Amina Helmi nació en Bahía Blanca, pero una parte decisiva de su formación científica transcurrió en La Plata. Allí estudió Astronomía en la Universidad Nacional de La Plata y luego también desarrolló una etapa de investigación. Ayer volvió a ser noticia por recibir el Premio Kavli de Astrofísica 2026, uno de los máximos reconocimientos internacionales de la disciplina y suele ser llamado informalmente el “Nobel” de tal asignatura.
LAS HUELLAS DE UNA GALAXIA DEVORADA
Las corrientes estelares funcionan como una especie de registro fósil. Aunque la galaxia original dejó de existir como estructura independiente hace miles de millones de años, parte de sus estrellas todavía conserva información sobre su origen.
Helmi determinó que una fracción de las estrellas del halo galáctico provenía de una antigua galaxia enana absorbida por la Vía Láctea. El fenómeno ocurrió hace entre 6.000 y 9.000 millones de años.
La investigación abrió una nueva manera de estudiar la evolución de las galaxias. En lugar de limitarse a observar objetos lejanos, los científicos pueden reconstruir la historia de la Vía Láctea analizando las trayectorias, edades y composiciones químicas de sus estrellas.
El gran salto llegó en 2018, cuando Helmi y su equipo utilizaron información de la misión europea Gaia para identificar los restos de otra enorme galaxia incorporada por la Vía Láctea.
GAIA-ENCÉLADO, LA GRAN COLISIÓN
El episodio recibió el nombre de Gaia-Encélado y ocurrió hace unos 10.000 millones de años, cuando el Sistema Solar todavía no existía.
La colisión tuvo consecuencias sobre la estructura de nuestra galaxia. Los restos de aquella galaxia contribuyeron a formar el halo de la Vía Láctea y la interacción también tuvo efectos sobre su disco.
El descubrimiento modificó la imagen de la Vía Láctea como una estructura que simplemente se desarrolló de manera gradual. Su historia incluye grandes fusiones y la incorporación de otras galaxias.
Ese trabajo es el núcleo del reconocimiento que Helmi comparte con Vasily Belokurov, de la Universidad de Cambridge, y Rodrigo Ibata, de la Universidad de Estrasburgo. El comité del Kavli destacó la identificación de evidencia fósil de las fusiones que construyeron nuestra galaxia.
EL “NOBEL” DE LA ASTROFÍSICA
El Premio Kavli es uno de los principales reconocimientos científicos internacionales en astrofísica. Fue creado en 2008 y también contempla las categorías de nanociencias y neurociencias.
La distinción fue anunciada en junio, pero Helmi volvió a ocupar ayer el centro de la escena por la ceremonia de premiación desarrolladas en Oslo.
El galardón incluye una medalla de oro y un premio económico conjunto de un millón de dólares por categoría. La ceremonia forma parte de la Semana del Premio Kavli, que reúne en Noruega a los científicos distinguidos.
“Como no hay Nobel de Astrofísica, esto es lo máximo a lo que se puede llegar”, dijo Helmi a La Nación durante su presencia en Oslo. La frase resume la dimensión que la propia científica atribuye al reconocimiento.
QUÉ SIGUE INVESTIGANDO
El Premio Kavli no representa un punto final para Helmi. Su trabajo continúa concentrado en reconstruir la evolución de la Vía Láctea y comprender cómo era nuestra galaxia en sus primeras etapas.
Uno de los grandes objetivos es analizar nuevos datos de Gaia. La misión permitió obtener información de una cantidad inédita de estrellas y todavía quedan conjuntos de datos que pueden aportar nuevas pistas sobre la historia galáctica.
Helmi también estudia la materia oscura, uno de los grandes problemas abiertos de la astrofísica. Las observaciones de las estrellas y de las galaxias permiten estudiar sus efectos gravitacionales y buscar indicios sobre la distribución de este componente invisible.
Así, una científica nacida en Bahía Blanca y formada en La Plata terminó reconstruyendo la historia de la galaxia en la que se encuentra la Tierra. Su carrera internacional tiene un punto de partida concreto en la UNLP: allí estudió Astronomía, obtuvo una formación decisiva y también regresó para trabajar como investigadora.
Para la Universidad Nacional de La Plata, el reconocimiento de Helmi representa además un resultado visible de una trayectoria científica iniciada en la educación pública argentina y proyectada hacia uno de los máximos escenarios de la ciencia internacional.
SU ORIGEN
Helmi nació el 6 de octubre de 1970, hija de una madre holandesa y un padre egipcio, profesor de química. Su primer contacto con la astrofísica se produjo en Argentina, donde también trabajó en el Planetario de Buenos Aires.
En 1994 obtuvo su maestría en Astronomía, con especialización en Física Teórica, en la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la UNLP. Su desempeño académico fue sobresaliente: consiguió una calificación de 9,94 sobre 10.
Su vínculo con la Universidad de La Plata no terminó con sus estudios. Después de doctorarse en Astronomía en la Universidad de Leiden, en los Países Bajos, regresó a la UNLP para desarrollar una etapa posdoctoral antes de continuar su carrera científica en Europa.
UNA CARRERA QUE COMENZÓ EN LA PLATA
La trayectoria posterior llevó a Helmi al Instituto Astronómico Kapteyn de la Universidad de Groningen, donde actualmente es profesora e investigadora. Desde allí se convirtió en una de las principales especialistas mundiales en la evolución y dinámica de las galaxias.
Su especialidad puede resumirse como una forma de arqueología galáctica: reconstruir acontecimientos ocurridos hace miles de millones de años a partir de las estrellas que todavía pueden observarse en la actualidad.
El primer gran descubrimiento llegó durante su doctorado. En 1999 identificó un grupo de estrellas próximas al Sol que presentaban movimientos diferentes de los esperados para las estrellas del disco de la Vía Láctea.
Aquellas estrellas eran los restos de una antigua galaxia que había sido incorporada por la Vía Láctea. El hallazgo dio origen a las llamadas “corrientes de Helmi”, consideradas uno de los primeros rastros inequívocos de una antigua fusión galáctica.
SUSCRIBITE a esta promo especial