El acelerado ritmo de la vida urbana, el ruido constante y la búsqueda de un entorno más seguro están reconfigurando las prioridades a la hora de pensar dónde vivir. En los últimos años, la posibilidad de acceder a una vivienda con terreno, aire puro o simplemente silencio dejó de ser un plan exclusivo para el retiro o el fin de semana y pasó a convertirse en una alternativa concreta de residencia permanente que también atrae con precios de hasta un tercio con respecto a lo que cotiza el mercado platense.
Este fenómeno de migración interna aparece como opción en un radio de hasta cien kilómetros de la Ciudad, donde localidades tradicionales como Brandsen, Estación Gómez, Ignacio Correas, Oliden, Magdalena, Bartolomé Bavio o Atalaya -algunas situadas a la mitad o menos de esa distancia- surgen como polos de atracción para quienes buscan romper con la hegemonía del cemento.
El cambio de paradigma encuentra su combustible principal en la evolución de las formas de trabajo. La masificación del empleo remoto y la consolidación de esquemas híbridos -donde la presencia en la oficina se reduce a uno o dos días por semana- permitieron que las distancias geográficas se relativicen.
Según le contaron a este diario en algunas inmobiliarias y pueblos cercanos, viajar periódicamente hacia el casco platense ya deja de ser una carga inasumible. A cambio, el resto de los días transcurre en entornos que pueden verse como más amigables.
Según estimaciones recientes de la Cámara Inmobiliaria de Buenos Aires (CIBA), si se toma el segmento de casas de dos dormitorios que en La Plata promedia un valor del orden de los 150.000 dólares y departamentos de dos dormitorios que rondan los 100.000, en Pipinas (a unos 100 km de La Plata) se podría conseguir una casa similar por 40.000 dólares. Habría que pensar en 50.000 en Punta Indio (unos 115 km), 60.000 en Verónica (90 km) y 120.000 dólares en Brandsen (40 km) o Chascomús (80 km).
En el caso del alquiler, se detectó que una casa de dos dormitorios que en La Plata puede rondar los 950.000 pesos, en Pipinas puede aparecer por 350.000, en Punta Indio a 400.000 y en Verónica a 500.000 pesos. Chascomús no ofrece ventaja en ese cálculo: una casa de segmento similar puede subir a 1.000.000 de pesos.
La martillera Gisela Agostinelli, de “Agostinelli Propiedades”, calculó que en puntos como Magdalena, Bavio, Oliden, Chascomús o Brandsen, “en relación a los valores de venta podemos estar diciendo que aproximadamente estarían un 30 % más abajo que la misma propiedad en la ciudad de La Plata”.
La brecha permite que, al vender un departamento mediano en la Ciudad, las familias puedan acceder a terrenos considerablemente más amplios o a casas terminadas con parque y arboleda en zonas rurales o semiurbanas.
El fenómeno también repercute en el segmento del alquiler, aunque allí la oferta suele ser más escasa debido a la alta demanda local y flotante. Con relación al costo del canon mensual, Agostinelli destaca que se observa “con respecto al valor de los alquileres un 20 % aproximadamente más bajos allá que acá”.
No obstante, en varias de estas comunas la escasez de casas o departamentos en alquiler genera un cuello de botella donde, a pesar de los precios competitivos, conseguir una vivienda disponible requiere tiempo y perseverancia.
El impacto de este flujo migratorio tiene ya un caso reflejado en la estadística oficial: Magdalena. La población experimentó un incremento registrado en los últimos censos.
El intendente de ese distrito, Lisandro Hourcade, analizó la transformación de la región al señalar que “el crecimiento ha sido muchísimo por la gente que migra de La Plata y de Quilmes o Berazategui”, un proceso que llevó al distrito a saltar de 19.990 a 26.780 habitantes entre 2010 y 2022, lo que representa un alza del 37%.
Este fenómeno incluye no solo a profesionales y empleados que mantienen sus empleos a distancia en La Plata, sino también a comerciantes que eligen trasladar sus emprendimientos atraídos por economías locales que muestran solidez y previsibilidad.
Ante la sostenida demanda de tierra, ese municipio comenzó a intervenir para garantizar infraestructura. En Bartolomé Bavio, por ejemplo, los proyectos de loteo público proyectan 240 nuevas parcelas para una localidad que ronda las 1.200 partidas.
En la localidad de Magdalena, ya avanzan hacia la adjudicación de 136 lotes con servicios que cotizan entre 6,4 y 13 millones de pesos. El Municipio ofrece planes de pago en cuotas, pero exige contar con residencia allí en los últimos 5 años. La medida, se calcula, podría descomprimir la presión sobre la demanda de alquileres y los precios de terrenos o casas.
A la par, las actualizaciones en los Códigos de Ordenamiento Urbano impulsadas en distritos como Brandsen y Magdalena han liberado áreas sobre las rutas 2, 36 y 215, incentivando el desarrollo de emprendimientos privados y barrios cerrados que diversifican la oferta.
Ya está en proceso, se indicó, la comercialización de lotes en dos barrios cerrados en el acceso a Magdalena, sobre la ruta 11.
SUSCRIBITE a esta promo especial