El mundo se prepara para enfrentar uno de los episodios de El Niño más intensos de los que se tenga registro. El calentamiento excepcional de las aguas del océano Pacífico encendió las alarmas de los principales organismos meteorológicos internacionales, que anticipan un fenómeno potencialmente histórico, capaz de alterar los regímenes de lluvias, elevar las temperaturas y multiplicar los riesgos de inundaciones y sequías en distintas regiones del planeta.
La advertencia llegó este miércoles de la mano de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), que proyectó que la temperatura superficial del Pacífico tropical podría ubicarse hasta 3,8 grados por encima de los valores habituales entre noviembre de 2026 y enero de 2027. Se trata de una anomalía extraordinaria, superior a las observadas durante algunos de los episodios más intensos de las últimas décadas.
La secretaria general del organismo, la meteoróloga argentina Celeste Saulo, reconoció que las previsiones plantean un escenario inédito y reclamó a los gobiernos que adopten medidas preventivas antes de que se manifiesten los impactos más severos.
“Nunca hemos registrado un valor de 3,8 en el pasado. Durante algunos episodios de El Niño particularmente intensos, hemos observado valores cercanos a 3, los cuales tuvieron repercusiones muy significativas a nivel mundial”, explicó durante una conferencia de prensa en Ginebra.
La especialista advirtió que el fenómeno podría alcanzar una intensidad sin precedentes, incluso por fuera de los parámetros utilizados habitualmente para su seguimiento. Y remarcó que, aunque se espera que alcance su punto máximo hacia finales de este año, sus consecuencias podrían extenderse durante buena parte de 2027.
Un océano que rompe registros
Las últimas mediciones del Pacífico ecuatorial muestran que el calentamiento ya alcanzó niveles excepcionales. Según el Instituto Internacional de Investigación sobre el Clima y la Sociedad (IRI), las anomalías de temperatura superficial del mar se mantuvieron durante cinco semanas consecutivas por encima de los 3 grados.
El promedio semanal correspondiente al 14 de octubre llegó a 3,3 grados sobre los valores normales, mientras que septiembre había registrado una anomalía mensual de 2,84 grados.
Qué podría pasar en Argentina
Para nuestro país, la posibilidad de un episodio de El Niño especialmente intenso representa un escenario que deberá seguirse con atención durante los próximos meses.
Históricamente, este fenómeno se relaciona con una mayor probabilidad de precipitaciones superiores a las normales en sectores del centro y noreste del país, especialmente en el Litoral. También puede influir sobre las condiciones meteorológicas de la región pampeana, aunque sus efectos no son uniformes.
En la provincia de Buenos Aires, incluida La Plata y su región, un escenario de lluvias más frecuentes o abundantes podría incrementar la preocupación por los anegamientos, especialmente en áreas con antecedentes de problemas de drenaje y vulnerabilidad frente a tormentas intensas.
Sin embargo, la intensidad extraordinaria que podría alcanzar El Niño no significa que necesariamente se produzcan inundaciones en territorio bonaerense.
Los organismos internacionales aclaran que la magnitud del calentamiento oceánico no permite determinar, por sí sola, cuáles serán sus consecuencias en cada región.
Los efectos concretos dependerán también de otros factores atmosféricos y oceánicos, así como de la evolución de los sistemas meteorológicos durante el verano.
Por eso, las proyecciones globales constituyen una señal de atención, pero no equivalen a un pronóstico específico de lluvias extremas para La Plata o el resto de la Provincia.
Cómo se forma un fenómeno de semejante magnitud
El Niño es un fenómeno climático natural que se desarrolla de manera irregular, generalmente cada dos a siete años, y que se caracteriza por un calentamiento anormal de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial.
En condiciones habituales, los vientos alisios desplazan las aguas cálidas hacia el oeste del océano, en dirección a Asia. Cuando esos vientos se debilitan, parte del calor acumulado se desplaza hacia el centro y el este del Pacífico, alterando la circulación atmosférica.
Ese proceso modifica la distribución de las precipitaciones y las temperaturas en numerosas regiones del mundo.
La NASA identificó durante este año señales físicas que ayudan a explicar la intensificación del episodio. Sus satélites detectaron el desplazamiento de una onda Kelvin, una masa de agua cálida que avanza de oeste a este y transporta energía hacia las costas sudamericanas.
Las observaciones también registraron variaciones de hasta 40 centímetros en el nivel del mar en sectores del Pacífico oriental, asociadas con el desplazamiento de esas aguas cálidas.
Incluso se detectaron modificaciones en los ecosistemas marinos. La misión satelital PACE identificó sectores con menor concentración de fitoplancton, organismos microscópicos fundamentales para las cadenas alimentarias oceánicas, como consecuencia de la reducción del ascenso de aguas frías ricas en nutrientes.
La ONU advierte por consecuencias humanitarias
La preocupación de los organismos internacionales no se limita a los récords de temperatura. El principal temor está relacionado con las consecuencias que una alteración de semejante magnitud puede provocar sobre las poblaciones más vulnerables.
“No podemos impedir El Niño, pero sí podemos prevenir muchas de sus consecuencias humanas más graves”, sostuvo Saulo, al reclamar una respuesta internacional coordinada.
El llamado fue realizado junto con Tom Fletcher, responsable de las operaciones humanitarias de Naciones Unidas, quien utilizó términos contundentes para describir el escenario que se aproxima.
“Este episodio de El Niño es un fenómeno colosal. Es una verdadera fuerza destructiva”, advirtió, y señaló que sus efectos podrían sentirse especialmente en América Latina, África oriental y austral, Asia y la región del Pacífico.
El funcionario alertó que los fenómenos meteorológicos extremos también pueden desencadenar consecuencias económicas y sociales, desde pérdidas agrícolas y dificultades para acceder a los alimentos hasta desplazamientos de poblaciones y nuevas crisis humanitarias.
En África oriental, por ejemplo, la ONU considera necesario anticipar recursos para enfrentar posibles lluvias intensas. En otras regiones, la prioridad pasa por proteger la producción agrícola frente a períodos de sequía.
La organización insistió en que las medidas preventivas, los sistemas de alerta temprana y la preparación de las comunidades pueden reducir significativamente los daños.
El cambio climático agrava la preocupación
El escenario previsto para los próximos meses se desarrolla, además, en un planeta que ya experimenta un calentamiento sostenido por las emisiones de gases de efecto invernadero.
Aunque El Niño es un fenómeno natural y diferente del cambio climático, ambos procesos pueden interactuar y favorecer condiciones de temperatura excepcionalmente elevadas.
La combinación genera preocupación porque puede aumentar la exposición de numerosas regiones a episodios meteorológicos extremos, aunque no todos los territorios experimentarán los mismos efectos.
La OMM también recordó que la intensidad de El Niño no constituye una medida automática de la gravedad de sus consecuencias. Otros factores, como las condiciones de los océanos Atlántico e Índico, pueden modificar considerablemente la respuesta climática regional.
Mientras tanto, los principales centros meteorológicos continuarán actualizando sus proyecciones durante las próximas semanas, cuando el calentamiento del Pacífico se acerque a su máximo previsto.
El mensaje de Naciones Unidas apunta, precisamente, a evitar que las medidas lleguen demasiado tarde: frente a un fenómeno que no puede detenerse, la prevención y la preparación anticipada serán herramientas fundamentales para reducir sus consecuencias.
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