En septiembre de 1966, San Francisco estaba lejos de ser solamente la ciudad de las flores, la música y los jóvenes de pelo largo que pronto poblarían las fotografías de la contracultura. Mientras en Haight-Ashbury comenzaba a crecer una comunidad vinculada con la psicodelia y nuevas formas de vida, en el barrio de Hunters Point, al otro lado de la ciudad, una protesta nacida de la muerte de un adolescente negro terminaba con toque de queda, cientos de arrestos y el despliegue de la Guardia Nacional.
Hace exactamente 60 años, San Francisco mostraba así dos caras de una misma época. Una estaba asociada a la ruptura cultural. La otra, a los conflictos raciales y sociales que atravesaban las grandes ciudades estadounidenses. Entre ambas se encontraba una historia que había comenzado dos años antes, en Berkeley.
La chispa de Berkeley
El 1° de octubre de 1964, Jack Weinberg, estudiante y activista vinculado al movimiento por los derechos civiles, fue detenido en la Universidad de California en Berkeley por participar en una mesa política. Las reglas universitarias restringían entonces las actividades políticas dentro del campus. La detención provocó una reacción inmediata. Los estudiantes rodearon durante unas 32 horas el automóvil policial en el que estaba Weinberg. Sobre ese vehículo habló Mario Savio, quien se convertiría en una de las principales figuras del movimiento. Miles de estudiantes participaron de las movilizaciones.
El conflicto desembocó en una ocupación de Sproul Hall, el edificio de la administración universitaria, el 2 de diciembre. La policía detuvo a cientos de estudiantes. La Universidad terminó modificando sus normas y reconociendo una mayor libertad para las actividades políticas en el campus. UC Berkeley considera actualmente al Free Speech Movement como un momento decisivo en la historia de la libertad de expresión universitaria en Estados Unidos.
Pero aquella protesta no había aparecido de la nada. Muchos de sus protagonistas habían participado durante el verano de 1964 en Freedom Summer, la campaña de derechos civiles desarrollada en Mississippi. La lucha contra la discriminación racial había llegado a Berkeley y había convertido una discusión sobre las reglas universitarias en una cuestión más amplia sobre los derechos civiles y la participación política.
De la libertad de expresión a Vietnam
En 1965, la protesta estudiantil comenzó a desplazarse hacia la guerra de Vietnam. El movimiento creció especialmente después de que Estados Unidos intensificara sus bombardeos sobre Vietnam del Norte. Berkeley se convirtió rápidamente en uno de sus principales centros de actividad. Las tácticas utilizadas durante el Free Speech Movement —manifestaciones, sentadas y, especialmente, los llamados teach-ins, encuentros en los que se combinaban exposiciones, debates y discusiones públicas— fueron utilizadas para organizar la oposición a la guerra.
La conexión es importante: no se trataba de que todos los estudiantes de Berkeley fueran pacifistas ni de que el Free Speech Movement hubiera nacido específicamente contra Vietnam. La secuencia fue más compleja. Primero estuvo la pelea por poder hacer política dentro de la universidad; después, una parte de ese activismo se volcó hacia la política nacional y la guerra.
Berkeley había mostrado que una universidad podía convertirse en escenario de una disputa política masiva. El modelo se extendió por otros campus .
Mientras tanto, aparecía otro San Francisco
Al mismo tiempo, en otro sector de la ciudad comenzaba a formarse una escenario diferente. En Haight-Ashbury se concentraban músicos, artistas, escritores y jóvenes atraídos por la experimentación cultural, las drogas psicodélicas, las comunas y una crítica a las formas tradicionales de vida.
Todavía no era el célebre “Summer of Love”. Ese nombre quedaría asociado a 1967, cuando miles de jóvenes llegaron a San Francisco y Haight-Ashbury se transformó en el principal símbolo internacional de la contracultura. El Smithsonian señala a 1967 como el año en que esa cultura hippie alcanzó una visibilidad masiva, con la llegada de jóvenes interesados en la vida comunitaria, las religiones orientales, los espectáculos de luces y la nueva música.
Pero 1966 fue un año decisivo para ese proceso. En octubre, un evento multitudinario en Haight-Ashbury y Golden Gate Park, el Love Pageant Rally, reunió a miles de personas para protestar contra la prohibición del LSD. En enero de 1967 llegaría el Human Be-In, que contribuyó a convertir el barrio en el centro visible de la nueva contracultura.
Por eso, cuando se mira hacia atrás, 1966 aparece como un año de transición: la contracultura todavía no había alcanzado su máxima dimensión, pero ya estaba tomando forma.
