Para los investigadores, el principal valor del trabajo no está únicamente en los resultados actuales sino en la posibilidad de comparar, dentro de algunos años, cómo evoluciona el ecosistema. Esa línea de base permitirá detectar con mayor precisión si disminuye una especie, aparecen otras nuevas o cambian los patrones de distribución como consecuencia del calentamiento global, las modificaciones del caudal del río o el crecimiento de la presión humana sobre la costa.
Para lograr ese nivel de precisión, el equipo utilizó un método de muestreo poco frecuente denominado ranio, una red de arrastre tradicional que permitió repetir las capturas bajo las mismas condiciones durante todo el año y obtener registros comparables. “Lo que suele suceder es que se hacen registros discontinuos y mediante diferentes métodos, y eso no permite comparar los datos obtenidos”, explicó Maiztegui al destacar una de las innovaciones del estudio.
Los autores coinciden en que comprender el funcionamiento natural del Río de la Plata es el primer paso para protegerlo. “Conocer el funcionamiento de un sistema es el ABC del conocimiento”, remarcan, convencidos de que la información obtenida en la ribera de Ensenada y Berisso será una herramienta valiosa tanto para futuras investigaciones como para organismos responsables de la gestión ambiental y la conservación de uno de los ambientes naturales más importantes del país.
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