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Ansiedad por los “likes”: las redes sociales afectan a los jóvenes

Un informe local demostró que situaciones breves como no recibir “Me gusta”, ser criticado, compararse con otras personas o ser ignorado por amigos pueden aumentar la ansiedad en los jóvenes, entre otros hallazgos

Desesperación y ansiedad en la búsqueda frenética de likes por parte de los jóvenes / IA

Por Redacción

Publicar una foto y esperar. Revisar quién la vio. Contar los “likes”. Entrar a Instagram y encontrarse con una imagen de alguien que parece tener el cuerpo, la vida o las experiencias que uno quisiera. Escribir en un grupo de amigos y que nadie responda. Son situaciones aparentemente pequeñas, incorporadas a la rutina digital de millones de jóvenes, pero que pueden tener un efecto inmediato sobre el estado de ánimo.

Un estudio realizado por las investigadores del Cedlas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) María Laura Alzúa, Azul Menduiña y Milagros Onofri, buscó medir justamente eso: qué ocurre con la ansiedad cuando los jóvenes se enfrentan a determinadas situaciones habituales de las redes sociales. Y encontró que incluso una exposición breve puede producir un aumento medible. La investigación -publicada reciente-, titulada Scrolling into Anxiety (“Scrolleando” hacia la ansiedad), fue realizada en febrero de este año con estudiantes de primer año de la Facultad de Ciencias Económicas. Participaron 506 jóvenes, con una edad promedio de 19,8 años, que fueron asignados aleatoriamente a distintos grupos.

El objetivo de los investigadores buscó develar qué sucede ante determinadas interacciones digitales. Para eso, un grupo de estudiantes fue expuesto a cinco escenarios hipotéticos. En uno, debían imaginar que publicaban contenido y no recibían ninguna interacción. En otro, recibían comentarios negativos sobre una publicación personal. También se les presentó la situación de observar una imagen corporal idealizada acompañada por una gran cantidad de “likes”. Otro escenario involucraba un video generado mediante inteligencia artificial en el que aparecía el propio estudiante, creado por una cuenta anónima. El quinto planteaba algo todavía más cotidiano: proponer un plan a los amigos y ser ignorado. El grupo de control, en cambio, recibió estímulos neutrales, como un tutorial de cocina o una publicidad de café.

El resultado fue concreto: quienes habían sido expuestos a las situaciones vinculadas con las redes sociales registraron 1,70 puntos más de ansiedad que quienes recibieron estímulos neutrales. El resultado alcanza significación estadística al 10 por ciento.

La magnitud puede parecer pequeña, pero adquiere otra dimensión cuando se considera que los estudiantes no atravesaron una experiencia real y prolongada: apenas imaginaron situaciones diseñadas para reproducir interacciones habituales de las redes. Los propios investigadores señalan que el efecto resulta relevante justamente porque aparece después de una exposición breve y en escenarios hipotéticos.

MÁS QUE LAS HORAS

Entre los estudiantes que participaron, el uso de redes era muy elevado: 60% declaró pasar más de cuatro horas diarias en ellas durante los días de semana, una proporción que ascendía al 72% durante los fines de semana. Además, 28% superaba las seis horas diarias durante la semana y 40% lo hacía los fines de semana.

Pero cuando los investigadores analizaron si quienes utilizaban más intensivamente las redes sufrían un efecto mayor ante las situaciones planteadas, no encontraron diferencias estadísticamente significativas.

Así, el contenido y el contexto de la experiencia digital pueden ser más importantes que el tiempo de exposición considerado de manera aislada. Los autores señalan que situaciones relacionadas con la falta de respuesta social, la evaluación negativa y la comparación con imágenes idealizadas pueden generar respuestas de ansiedad incluso cuando se presentan durante períodos muy breves.

UNA GENERACIÓN EVALUADA

En este escenario de conectividad, el rechazo no necesariamente adopta la forma de una agresión. A veces puede aparecer como silencio o una ausencia de respuesta. El experimento de la UNLP buscó reproducir algunas de esas situaciones para observar sus consecuencias inmediatas. Y los resultados sugieren que una interacción digital aparentemente menor puede tener un efecto psicológico medible.

El hallazgo también introduce una discusión sobre el papel de las plataformas. Si parte del malestar proviene de los mecanismos de comparación, aprobación y evaluación social, reducir simplemente el tiempo de pantalla podría no ser suficiente. Los investigadores plantean que las intervenciones deberían prestar atención también a la naturaleza de las interacciones y al modo en que las plataformas estructuran esas experiencias.

No obstante, el estudio tiene límites: no demuestra que las redes sociales provoquen trastornos de ansiedad ni permite afirmar qué ocurrirá con una persona después de meses o años de exposición. Lo que mide es un cambio inmediato en la ansiedad después de situaciones puntuales.

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