Hunters Point: la otra protesta
El 27 de septiembre de 1966, mientras esa nueva cultura comenzaba a hacerse visible, ocurrió un hecho completamente diferente en Hunters Point, un barrio de población mayoritariamente afroamericana situado alrededor del antiguo astillero naval. El policía Alvin Johnson disparó contra Matthew “Peanut” Johnson, de 16 años, durante una persecución. El adolescente murió. La policía sostuvo que el agente había actuado después de ordenar al joven que se detuviera y efectuar disparos de advertencia. Un jurado forense determinó posteriormente que el homicidio había sido justificable y el policía fue reincorporado. La familia de Matthew Johnson estuvo representada por el abogado Johnnie Cochran.
La muerte provocó una reacción inmediata. Hunters Point arrastraba problemas de vivienda, desempleo y falta de servicios. El barrio había crecido durante la Segunda Guerra Mundial alrededor del astillero naval y había recibido a numerosos trabajadores afroamericanos, en un contexto marcado además por políticas de segregación residencial. Un informe de la ciudad de San Francisco señala que durante la guerra la construcción de viviendas para los trabajadores estuvo atravesada por criterios raciales y que esas desigualdades tuvieron efectos posteriores.
Durante los días siguientes hubo enfrentamientos, saqueos, incendios y disparos. Uno de los episodios más controvertidos ocurrió frente al Centro Comunitario Bayview, donde la policía abrió fuego después de recibir reportes de disparos contra agentes.
Dos ciudades dentro de una
Aquí aparece una de las claves para entender aquel San Francisco. El Free Speech Movement y la contracultura de Haight-Ashbury compartían un clima generacional de cuestionamiento de las autoridades y de las formas establecidas de vida. También existían vínculos entre los movimientos por los derechos civiles, el activismo universitario y la oposición a Vietnam. Pero Hunters Point respondía a otra historia: la desigualdad racial, el desempleo, la vivienda precaria y la relación conflictiva con la policía.
No conviene convertir todos esos episodios en una única rebelión. La protesta estudiantil de Berkeley tenía un escenario universitario y una agenda política específica; el movimiento hippie fue principalmente una transformación cultural; y el levantamiento de Hunters Point tuvo como detonante la muerte de un adolescente y se desarrolló en un barrio atravesado por problemas sociales y raciales.
Lo que sí compartían era el momento histórico. En 1966, distintas generaciones y comunidades comenzaban a cuestionar, por caminos diferentes, instituciones que hasta entonces parecían difíciles de discutir: la universidad, la policía, la guerra, las relaciones raciales, la familia, el consumo y las formas tradicionales de autoridad. San Francisco quedó en el centro de esa transformación.
De San Francisco a París
Dos años después, esa energía de protesta tendría uno de sus grandes episodios en Europa. En mayo de 1968, las movilizaciones estudiantiles que comenzaron en Nanterre y París terminaron conectándose con una enorme ola de huelgas y ocupaciones de fábricas.
El 3 de mayo la policía desalojó la Sorbona. El 10 de mayo se produjo la llamada “noche de las barricadas”. El 13 comenzó una huelga general y, durante las semanas siguientes, millones de trabajadores participaron de huelgas y ocupaciones. La crisis terminó extendiéndose desde las universidades hacia las fábricas y las instituciones del Estado.
No fue una copia europea de Berkeley ni una consecuencia directa de San Francisco. Francia tenía sus propios conflictos universitarios, laborales y políticos. Pero formó parte de una ola internacional de movilización que, durante aquellos años, conectó de diferentes maneras a estudiantes, trabajadores y movimientos sociales.
En ese sentido, la secuencia permite mirar los años 60 no como una sola protesta, sino como una sucesión de movimientos que se influenciaron, se cruzaron y también se diferenciaron.
Berkeley había puesto en discusión quién podía hablar y hacer política dentro de una universidad. Vietnam llevó esa discusión hacia la política exterior estadounidense. Haight-Ashbury transformó la protesta en una experiencia cultural. Hunters Point mostró que la crisis de la sociedad estadounidense tenía además una dimensión racial y económica mucho más profunda. Y París, en 1968, llevó la protesta estudiantil hacia una crisis social de escala nacional.
Sesenta años después, el San Francisco de 1966 puede mirarse justamente desde esa convivencia de conflictos. Antes de convertirse en postal de flores, guitarras y psicodelia, la ciudad fue también un territorio de derechos civiles, guerra, desigualdad, represión y protesta. El mito hippie estaba naciendo, pero debajo de ese mito había una sociedad en plena disputa.
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