El uso de productos destinados a controlar la sudoración y el olor corporal se viene extendiendo en los últimos años más allá de las axilas, su lugar tradicional. Sin embargo, como advierten especialistas, no todas las partes del cuerpo lo necesitan y en algunas puede provocar irritación.
Ocurre que los desodorantes y antitranspirantes están diseñados, en general, para actuar sobre la piel de las axilas: mientras que los primeros buscan controlar el olor mediante ingredientes antimicrobianos y fragancias, los segundos reducen temporalmente la transpiración al bloquear los conductos sudoríparos con sales de aluminio. De ahí que en general los dermatólogos no recomiendan aplicarlos en otras partes del cuerpo, salvo en alguna situación excepcional.
Si bien “los desodorantes están recomendados para las axilas, hay algunas patologías como es la hiperhidrosis, que genera un exceso de sudoración, en las que los pacientes necesitan utilizar desodorantes con antitranspirantes, que tienen sales de aluminio, también en las palmas y plantas”, explica la médica dermatóloga Ana Tettamanti, quien señala que “en otras zonas de pliegues -como es el caso de la ingle- se trata de “evitar su uso para que no se irrite la piel”.
Ocurre que muchos de estos productos contienen fragancias, conservantes, sales de aluminio o ácidos exfoliantes que pueden resultar irritantes sobre pieles más delicadas. Incluso los productos destinados específicamente a la zona íntima requieren precaución, en especial si contienen perfumes.
Por otra parte, en el pecho, la espalda, los brazos y las piernas tampoco suele ser necesario utilizar productos para controlar el olor. La transpiración de esas zonas está relacionada principalmente con la regulación de la temperatura corporal y, a diferencia de lo que ocurre en las axilas y la ingle, no suele generar el mismo tipo de olor.
Cuando el problema es la cantidad de sudor y no el olor, una alternativa puede ser recurrir a prendas que absorban la humedad. De ese modo es posible reducir la incomodidad sin extender el uso de productos desodorantes a zonas que no los necesitan.
Los pliegues de la piel constituyen otro caso particular. El sudor que queda atrapado en ellos, combinado con la humedad y la fricción, puede provocar molestias y olor, lo que no necesariamente indica una higiene deficiente.
El problema se da especialmente “en personas con obesidad, donde pueden aparecer hongos que producen mal olor”, señala la especialista al explicar que en estos casos “se suele recomendar el uso de talcos antimicóticos, sobre todo en las épocas de más calor”.
Para prevenir las rozaduras existen por otra parte productos específicos, como polvos corporales, pomadas protectoras y fórmulas destinadas a crear una capa que reduzca la fricción. Si bien no cumplen la misma función que un desodorante, están formulados para ese tipo de contacto con la piel.
Usa productos específicos: No apliques tu desodorante de axilas común en zonas delicadas. Los desodorantes tradicionales o antitranspirantes fuertes pueden causar irritaciones dolorosas si se usan en la ingle o zona íntima.
Solo uso externo: Al aplicarlo en la zona íntima (como la vulva o el área masculina), hazlo siempre de forma externa. Nunca lo utilices sobre mucosas o piel irritada.
Piel limpia y seca: Para que sea efectivo, aplícalo justo después de bañarte y asegúrate de secar bien la zona antes de ponértelo y vestirte
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