los muestra un análisis publicado en la revista científica BMC Psychiatry. según el cual uno de cada cuatro adultos presenta hoy niveles elevados de nomofobia, como se conoce técnicamente a la ansiedad que se experimenta cuando no se tienen acceso al celular.
“El problema aparece cuando la necesidad de estar conectado genera ansiedad, interfiere con las actividades diarias o provoca malestar cada vez que el teléfono no está al alcance. En esos casos, la relación con el dispositivo deja de ser saludable”, explica la psicóloga Maria Eugenia Cisneros desde Boreal Salud, al explicar que esta dependencia suele instalarse de manera progresiva hasta terminar naturalizándose. De ahí la importancia de estar atento a sus manifestaciones.
Como señala la especialista, una de las primeras señales de alerta es la de revisar el celular de manera compulsiva mirando su pantalla cada pocos minutos, incluso cuando no hay llamadas, mensajes o notificaciones.Pero no menos significativo resulta también sentir preocupación, irritabilidad o una sensación de inseguridad desproporcionada cuando el teléfono no está cerca, se queda sin batería o pierde conexión a internet.
El hecho de que cayó en una dependencia se manifiesta también cuando se interrumpen otras actividades para mirar la pantalla. Pausar conversaciones, reuniones, comidas familiares o tareas laborales para revisar el teléfono de manera repetitiva constituye para los especialistas un señal clara de que el vínculo con el dispositivo se impone sobre actividades de la vida cotidiana.
La necesidad de estar siempre disponible constituye otra señal. Responder mensajes de inmediato, revisar constantemente las redes sociales o sentir que no es posible desconectarse por miedo a perder información importante son comportamientos característicos de quienes desarrollan una dependencia digital.
La quinta señal está vinculada con la concentración. La necesidad permanente de consultar el dispositivo reduce la capacidad de mantener la atención durante períodos prolongados y favorece la distracción, afectando el rendimiento laboral, académico y las actividades cotidianas.
“Aunque suele asociarse principalmente con adolescentes y jóvenes, la nomofobia puede presentarse a cualquier edad”, advierte Cisneros, quien señala que en los adultos resulta más dificil de reconocer. La disponibilidad permanente por motivos laborales y obligaciones familiares hace que muchas personas permanezcan conectadas prácticamente durante todo el día, con dificultades para separar el trabajo de la vida personal y los espacios de recreación.
No se trata simplemente de cuánto se utiliza el teléfono, sino de qué ocurre cuando la conexión se vuelve una necesidad que genera ansiedad, interfiere con las actividades diarias o provoca malestar, señala la especialista. Reconocer estas señales de manera temprana permite recuperar una relación más saludable con la tecnología y evitar que una herramienta pensada para facilitar la vida cotidiana termine afectando el bienestar emocional, la productividad y la calidad de los vínculos.
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