Desde 1999, Colonia Urquiza tiene una cita que excede ampliamente a la comunidad japonesa: el Bon Odori. Se realiza el segundo sábado de enero en el predio de la Escuela Japonesa, en 186 y 482, y reúne cada año a miles de personas.
El encuentro se extiende durante la tarde y la noche. Hay espectáculos de taiko y daiko, danzas tradicionales, feria de artesanías e indumentaria, juegos, patio de comidas, fuegos artificiales y el tradicional baile colectivo alrededor de la yagura, la torre que ocupa el centro de la celebración.
Víctor Mizuta, uno de los coordinadores, cuenta que la preparación comienza entre 10 y 11 meses antes. “Los japoneses tienen la costumbre de programar las actividades todo el año”, explica.
El evento nació con el propósito concreto de recaudar fondos para sostener la Escuela Japonesa, pero o con el tiempo se convirtió en una de las principales puertas de entrada a la cultura japonesa para quienes no pertenecen a la colectividad.
En su organización participan cinco colonias de la región: Abasto, La Banderita, El Peligro, El Pato y Colonia Urquiza. La escuela funciona como el motor de ese entramado comunitario y reúne actualmente a unos 140 alumnos, que concurren martes, jueves y sábados para estudiar japonés y aspectos de la cultura de ese país, mientras realizan su educación tradicional en otras instituciones.
El cambio en el público del Bon Odori resume la transformación de la comunidad. En las primeras ediciones, entre el 70 y el 80 por ciento de los asistentes eran japoneses. Actualmente, la proporción se invirtió: la mayoría de quienes concurren son personas de otros orígenes. El festival, que busca reproducir una celebración que en Japón se realiza durante el verano, terminó convirtiéndose en una fiesta platense. Llegan incluso contingentes desde otras provincias.
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