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Alergia en alza: el impacto del arbolado platense

La Ciudad tiene más de 100 variedades de árboles que tienen diferente impacto en el estado de salud de la población. Por qué la estación en curso tiene un aumento de concentración de polen que provoca alergias en personas sensibilizadas
El polen del arce es un conocido alérgeno estacional que se libera principalmente durante la primavera
Flores del fresno, una de las especies que genera mayor cantidad de polen en primavera
Daniela Silvana Nitiu Dra. en Ciencias Naturales
Andrés Echazarreta Especialista en Med. Respiratoria

Por Redacción

Con la llegada de la primavera, las más de cien variedades de árboles que conviven en La Plata ofrecen un paisaje pletórico de colores, formas y perfumes. Pero esa postal viene acompañada por una concentración de polen que aumenta de forma notable en esta época del año y provoca síntomas compatibles con alergias en personas sensibilizadas.

El fenómeno, que se estima que afecta a uno de cada cinco argentinos, ha sido abordado en distintas investigaciones por científicos de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), quienes buscan dar respuesta a una problemática de salud cada vez más extendida.

Entre ellos se encuentran la Dra. en Ciencias Naturales Daniela Silvana Nitiu, investigadora del CONICET y jefa de Trabajos Prácticos de la Cátedra de Introducción a la Botánica de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM-UNLP), y el Dr. Andrés L. Echazarreta, director y jefe de Medicina Respiratoria del Centro Médico Capital de La Plata y graduado de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNLP.

La primavera, acuerdan los especialistas, coincide con la polinización de numerosas especies vegetales. “Eso se debe a la floración de una gran cantidad de especies que empiezan a emitir granos y permanecen en la atmósfera durante diversos períodos de tiempo”, apunta Nitiu, y amplía: “Con el inicio de la primavera comienza un aumento gradual de la temperatura, días más largos con mayor radiación solar, una mayor inestabilidad atmosférica y variación en los valores de humedad, lo que promueve el inicio de los ciclos biológicos y las floraciones de la mayoría de los árboles”.

En La Plata, el fenómeno adquiere características particulares. Nitiu lo abordó en su tesis doctoral, Estudio aeropalinológico de la ciudad de La Plata, donde durante tres años —entre julio de 1998 y junio de 2001— analizó el contenido de polen en la atmósfera.

Allí detectó hasta 78 tipos polínicos y encontró que la vegetación arbórea de polinización anemófila —aquella cuyo polen es transportado por el viento— constituía la principal fuente registrada. La investigación también mostró que la abundancia, cercanía y ubicación de esas fuentes eran factores importantes para determinar la presencia de los distintos tipos de polen en la atmósfera.

Aunque los resultados corresponden a ese período de muestreo y no constituyen una medición actual del aire de La Plata, su valor está en haber construido una base local para conocer la dinámica del polen atmosférico y su relación con la vegetación de la ciudad.

Entre las especies que aparecen como principales productoras de polen en la ciudad se encuentran Fraxinus sp. (fresnos), Platanus sp. (plátanos), Cupressus sp. (cipreses), Morus sp. (moreras), Ulmus sp. (olmos) y Urtica sp. (ortigas). Como advierte Echazarreta, estos pólenes pueden desencadenar, “en las personas sensibilizadas, inflamación de la mucosa nasal, los ojos y, en algunos casos, los bronquios. Por eso reaparecen la rinitis, la conjuntivitis y algunas exacerbaciones del asma”.

Al respecto, otro trabajo de Nitiu y el Dr. Edgardo Romero, publicado en 2002 a partir de muestras obtenidas entre julio de 1998 y junio de 1999, identificó 58 taxones. Doce grupos —entre ellos fresnos, plátanos, cipreses, moreras y gramíneas— concentraron el 95,18% del polen registrado.

Mientras que, en una investigación dedicada específicamente al arbolado urbano potencialmente alergénico de La Plata, Nitiu y la Lic. Andrea Mallo registraron 25 tipos polínicos arbóreos. El 68% fue considerado alergógeno y aportó el 75,5% de la concentración total de polen.

Otro dato relevante surge del calendario elaborado a partir de ese monitoreo, que ubicó entre el 16 y el 29 de septiembre uno de los períodos de mayor concentración de los principales pólenes arbóreos estudiados.

NO TODOS LOS ARBOLES TIENEN EL MISMO IMPACTO

La distribución del polen dentro de la ciudad no puede establecerse simplemente a partir de la cantidad de vegetación existente. Nitiu señala que, para determinar diferencias entre barrios o sectores de La Plata, sería necesario realizar nuevos muestreos en distintos puntos y relacionarlos con el tipo de vegetación presente.

“Puede ser que se encuentre más vegetación en un barrio, plaza o parque respecto de otra área con solamente vegetación en calles, pero los árboles tienen polinización entomófila, entonces la cantidad de vegetación no sería el problema”, aclara.

La cantidad de polen emitida por una planta depende de factores biológicos, evolutivos y ambientales, además de características como su ubicación, estado de preservación y proporción de copa fértil.

Echazarreta retoma: “Muchas plantas tienen períodos de polinización definidos. Si una persona está sensibilizada a determinados árboles o gramíneas, los síntomas reaparecen cuando aumenta la exposición a esos pólenes”. Por eso, “la repetición estacional es un dato clínico orientador”.

En la primavera, continúa el especialista en Neumonología, “el aire se carga con altas concentraciones de polen liberado por árboles, pastos y céspedes, lo que hace que esta respuesta exagerada del organismo pueda producir dermatitis, conjuntivitis, otitis e incluso agravar enfermedades preexistentes, como el asma bronquial”.

