Un doble terremoto de gran magnitud con miles de muertos en La Guaira y apenas un mes más tarde otro en territorio colombiano a sólo un millar de kilómetros de él mientras se multiplican en las redes sociales las imágenes de volcanes en actividad. La sucesión reciente de fenómenos en Venezuela, Colombia, Indonesia y Perú ha vuelto a despertar una pregunta que reaparece cada vez que se acumulan episodios de este tipo ¿la Tierra está atravesando un período de mayor actividad sísmica y volcánica?
Aunque la impresión puede ser difícil de evitar, tanto la estadística como los expertos en estos fenómenos naturales aseguran que no. “No se están registrando más terremotos ni sismos que antes; lo que pasa es que vivimos en un planeta dinámico”, afirma entre otros el geofísico de la UNLP Andrés D’Onofrio, quien se especializa en análisis de datos sismológicos.
Como recuerda el investigador, la Tierra no es un cuerpo quieto. Las placas tectónicas se desplazan de manera permanente y, en sus bordes, acumulan esfuerzos que en algún momento pueden liberarse de forma brusca. Allí aparecen los terremotos. Y hay regiones del planeta donde esa dinámica es particularmente intensa. Tal es el caso del llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, que se extiende entre el oeste del continente americano y el este de Asia y Oceanía y constituye una de las zonas más activas del mundo en cuanto a terremotos y volcanes.
El nombre no es casual. El Cinturón de Fuego concentra cerca del 75 por ciento de los volcanes activos y el 90 por ciento de la sismicidad mundial. Allí, las placas oceánicas se introducen por debajo de las continentales en un proceso conocido como subducción. Por eso, países como Chile, Ecuador, Colombia, Venezuela y Perú, se encuentran entre las regiones donde es esperable que ocurran numerosos terremotos.
“Los terremotos son producto de que el movimiento lento pero continuo de las placas a lo largo de muchos años va acumulando esfuerzos cerca de sus bordes; y estos pueden llegar en algún momento a ser liberados por alguna fractura o desplazamiento brusco”, explica el especialista al aclarar que si bien terremotos y volcanes son fenómenos que guardan cierta relación esto no significa que unos desencadenen a los otros de por sí.
“Un terremoto puede disparar una erupción volcánica; pero no por sí solo, ni como una única condición”, señala el geofísico al explicar que el movimiento de placas tectónicas oceánicas facilita la fundición de la roca produciendo magma, y éste comienza a ascender activando los volcanes. Pero el vínculo entre ambos fenómenos es más complejo de lo que puede sugerir la sucesión de imágenes de un terremoto y una erupción en internet.
“Para que los volcanes entren en erupción a causa de un terremoto tienen que estar ya a punto de hacerlo; o sea, tienen que tener un nivel de actividad superficial previo muy importante”, precisa el geofísico señalando ejemplos recientes de esta posibilidad. “Ocurrió el año pasado con el terremoto de magnitud 8,8 en Rusia, después del cual entraron en erupción algunos volcanes; y también este año luego del terremoto de Colombia con una erupción de cenizas del volcán Púrace, aunque los organismos oficiales desmienten que exista una relación causal”.
NÚMEROS EN PERSPECTIVA
Más allá de la sucesión de noticias, una forma de evaluar si existe realmente un cambio es mirar la estadística, según la cual es esperable que en las zonas sísmicas se produzcan entre 10 y 20 terremotos de magnitud 7 o superior por año. Contra esto, “en lo que va de este año ya se registraron 11; el año pasado fueron 16 y el promedio de los últimos veinte años se mantiene dentro de los niveles normales”, remarca el investigador.
Los terremotos, además, no se distribuyen de manera uniforme. Puede haber períodos en los que se concentren varios movimientos y otros con menor actividad. Pero esa variación, por sí misma, no permite hablar de una tendencia. “Los terremotos tienen una naturaleza caótica: a veces hay más, a veces hay menos, pero en la media, analizando su ocurrencia a una gran escala de tiempo, estamos en niveles normales”, sostiene D’Onofrio.
Lo que si ha cambiado, y en forma radical, es la velocidad con que viaja la información. Un terremoto que décadas atrás podía pasar inadvertido para buena parte del mundo hoy llega en segundos a los teléfonos, acompañado por videos, mapas, alertas y comentarios en redes. Pero “eso no significa que la actividad de la Tierra esté aumentando -señala el geofísico-, simplemente estamos más alerta porque le estamos prestando atención”.
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