Tiene el largo de un edificio de cuatro pisos, un diámetro comparable al de un colectivo y pesa casi cuatro toneladas. Esa gigantesca estructura recorre por estas horas sus últimos kilómetros antes de terminar estrellándose en la madrugada de mañana a unos 8.700 kilómetros por hora contra la superficie lunar. Se trata de la segunda etapa de un cohete Falcon 9 de SpaceX que, tras cumplir su misión hace más de un año, quedó vagando en una órbita inestable hasta que la gravedad la puso en rumbo de colisión con el satélite natural.
El impacto será seguido por científicos de distintos países porque constituye una oportunidad excepcional para estudiar cómo responde el suelo lunar cuando recibe el choque de un objeto cuyas características se conocen con exactitud. A diferencia de un meteorito, los investigadores saben de antemano la masa del vehículo, su velocidad y el ángulo con el que llegará a la superficie, datos fundamentales para interpretar los resultados.
Así lo explica el astrónomo platense Diego Bagú, al comentar que precisamente en ello reside el mayor interés del episodio. "Al saber muy bien la masa del cohete como así también su velocidad y trayectoria, el observar los efectos del impacto permitirá analizar en gran manera el suelo lunar de dicha zona", cuenta.
Como menciona Bagú, la estructura que caerá corresponde a la segunda etapa del Falcon 9 lanzado el 15 de enero de 2025. Su función fue impulsar hacia la Luna una plataforma de descenso y un rover. Una vez liberada la carga útil, el módulo quedó girando alrededor del satélite en una órbita muy alargada hasta que la atracción gravitatoria terminó conduciéndolo hacia un impacto inevitable.
Las simulaciones indican que el choque abrirá un cráter de entre 20 y 30 metros de diámetro y unos cinco metros de profundidad. También expulsará una enorme cantidad de regolito, el polvo y las rocas que cubren la superficie lunar, formando una columna que se elevará varios kilómetros. Debido a la ubicación y la hora del impacto (06:35 UTC, 03:35 hora argentina), una de las regiones más propicias para observarlo será América del Sur, desde donde podrá ser observado con telescopios.
Además de telescopios instalados en distintos puntos del planeta, la NASA y el orbitador surcoreano Danuri obtendrán imágenes de la zona antes y después del impacto. Los datos permitirán mejorar los modelos sobre la formación de cráteres, el comportamiento del suelo lunar y la dispersión del material eyectado, conocimientos que serán clave para las futuras misiones de exploración del satélite.
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