En el caso particular de La Plata, conocida por su planificada distribución y su abundante arbolado público, Echazarreta señala que estas características pueden favorecer una elevada exposición al polen. “La alta densidad de árboles, especialmente plátanos y fresnos, junto con los pastos en plazas y parques, su llanura y sus vientos del río, convierten a la ciudad en un entorno con un alto grado de concentración de polen, lo que hace que los platenses sean más susceptibles a las alergias estacionales”, sostiene, para también advertir que “hay cuadros que empiezan siendo una reacción alérgica y después terminan siendo infecciosos”.

Pero no solo el polen puede desencadenar síntomas alérgicos. También las esporas de hongos, presentes en la atmósfera durante todo el año a través de diversos géneros fúngicos, pueden aportar una mayor sensibilidad en personas con afecciones alérgicas, según explica Nitiu.

En el aire también se encuentran otras partículas biológicas, como pelos, escamas de diversos vegetales, plumas de animales y ácaros del polvo, que tienden a “complejizar” la atmósfera. A su vez, otros organismos y agentes biológicos, como bacterias, virus y caspa de diversos animales, pueden desencadenar respuestas alérgicas.

A esta enumeración, Echazarreta añade “la contaminación, el humo del tabaco, las partículas del tránsito, los olores intensos y los cambios bruscos de temperatura”, factores que también pueden irritar las vías respiratorias.

La bióloga hace una salvedad: “Los granos de polen en sí no generan alergia, sino las moléculas de proteína internas que desarrollan, que al liberarse y entrar en contacto con la humedad de las mucosas, como la nariz, los ojos o la saliva, provocan sensibilidad y reacciones. Lo cual dependerá de la predisposición de cada persona a ello”.

En este punto, Echazarreta propone definir la alergia como “la respuesta exagerada del organismo a ciertas sustancias que, para la mayoría de las personas, son inofensivas”. Estas sustancias se conocen como alérgenos y pueden ser polvos, ácaros o, en el caso de la primavera, pólenes.

“No todos las sufren, pero sí las personas que tienen una predisposición genética, antecedentes familiares y están expuestas a diversos factores ambientales. No obstante, en algunos casos esta predisposición puede no estar presente y desarrollarse alergia de igual forma”, explica.

Lo que ocurre, señala el médico, es que el sistema inmunológico reconoce como dañina una sustancia generalmente inocua. “Entonces intervienen anticuerpos IgE (o de inmunoglobulina E)”, proteínas producidas por el sistema inmunitario relacionadas principalmente con las reacciones alérgicas y la defensa contra parásitos, “que, al volver a entrar en contacto con el alérgeno, activan mastocitos y otras células inflamatorias”.

Allí se producen los síntomas más característicos: “Se liberan mediadores como histamina y leucotrienos, responsables de estornudos, picazón, secreción y congestión nasal, lagrimeo y, si se comprometen los bronquios, tos, sibilancias o dificultad respiratoria”, precisa el neumonólogo.

Y resume: “La alergia surge de la interacción entre la susceptibilidad individual, el sistema inmunológico y las exposiciones acumuladas a lo largo de la vida”.

Muchas de estas reacciones, puntualiza Echazarreta, se manifiestan en la infancia o la adolescencia, pero también pueden aparecer en la adultez. Según remarca, “la sensibilización puede desarrollarse progresivamente debido a cambios en el sistema inmunológico y en las exposiciones ambientales”.

Arbolado urbano, clima y mayor concentración

En cualquier edad, “el arbolado urbano juega un rol fundamental”, enfatiza Nitiu, ya que “dependiendo de la vegetación, dónde y cuánto se encuentre puede ser mayor o menor promotor de sensibilidad en la población”.

En ese sentido, “las plantas polinizadas por el viento tienen una mayor importancia por su gran productividad y potencial de llegar a mayor distancia de las fuentes emisoras. Por otra parte, el grano en general suele ser más liviano y eso facilita este proceso”.

“El arbolado urbano juega un rol fundamental”, ya que “dependiendo de la vegetación, dónde y cuánto se encuentre puede ser mayor o menor promotor de sensibilidad en la población”

Daniela Silvana Nitiu Dra. en Ciencias Naturales

Las horas del día y el cambio climático son otras variables a tener en cuenta entre las personas expuestas al polen.

“En general, la mayor proporción se encuentra en los momentos de mayor insolación. Cada factor meteorológico juega un rol importante en la concentración de polen en el aire. En general, el viento puede remover superficies y generar el efecto de resuspensión. Pero también es el principal factor de traslado de polen a mayor distancia”, detalla la bióloga.

Y agrega: “El aumento de la temperatura y, en general, la baja de humedad permite la apertura de las anteras, prolonga y adelanta los períodos de floración y libera más granos. Por el contrario, la lluvia limpia la atmósfera, generando la caída de los granos de polen al suelo”.

“La alergia surge de la interacción entre la susceptibilidad individual, el sistema inmunológico y las exposiciones acumuladas a lo largo de la vida. Muchas se manifiestan en la infancia o la adolescencia”

Andrés Echazarreta Especialista en Med. Respiratoria

Echazarreta coincide en que “la temperatura, la humedad, las lluvias y el viento modifican la producción y dispersión de pólenes y esporas. Los días cálidos, secos y ventosos suelen aumentar la concentración de polen, mientras que la lluvia puede reducirla transitoriamente. A su vez, las condiciones de cada temporada también influyen en el crecimiento de las plantas”.

Tanto la bióloga como el médico advierten que el cambio climático es una variable relevante a la hora de abordar el fenómeno. “La evidencia indica que el aumento de las temperaturas, los cambios en las precipitaciones y el incremento del dióxido de carbono pueden prolongar la polinización, aumentar la producción de polen y modificar su alergenicidad. En algunas regiones, las temporadas comienzan antes y duran más”, puntualizan.

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